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Un diario que fascinó a un viejo danés: el diario de viaje como registro de la memoria nómada

Constelaciones

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A propósito del diario de viaje, escrito por fray Tomás de la Torre entre 1544 y 1545, el profesor Prudencio Moscoso escribió que, para Frans Blom ─explorador danés avecindado en San Cristóbal de Las Casas─ haber editado y publicado ese diario, era una de las acciones por las que se sentía más orgulloso. A Frans Blom, crecido en la tradición escandinava de las sagas nórdicas, el viaje realizado por los frailes dominicos, entre los que venía fray Bartolomé de Las Casas, debió capturar su imaginación y su deseo novelesco de aventura. Para la edición del diario, que lleva por título Desde Salamanca, España, hasta Ciudad Real, Chiapas, Blom escribió un prólogo e hizo las notas que lo acompañan. Fortalecido el diario con mapas, listas de los frailes viajeros, textos comparativos de rutas similares, cronogramas y apuntes explicativos, esta edición es una fuente viva, no sólo para conocer un momento poco estudiado de la historia colonial de Chiapas, sino para tener acceso al amor intelectual que Frans Blom demuestra por el diario del fraile dominico. Esta edición es un viaje hacia el corazón de un explorador que nace desde el territorio tangible del mundo, así como desde esa otra patria de lo intangible que son los libros. Esta saga de los frailes dejó, para la memoria escrita de Chiapas, huellas imborrables de este documento en otros historiadores dominicos y franciscanos que tomaron para sus propias investigaciones como Fray Francisco Ximénez, quien redactó el Popol Vuh o Antonio de Remesal, quien usó el diario para su famoso libro Historia de la provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala. Sea cual sea la lectura que hagamos de este diario, no deja de sorprendernos, de generar un correlato imaginativo, casi adictivo, para quienes buscamos en la idea de viaje un punto de apoyo para ese arquetipo junguiano que llamamos nuestra raíz nómada.

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Escribió Haroldo de Campos, en su libro Galaxias, “esto no es un libro de viaje porque el viaje no es un libro de viaje”. Cierto, todo diario de viaje no es viaje, sino escritura. Es la narración de un periplo, de un momento de simulada libertad o encomienda obligada; pero, si el libro no es el viaje, sí es el correlato de la experiencia. Es la fijación de esa experiencia en una imperfecta trasposición que intenta representar el eco de una vivencia, en una especie de revés narrativo, que nos despliega la realidad. Escritura de la experiencia, por ello, como dice el mismo Haroldo de Campos, “cuando se vive bajo la especie del viaje lo que importa no es el vieje sino el comienzo por eso pienso por eso comienzo a escribir”, ya que siempre el comienzo es ficción, anticipación, prejuicio o falsa idea de lo que viene. El comienzo siempre es escritura o tentativa de ella. El viaje está predispuesto en el diario o el libro, pero sin la experiencia, el comienzo de la escritura de viaje es un a priori, preliminar de lo que se convierte en carne de la narración, la experiencia con que la letra materializa el relato. Y, sin embargo, toda narración siempre es ficción. A lo sumo, podría decir que el libro de viaje es testimonio de una doble experiencia, lo vivido y la narración de lo vivido. Un libro nunca es viaje, pero nos deja atisbar aquello que quiso el escritor decirnos, una mentira más que se acumula, pero no quita mérito a la oculta vivencia que se esconde.

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El Diario de viaje de Fray Tomás de la Torre, puede entenderse como escritura que funda discurso para la propia historiografía, a la manera de un rompecabezas; así como fue clave para otros libros como el de Ximénez o Remesal, lo es para Frans Blom. Este diario, oculto en los siglos por la tradición de custodia de la iglesia católica, es asimismo un libro que posibilita lenguaje, pero, sobre todo, libros. Otros libros del cual es raíz, discurso, pastiche o gozo editorial (como el caso de Blom). Pocos libros se convierten en narración dentro de otra narración. Escritura intradiegética, el Diario de viaja de fray Tomás de la Torre no sus oculta brazos, los ramifica, los extiende sobre otros libros.

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Quienes viajan, en los hechos, con fray Tomás de la Torres, son ante todo humanistas, por ello, es difícil entenderlos sin la presencia de libros. Entre ellos, en el primer arribo vienen con fray Bartolomé de las Casas, una docena de cajas con sus libros. La lectura era una actividad común entre estos religiosos. El propio Tomás de la Torre fue lector de filosofía en el convento de donde provenía. Debo reconocer, que este libro, hermana con cierta naturalidad con otro, que hace de los libros parte de su médula, El Quijote. Libros de libros, estos dos, son el periplo de un viaje físico, pero, sobre todo, interior, es más lo que se transforma interiormente en la narración, lo que se aloja en la letra, que en lo que exteriormente se transforma. Por ello, hay, en el diario de fray Tomás, la íntima narración de una travesía de pérdidas, naufragios y rescates. Muerte y desolación hay en el viaje, pero, también, esperanza, edificación de una extraña utopía católica. De Campeche a Tabasco en una tormenta, perdieron las cajas de libros que llevaban. Las encontraron anegadas en el fango. Y, no abandonan los libros, sino que intentan “curar los libros y lavarlos, deslodarlos, despegarlos” (dice Tomás de la Torre). Diario de viaje de un grupo de evangelizadores españoles, es, también, el diario de viaje del libro y su cuidado en la medianía del renacimiento. Debemos a fray Tomás de la Torre, esa otra narración y, en ese sentido, como dice Martha Elena Romero Ramírez, “queda por localizar los libros anegados y rescatados de De las Casas para su estudio y análisis”. Sea posible, para quien se interesa, dar un paseo por la Biblioteca del Seminario Conciliar de San Cristóbal de Las Casas, para tener cierta noticia del destino posible de ellos.

(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1981). Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas; así como la Especialización en Literatura Mexicana del siglo XX en la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco). Obtuvo el Segundo lugar en los Juegos Florales San Marcos Raúl Garduño en el 2014. Ha publicado el libro colectivo Entre lo timorato y lo arrogante; así como Dalton. Ha publicado en revistas como Tierra Adentro, Rio Grande Review y Lagarto con paraguas.

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