Escribimos, leemos, desde un lugar estrecho. Casi siempre con el deseo de que esa estrechez sea tan sólo el punto de partida que nos lleve a lugares, sueños y símbolos mucho más amplios, con la esperanza de tocar desde un piano descompuesto, desde un piano ahogado, una canción compartida que nazca de la palabra y más allá del yo.
