Poesía,

Tres poemas del libro Salmos, de Fernanda Martínez Varela

Fernanda Martínez Varela

(Chile, 1991). Socióloga y escritora, publica su primer libro Ángulos Divergentes a los 15 años. Ha recibido los premios Roberto Bolaño, Premio Literario UC, Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral y el Premio Escritura Revuelta de la Universidad de Houston. Ha participado en festivales en México, Bolivia, Honduras, Puerto Rico, Estados Unidos y República Dominicana. Sus textos aparecen en revistas literarias como Maestra Vida de Perú, Oculta Lit de España, Espaces Latinos Cultural de Francia, Alaraby de Inglaterra y Uno dieciséis de Columbia University. Publicó La sagrada familia (2015) y El génesis (2019). En 2016 y 2018 recibe Beca de Creación del Ministerio de Cultura, y en 2018 la Tinker Foundation. Cursa un Ph.D en Literatura y Estudios Culturales en Georgetown University. Es editora de la revista Plaza Pública Magazine de dicha casa de estudio y del periodico literario Carajo de Chile.


SALMOS

mientras te ayudo con la mudanza
comienza el frío

los misiles cruzan los días martes
a la hora de la siesta, te digo intentando
entablar conversación, sabrás que los aviones
no dejan rastro, examina la trayectoria
de aquel sobre tu hombro

el invierno crece en las raíces de los árboles
trepa mi cuerpo y llega a ti al chocar las manos

en tus maletas guardas climas peores
advierto por si las quieres abrir cuando me vaya
hay fríos que es mejor pasar solos, mejor es no
contagiar el desespero

los misiles no pararán, indicas
sólo faltan tres calles para tu casa
¿nos despedimos una calle antes por si temes
que confunda mi casa con la tuya, siendo las tres
de la mañana, el próximo martes?
pregunto y asientes mirando al cielo
que asumo es la hora del ejercicio
de los misiles contra corea

hay ataques químicos

la muchacha con la que duermes
fornicas, revientas como esos misiles
que caen sobre la casa de una familia coreana
mientras te ayudo con las maletas, paciente
del suceso de irnos despegando, dices
bota esto, compraré todo nuevo
en la siguiente temporada
el calor avecina lenguas
de fuego, ¿en qué
idioma podremos
querernos mañana?

.
.
.

cuidar un pensamiento enfermo
requiere te adviertas caminando
herida de ojos, apuntar que nalgas
suben y bajan por las pupilas, tamaño
grande, chorrea el pensamiento adjetivos
posesivos: la quería para mí, para el desborde
de mis manos, para el goce de mi lengua
entrando y saliendo con otros idiomas

cuidarlo requiere
dejar que el pensamiento te posea
arranque las ventanas de la infancia
y al momento de verlo saltar por una
decirle “tú, por qué no vienes aquí
tengo lo que piensas
que tengo: una mujer
u hombre, una granja
con animales u objetos
que penetran a animales
animales que gimen de amor
como puertas que rechinan
si les partes la mandíbula
a besos”

cuidar un pensamiento
enfermo, requiere no dormir
más de lo justo, que erecta amaneces
por la mañana no escuches canciones
de amor son los caminos que van
a un muro de cemento, mantén
tu cabeza lejos de esquinas
el vértice donde dos
piernas se unen
en un pantalón
ajustado

cuidar
un pensamiento
enfermo, requiere
tu atención por los detalles
evitar conglomerados, un choque
de costra en el talón, no permitir
acerque su mejilla la muchacha
que amable en tus ojos sostuvo
el pensamiento por el cuello
y lo besó, como si fueses tú
al que besara, y ella el dios
al que reclamas “ven, baja
tu cabeza a mis rodillas”

.
.
.

a ti no te han largado de lugares de acogida
por eso llegas fuerte y se te nota en la parada
se nota que te amaron tal cual eras cuando niño
que tuviste una pared para rayar tus convicciones
que entraste con pies llenos de barro al dormitorio
que comiste con las manos sin lavártelas de pelos
ni quitarte las hormigas, la mancha del mosquito
que aplastaste con la palma con curiosa alevosía

que dejaste de querer antes que el otro
no te quiera, se te nota

se te nota y lo digo con envidia yo que dudo
de saltar al parabrisa sin piruetas y en la calle
desolada porque juro que mi madre ni vendría
a buscarse el parecido en mi rostro aunque supiese
que lo he hecho por estarme entre sus brazos regresada
desvalida, es ahora que comprendes mi arrogancia
es ahora que comprendes por qué debo
mantenerme en la ridícula certeza
de que el mundo gira si yo giro.