Poesía, Reseñas,

El amarillo como puente entre opuestos en la obra de Alejandra Torres García

Alejandra

En poesía, la oscuridad a menudo evoca lo desconocido, lo infinito o las profundidades del inconsciente. El amarillo, por otro lado, suele vincularse al amanecer, la intuición y la luz que revela lo oculto. En su poema Primavera amarilla, Juan Ramón Jiménez describe cómo el sol impregna al mundo con el amarillo de la primavera, un acto que parece celebrar la vitalidad y la renovación.

Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.

Sin embargo, hacia el final del poema, introduce un contraste inquietante: “Entre los huesos de los muertos abría Dios sus manos amarillas”.

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.

En esta dualidad, el amarillo trasciende su condición de color para convertirse en un símbolo complejo, que oscila entre la luminosidad de la vida y la sombra de la muerte. Para el poeta, es un umbral que invita a reflexionar sobre la eternidad, la belleza efímera y los vestigios de la memoria.

Desde esta perspectiva Alejandra Torres García en su libro La oscuridad es amarilla por dentro (Premio Nacional de Poesía Tijuana 2024), nos invita a hacer una introspección profunda, mediante la oscuridad o la energía vital, a través del amarillo. Así lo hace ver en varios fragmentos de su obra: “…hablo por nuestro cuerpo amarillo / que zumba persistente desde el pasado:”, “…pienso en amarillo cuando te nombro, / pero no es un color la sombra que nos señala…”. Este ejercicio no solo transforma el color en un símbolo de vida y muerte, sino que también fundamenta la profundidad y el propósito de su discurso poético.

El amarillo se convierte en un puente entre la alegría y la fragilidad, entre la luminosidad de la vida y la enfermedad de la melancolía. A través de una rica imaginería, la poeta invoca el amarillo para retratar estados de ánimo oscilantes, donde el color a veces brilla con energía vibrante y otras se torna en un tono desgastado o enfermizo. Torres García es diestra en trasladar lo físico a lo emocional; el amarillo que describe es tanto un reflejo del mundo exterior como un indicador de su propio paisaje interno.

Amarilla, ¿qué hora es?
Me muere tu recuerdo cada vez que menos.
Ahora sí,
ahora no,
ahora mi cadáver
es devorado por niños zopilotes
fanáticos del futbol.

Esta ambigüedad y profundidad simbólica también se encuentran en la obra de Anne Sexton, quien transforma el amarillo en un reflejo complejo. Conocida por su poesía confesional y profundamente emocional, Sexton utiliza el color como una herramienta para explorar y expresar estados internos en su poema Yellow.

En este contexto, y en comparación con la obra de Alejandra Torres, el amarillo no es solo un matiz visual, sino un símbolo cargado de significados emocionales y psicológicos. Aunque tradicionalmente se asocia con la luz, la vitalidad y la calidez, en las manos de Sexton adquiere una complejidad más ambivalente, oscilando entre la luminosidad de la vida y los matices sombríos de la melancolía.

Cuando hagan girar el sol
de nuevo voy a plantar niños
bajo él, voy a encender mi alma
con un fósforo y dejarla cantar, voy a
tomar a mi madre y la enjabonaré, voy a
tomar mis huesos y pulirlos, voy a
aspirar mi pelo viejo, voy a
pagar las deudas de mis vecinos, voy a
escribir un poema llamado Amarillo y poner
mis labios abajo para beberlo…

Cabe preguntarse ¿Por qué la oscuridad es amarilla y no la luz? Como Anne Sexton demuestra en Yellow, también puede cargarse de significados opuestos: fragilidad, enfermedad o una luz que no ilumina, sino que inquieta.

En La oscuridad es amarilla por dentro Alejandra transforma el color en una expresión emocional. Este amarillo no representa una luz que guía, sino una presencia inquietante que se cuela en las sombras, teñiéndolas de un tono opaco. Es un amarillo que agobia, que sugiere decadencia y refleja la tensión de lo oculto que busca ser visto.

Escúchame,
pienso en amarillo cuando te nombro,
pero no es un color la sombra que nos señala,
no hay un elefante en la habitación, Suzanne,
somos tú y yo susurrando el mismo poema de
abejas con quirúrgico miedo.

Así pues, la poeta nombra al color como un recordatorio de cómo el lenguaje poético tiene la capacidad de transformar lo conocido en algo profundamente desconcertante y revelador, entonces la obra se convierte en un espacio de contradicción: es visible, pero no iluminadora; cálida, pero no reconfortante. Es una metáfora de cómo lo emocional puede colorear nuestra percepción, haciendo que lo que debería ser invisible (la oscuridad) se presente con una fuerza tangible y perturbadora.

Por secciones
a mi casa le crecieron flores de la garganta,
un solar en el pecho que te (a)doró
los ojos amarillos
como al único girasol en mi tumba.
Obtusa figura de círculos infinitos.
Y se fue el aire de mi cuarto, Suzanne.
En misterioso desorden
has armado las piezas.


Selección de poemas
La oscuridad es amarilla por dentro

Cuando escribo Suzanne
pienso en cosas amarillas.
Digo ese nombre en medio del enjambre
o en algún lugar del desierto, echada boca arriba
como una hippie sin alas.

¿Dónde estábamos, Suzanne, cuando escribí estas líneas?

.

fuiste lo primero que vi sangrar en mi vida, Suzanne,
él, mi único fantasma en el suelo de la sombra,
por eso sé que existen
entre la ve/la/du/ra

Cuando los otros se van,
ustedes llagan.

.

Vengo por ti y guardamos silencio.
Nos ponemos a fantasear un rato
con la visita de algún nómada:
tu padre, el mío,
siempre lejos,
nuestro dealer, que también fue nuestro novio,
o el hermano apócrifo que nunca conocimos.

¿Quién nos protege de mirar caleidoscopios?
me dices.

.

Nos ha robado la vida
y en nuestro pecho hundido
los perros que no temen la tormenta
devoran so(m)bras,
miel.

Podríamos desaparecer al mismo tiempo,
caminar de puntitas por los finales sorpresa,
encapuchadas con la cara de nadie,
cavar el útero olvidado hasta llegar a casa,
podríamos, Suzanne,
podríamos.

.

La pintura que veo desaparece cuando la pienso,
me dices sin mirarme.
Dibujaba con las manos vacías
y daba siempre en el blanco esperma de mis poemas ciegos.

Yo te escucho, Suzanne, como un zumbido,
y presiento también su final.
Pero quizá morir no duela mucho:
……………….todo es presente en el vértice,
……………….el tiempo vuela, se aparea y vuela.
……………….El oído se afina en el vacío,

.

.

.

.

……………….nos lleva lejos.

.

Fíjate cómo pasan las sombras
de los insectos amarillos.
Construyen entre corolas
su tumba hexagonal
hecha de puro ruido y miel.

.

Cuando escribo Suzanne
pienso en cosas amarillas.

Nunca dejo de buscarla.
Digo su nombre
en medio de la jaula vacía,
donde al fondo
gira el espejo.

Me quedo quieta
y entre manchas
sus ojos me parecen ya
una vida propia.

.

En los días buenos,
Suzanne me hacía el amor en voz alta,
a mí me gustaba escupirle en la cara,
después tendíamos la ropa
mientras los perros nos seguían
a          todas             partes.

Le dije:
Todos los perros son el mismo perro, Suzanne,
hay que mirar sus ojos
por donde se asoma el niño que fuimos,
todos son madriguera,
escondite seguro,
tumba blanda donde volverse inmortal,
pero ella
ya lo sabía.

El patio fue entonces
un reloj de sol
que nos cruzó la cabeza.

.

En otra vida,
otra infancia,
habremos de proteger la colmena, Suzanne,
lo prometo.

.

Iba a escribirte
sobre un dios entre perros hambrientos,
iba a tocar mi cuerpo,
tus palabras,
iba a soltar un grito
por la rendija del infierno,
para que todos me oyeran temblar.
Pero en el fondo del infierno había un espejo

(sólo yo sé cuán roto, sólo yo sé cuán oscuro).


Alejandra Torres GarcÍa (Chihuahua, Chihuahua, 1988). Licenciada en Letras Españolas por la UACH. Candidata a grado de la Maestría en Artes en la misma universidad. Fue becaria del Encuentro Signos en Rotación del Festival Interfaz del ISSSTE (febrero, 2015). Autora del poemario Fata Morgana, mención honorífica en el concurso Soltar las Amarras (IICM, 2017). Como miembro activo a la fecha del Grupo de Poesía Cíbola, ha sido ganadora en la convocatoria PACMyC 2021 con el proyecto Antología poética Niño-Palabra: Poesía infantil traducida al ralámuli. Ganadora de la beca FOMAC 2023, dentro de la disciplina de Letras (Creadores con Trayectoria), por el ICM, de donde se publica como resultado del estímulo, el poemario Ojo de agua (Vía Áurea Ediciones, 2024).

Juan Olivares (Comitán de Domínguez, Chiapas, 1985). Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach). Textos suyos han sido publicados en revistas a nivel estatal y nacional. Es corrector de estilo y editor; también es diseñador gráfico y editorial. Actualmente, es coordinador general de la revista en línea Carruaje de Pájaros.

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