Me ha concedido el amigo Balam el privilegio de comentar este libro y al comenzar a leerlo me he encontrado con la grata sorpresa de que se propone un gran desafío: entrecruzar carnalmente poesía y ciencia. Entonces he recordado que, así como yo tengo formación en física, Balam es biólogo. Y como dos científicos dementes, dedicados a la poesía, compartimos obsesiones y nos entendemos.
