Alejandro Aura (1944-2008) fue un poeta, narrador y dramaturgo mexicano cuya obra y labor cultural dejaron una huella indeleble. Su poesía, marcada por la exploración de lo cotidiano y la introspección, lo consolidó como una voz singular en el panorama literario mexicano. Su trayectoria incluye poemarios como Volver a casa, con el que ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1973, La patria vieja y Poeta en la mañana, donde refinó su estilo y exploró con mayor profundidad la relación entre memoria, amor y tiempo.
Además de su producción literaria, Aura fue un incansable promotor cultural. Dirigió el Instituto de Cultura de la Ciudad de México y el Instituto de Cultura de México en Madrid, impulsando el uso de los espacios públicos para la difusión artística. Fundó el Club Nacional de Lectura “Aureolas” y participó en diversos proyectos teatrales, radiales y televisivos, consolidando su presencia en múltiples ámbitos de la cultura.
En sus últimos años, desde Madrid, mantuvo un blog donde publicó poesía hasta el día de su muerte, víctima de cáncer de pulmón. Su poesía, que oscila entre la celebración y la melancolía, sigue vigente, evidenciando su habilidad para transformar lo cotidiano en arte y dotando de nueva luz a la experiencia humana. Por ello, en la fecha de su natalicio, lo conmemoramos con una selección de poemas de Volver a casa.
QUE LA CIUDAD SEA PRINCIPIO Y FIN
porque no hay soplo
que la hurte de su sitio;
cimiento la sangre de quienes la habitaron
modulando su espeso fundamento.
Óyeme decir que no me iré.
Que parta el solitario
y se hunda en el viento
entre los pájaros perdidos;
que parta el hombre común de cara lisa
que todavía cree en la salvación
y el robusto padre de familia
que busca dominar al sol.
Óyeme a mí decir que no me iré.
La ciudad se morirá conmigo,
yo estaré en su fundamento.
.
UN MUCHACHO QUE PUEDE AMAR, 7
La iremos haciendo piedra a piedra
hasta que no quede más remedio
que llamarla casa.
Luego la enseñaremos a cruzar los ríos,
crecerá como un animal,
será perfecta.
¿Qué sueño habrá en la ciudad
más rico que su sueño?
Gimiendo nos pedirán posada
los altos agapandos,
hospedaremos al sol como un rey
en los pisos superiores,
y arriba nosotros, mirando la ciudad,
nos amaremos en setenta posiciones
hasta que la casa se caiga
despedazada por la desdicha.
.
PASAN LAS ESTACIONES DEL AÑO, PASAN Y NO ENTRAN, 4
Cuando me muera me querrán vestir de negro,
meterme en un cajón de lágrimas y espasmos,
ahorrarse mis olvidos con palabras de adiós,
despedazar el timbre de mi voz dispersa;
urdirán historias casi verdaderas
acerca de lo que mi pobre cuerpo hacía,
contarán anécdotas oscuras de lo que vivía yo solo,
dirán que dije, que me dije a mí mismo, que pensé;
harán rabiosas muestras de experiencia
esclareciendo las oscuridades de mi piel,
se pondrán mis zapatos negros y mi traje azul
y usarán corbatas que combinen mejor que mis
corbatas viejas.
Ay, carajo, amor, mejor tírame al mar,
ocúltame en un pueblo desconocido,
invéntame otra vez.
O aquí pondré mejor lo que quiero hacer
cuando me muera: échame en la gran boca
de una revolvedora de asfalto
para volverme sin que nadie sepa
calle, o plaza, o edificio.
.
VOLVER A CASA
1
Un día
abandonaremos
la Ciudad de México;
la dejaremos en pie y desierta
para que
las conjeturas
crezcan,
y nos iremos a fundar
en otra parte
nuestras maravillas.
.
5
Se nos salieron las lágrimas
cuando vimos sucio
lo blanco de nuestros ojos.
¿Qué transparencia queda ahora
para mirar el amor?
¿Cómo he de llegar
llorando mugre
a las sábanas blancas
de mi amada?
.
14
Para el cántaro roto
de nuestras almas imposibles
cae de no sé dónde
un agua clara
que se filtra
y se escurre
y refresca la tierra
con un loco sedimento
de ternura.
Sábete
que no estamos de más,
aunque nos duela.
.
24
No en vano
se llena uno de cosas;
las paredes se cubren:
óleos, dibujos, tintas, acuarelas.
No de balde
los libreros aumentan:
maderos y maderos
y lomos y acomodos.
No es inútil
que la casa se llene de papeles,
de muebles, de juguetes.
No es gratuito
el cúmulo de objetos
que hablan en la casa
de nuestra historia de amor.
.
31
No tengo la intención
de ser feliz
pero amo a mi mujer,
adoro a mis amigos,
y la naturaleza,
las dos naturalezas
me hacen grande,
como un amante futuro,
antiguo y verdadero.
El presente me ama.
No tengo la intención
de ser feliz,
mi trabajo no me lo permite.





