Poesía,

Tres poemas de Chelo de la Torre

ChelodelaTorre

(Provincia de Jaén, España, 1950). Licenciada en Matemáticas por la Universidad de Granada.  Algunos de sus poemas han sido traducidos al euskera, gallego, alemán, inglés, portugués, árabe y rumano, estos últimos han sido incluidos en la revista Literadura (número 20) que se publica en Rumanía, en versión digital y en papel.
Está incluida en las antologías 24 poetas tímidos (2013), Antología internacional mujeres V. Grito de mujer (2014), SALAM antología de poesía hispano árabe actual (2017), 54 poetas que corrieron la maratón de Chicago (2018), Antología Hispanoamérica contemporánea. Volumen I (2019), en la que está como poeta destacada y en las antologías solidarias NEcesarias PALabras (2015).
En solitario ha publicado Ángulos (Editorial Nazarí, 2017), libro cuya última parte es bilingüe: castellano-árabe. La traducción al árabe ha sido hecha por el Samir Moudi, traductor literario y profesor de E/LE en la enseñanza secundaria, Marrakech y Tiempo de memoria (Nuevos Ekkos, Col. La palabra inquieta, 2022).


Sus canas

Las primeras aparecieron con la puesta de sol.
Solo fueron unas pinceladas,
y poco a poco las fueron tatuando
las ramas de los pinos, el mar, las verdades.

El tiempo se retorcía sin piedad
y llegaban al desanudarse la corbata cada tarde.
No encontró ninguna entre las sábanas.

Desde entonces, se han caído las hojas
y algunos días nos arropó el frío,
y siguieron llegando a su cabeza y a la mía.
Llegaron desde esos zapatos casi nuevos
que quedaron vacíos,
entraron por la puerta abatible
al sonar la luz roja.

Durante esos años hubo momentos buenos.
Galopó a lomos de dinosaurios,
dibujó elefantes en la arena,
y hemos llenado juntos la cesta de los días
con pan, lentejas, caramelos y algún viaje.
A veces, se guardó un llanto en el bolsillo
y alguna división nos salió mal.
Qué difícil conjugar la tabla del cuatro.

Las hojas siguen cayendo,
y una sombra se esconde tras los ángulos.

(Ángulos. Ed Nazarí 2017)

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La niña de la pala

No hablo de los tonos ocres del cuadro
ni de los que tiene su vida.

No hablo de su hambriento vestido,
de su pelo desgreñado,
de la expresión cansada de su rostro
ni de su esfuerzo por mantenerse erguida.

No hablo del sol que le tuesta la piel
y le reseca la boca.

Hablo de la niña de la pala,
la que día tras día llena los moldes
con los que se hacen ladrillos.

Ella se reconoce de pie,
sola, bajo el sol,
en silencio
con la pala en sus manos
entre piedras y gravilla.

Y no arrastra tristeza alguna.
Me pregunto por qué, al nacer
apuntaron su nombre
en el margen equivocado.

(Tiempo de memoria. Ed. Nuevos Ekkos Col. La palabra inquieta 2022)

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Historias

Los que no sabemos conjugar el verbo amor
JESÚS URCELOY

Esta es la historia
de la mujer que se sube en el tren de los miércoles,
la de mi madre, la de mi hija.
La que cuentan en la cola del paro
las mujeres que ya no ríen.
La de la niña que se sienta sola
en el último pupitre de la izquierda,
la de aquella que camina entre escombros.
La del caramelo que nadie eligió.

Esta historia habla
de las simetrías del pórtico
en el que se cobija la vieja cada noche,
del filo del cuchillo, de la trayectoria de las balas,
de la línea que nació torcida, de los celos.

Y paseo por el parque
y me paro en la cola del kiosco.
Allí se habla
de la peluca rosa que lleva el hijo del conserje,
del maquillaje de la vecina del cuarto,
de sus tacones y del largo de su falda,
del color de los nuevos somníferos,
del último árbol que han talado en la calle,
de los que no sabemos conjugar el verbo amor,
de las bombas, de la noche.

Resulta tan difícil hablar de estas cosas
mientras la lluvia silencia los juegos
y siguen las sombras tras los ventanales.

(Tiempo de memoria. Ed. Nuevos Ekkos Col. La palabra inquieta 2022)