Poesía,

Tres poemas inéditos de Arely Jiménez

Arely_Jimenez

(Aguascalientes, Aguascalientes, 1992). Poeta, feminista y paciente renal. Fue becaria del Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2012 y del Festival Cultural Interfaz en 2015.


HEMODIÁLISIS 03.09.20

Vengo a hablar con mi corazón
y con mi sangre.
Vengo a pedirles perdón,
y a decirles que no he hecho
lo suficiente, que, ante ellos,
no hay excusa que baste.
Ellos calladamente sufren.
A diferencia de mí.
No puedo esconder mi vergüenza
Y quiero ser más como mi cuerpo.
Organizado. Inteligente. Sabio.
Ahora mi corazón mide, tal vez,
dos veces su tamaño.
Pienso en un puño de las caricaturas,
se hincha y crece
para dar un gran golpe
y ganar la batalla.
Solo que aquí,
nadie gana, nadie pierde.
No hay enemigos.
Solo estamos siendo fuertes todos.
Mi corazón.
Mi sangre.
Mis riñones que sacan poquita agua.
Y esa poca agua se agradece.
De eso otro, vengo a hablar
con mis órganos.
De la gratitud.
Porque son los trabajadores
más explotados,
y solo una polaca
le ha escrito un poema
de agradecimiento a su corazón.
Gracias, gracias.
Gracias a todos,
por mantener a esta
chispita de conciencia
llamada Arely con vida.
Y perdóname, mi corazón,
porque hoy saqué tres litros,
y tendrás que ser más fuerte
de lo que yo lo he sido.

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EL VACÍO BRILLA

Siempre me pregunté cómo sería este día.
Acaricié con las yemas de mis dedos los nervios de tus manos.
Me gustaba pensarte como un árbol.
Ahora te veré en cada uno de ellos y tal vez sonría.
En el vacío está la luz, pienso.
Vuelvo a la soledad como quien alquila una casa nueva.
El piso refleja la luz del sol,
el vacío brilla
y una se emociona:
piensa en las plantas, los muebles, algún cuadro.
Quiero guardar en este poema tu mano,
la que tomé tantas veces en una camilla de hospital.
Quiero guardar en este poema
tus ojos
pero, sobre todo, tu mano.
A la que me aferré, cuando el líquido dializante
se abría paso por mi cuerpo
tibia y dolorosamente.
La mano que tomé antes de entrar al quirófano
Creo que quisiste llorar, dijiste muchas cosas,
pero no adiós.
No tenemos lenguaje para los finales.
El final no necesita palabras.
Porque las palabras son puentes,
son excusas.
Te sostienen cuando tienes un pie dentro de la muerte.
Sino lo sabré yo.
Y porque yo lo sabía perfectamente,
solo te besé
y te dije gracias.

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EL CORAZÓN ES TAN FRÁGIL

Tenemos el mismo nombre. Entró en paro.
Ahora sé que yo no morí hace un año.
La caída de su pie sin vida.
El corazón es tan frágil.
Tocan a su pecho y cuentan,
no dejan de contar.
Tu pecho es una puerta perpetuamente cerrada.
Van tres minutos.
No entiendo, pero sé que el tiempo es importante.
Varias voces.
Andropina. Andropina, afirman.
Varias voces.
Adrenalina. Adrenalina, afirman.
Nadie presta atención.
Las lágrimas corren por mis mejillas.
Otros pacientes duermen,
aunque un golpeteo frenético se da justo a su lado.
Otros miran el celular con indiferencia.
No mueras, Arely.
Ya quiero que se alejen los enfermeros de ti.
No te vayas.
El corazón es tan frágil.
Aunque resuene golpeando como un puño furioso.
Adrenalina. Sulfato de magnesio.
A lo lejos vi tu rostro, tus ojos abiertos sin ver.
Una fila de papel sale disparada midiendo tu sangre y tu corazón.
¿Será que hoy decidiste morir?
Cansada de tu vida cuando una mano divina
o adentro muy adentro de tu sangre
algo encogió tus riñones y te exprimió la vida.
Hablamos.
Nos recordábamos de un internamiento.
Hablé con tu suegra, tu madre o tu tía,
queriendo regalar esperanza
y obteniendo generosamente cuidados.
Porque existen personas así en el mundo.
Ahora te escribo porque esto es un viejo rito,
el más viejo de los antídotos ante la muerte.
¿Y si cierras tus ojos otra vez y vuelves?
Estás dormida.
Escuchaba tu voz y sabía que eras tú, me dijiste.
Las dos somos Arely.
Hablamos de tu suegra que te cuidaba como una madre.
No dejo de escribir, los enfermeros se siguen cambiando
para tocar tus pechos,
tus senos expuestos no son flores,
son algo más indescriptible.
Esto solo lo había visto en una película, Arely.
Arely conectada con los ojos húmedos.
Me nombran porque nos confundían.
¿Quién decidió que hoy parara tu corazón en punto de las 4:22?
La mirada de los enfermeros es una sentencia silenciosa.
Ya no sale. Ya se fue, parecen decir.
Aún puedes volver, volviste de dos semanas de intubación por COVID.
Lo hablamos.
Pero el corazón es tan frágil.
El corazón que regresa a sí mismo y vuelve,
parece una uña, un cabello que has dejado caer sin darte cuenta.
El tiempo mide dos minutos.
Un enfermero, otro. Dos minutos. Otro enfermero.
¿Moriste hace 27 minutos? ¿A quién verás?
Tus ojos siguen abiertos.
Yo cerré mis ojos y vi a mi padre muerto.
¿Qué ven tus ojos que no son los míos?
Regresa, regresa.
Este es el escudo más antiguo contra la muerte, la palabra.
Regresa.
Va el primer ciclo. No sé de qué. Pero es el primero.
Arely tiene lupus.
Arely tuvo COVID.
Arely ya tenía más problemas en otros órganos.
El corazón, los riñones, el hígado, todo es tan frágil.
La narrativa fácil espera a que mueras, porque es el mejor cierre.
Yo espero a que vivas.
Regresa, regresa.
Ya nadie toca tu pecho.
Una enfermera niega con la cabeza.
La leyenda PARAMÉDICO en la camisa de un hombre que se aleja.
¿Has vuelto?
¿Estás sentada en estas islas, aquí, con nosotros?
El carro rojo se aleja.
Tu pie caído sin fuerza.
Tu pie que ya no se alza.
Todos guardan silencio.
Te fuiste.