“Como ocurre con las verdades y su proverbial relatividad” puedo asegurar que llevo algunos días viviendo en Cuba y, para como van las cosas, creo que ya no me iré de ahí nunca. Es que hay un antes y un después para quien lee Morir en la arena de Leonardo Padura. El después, después, después, se vuelve una especie de eco que queda chocando de un extremo a otro en la memoria y no se disipa, permanece. El después, permanece.
