El 30 de abril, el Día de la Niñez, también es un pretexto de celebración de la poesía. Incluso tal vez fuera este día, y no otro, cuando verdaderamente debería celebrarse. Esa suerte de desconfiguración configurada —acaso más que una reconfiguración— del lenguaje que utilizan los poetas, es dominada mejor por los niños y niñas que apenas descubren la destrucción y la creación que conlleva el uso de la lengua.
