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Necrológicas literarias

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Enrique Servín, mago

La misma madrugada en que la comunidad literaria esperaba el anuncio del nuevo premio Nobel, escuchamos de la muerte de Enrique Servín. Siempre dule cuando un bueno se va, pero cuánto más duele la muerte perpetrada a manos de la delincuencia. ¿Dónde está el valor de la vida hoy día? En qué rinción no hemos de replegar los que creemos todavía, como Servín creyó, que la palabra vale; que el amanecer con sus colores todavía merecen la pena madrugar. Incansable luchador del derecho a la lengua, a la subsistencia de la lengua

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Toledo: sin ti, y con vergüenza

Aparte del apellido, lo que eso conlleva (una especie de Ser juchiteco), me unirá siempre al enorme Francisco, la vergüenza. Resuena en mi cabeza ahora, y siempre que lo recuerdo, una maravillosa categorización que hace Ricardo Piglia: la mansedumbre idiota… Eso, era yo muy idiota; sí, pero en mi defensa debo decir que también era muy joven. De esto hace ya, al menos, veinte años. La hoy Secretaria de Cultura era, con decirles, la coordinadora de difusión en la universidad donde yo estudiaba (mi segunda carrera).

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2×1 en el morir

El humo de un cigarro largo y mentolado envuelve el rostro de esa  “Mujer inconveniente “. Es Thelma Nava que con su voz de fumadora me habla de los poemas que leí. Va de la calidez del trato al -casi- regaño, enérgico y concreto, por algún aspecto formal del que no di cuenta, u omití. Y luego vuelve a la ternura, y pregunta por mí, por mi familia. Raquel me abraza y me susurra: ella no está tan bien. Estábamos en Minería. No me acuerdo el año, fue la última vez que las vi juntas, y la última que abracé a Thelma.

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Violeta: el color de la nostalgia en los ojos de Samperio

Tras una borrachera de mil sitios, de madrugada, mi primo Julián y yo caminábamos en la colonia Del Valle. Yo era un recién llegado; Julián, un músico en busca de sus primeras grandes oportunidades (quién iba a pensar que tocaría la batería, años después, en uno de los programas más famosos de la tele, luego sería reemplazado por un fantoche apodado Rudi, que aguantó la denigración del conductor). Vamos a casa de mi tío, vive aquí cerca –dijo–. A mí me daba pena molestar a un viejo a esas horas nomás por

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Réquiem para una coincidencia

La vida es una cadena de azares que te llevan a lugares insospechados, lugares hermosos (algunos) y otros aterradores.

Una novia que no va al teatro y tú, necio de vocación, te vas solo; sales de la función molesto por la pavada que viste, vociferando, y ahí, justo a tu lado, te planta una enorme palmada don Vicente Leñero, y te dice: te invito un café y me cuentas de tu enojo. Tú te cagas, quieres conocerlo en otras