En poesía, la oscuridad a menudo evoca lo desconocido, lo infinito o las profundidades del inconsciente. El amarillo, por otro lado, suele vincularse al amanecer, la intuición y la luz que revela lo oculto. En su poema Primavera amarilla, Juan Ramón Jiménez describe cómo el sol impregna al mundo con el amarillo de la primavera, un acto que parece celebrar la vitalidad y la renovación.
