Cuando llueve, el sentido común nos hace resguardarnos de la lluvia. Sin embargo, existen aquellos con el alma tan asilvestrada como Robinson Crusoe, que se lanzan a la imposible caminata bajo la lluvia. Desgraciadamente, mi alma es de esas y, cada tanto, con la ingenuidad y la ferocidad de aquella frase de Nietzsche “ya no espero que pase la tormenta, aprendí a caminar bajo la lluvia”, me arrojo sin timidez a la
