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El disfraz de la serotonina, de Yaroslabi Bañuelos. Texto y entrevista a partir del poemario Inventario de las cosas perdidas, por Armando Salgado

Créditos Rosario Virgen3
Foto: Rosario Virgen.

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Inventario de las cosas perdidas es un espejo vital en tiempos aciagos. Yaroslabi Bañuelos comparte con pericia, frescura y buen lente un retrato del mundo que se escurre. Bajo el trazo en verso libre y obturador sin freno podremos ser Kim Kardashian en la portada de Forbes, una botella de Coca-Cola que produce serotonina o un barco sardinero con la promesa de un mejor futuro. A la vez, desmantela los múltiples rostros a los que estamos aferrados: un poema con la sal precisa hecho con retazos de cartón; el sueño americano sobre un Mustang en llamas; la rabia que desova en la angustia; un largo pasadizo de sueños, mirlos y araucarias, entre otras flores; una cuarentena de diez años; una bocina que invoca a Franz Liszt, Los Ángeles Azules y a Lana Del Rey (de preferencia su Norman Fucking Rockwell!); la tristeza sumergida en el agua fría de los tinacos; una lista de mujeres que no se nombran porque el hastío en ocasiones pesa más que la verdad; las lenguas de Gioconda Belli, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Martín Rangel, Lucy Maud Montgomery y Ruth Vaides; los gestos de Charles Baudelaire, Emily Dickinson, John Steinbeck, Francisco de Quevedo, Dante Alighieri, Wisława Szymborska, entre otras; y muchos pájaros libres, en cada renglón, en la playa desierta y en la cornisa de este libro. Yaroslabi Bañuelos mezcla lo sensorial con lo cotidiano, a la par de sus confesiones personales y migratorias, donde la realidad aún respira y la memoria nos espera en el límite de la esperanza.

Portada del libro Inventario de las cosas perdidas, de Yaroslabi Bañuelos.

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Inventario de las cosas perdidas, de Yaroslabi Bañuelos, es publicado por Ediciones de Punto de Partida de la UNAM, llega en un momento único: atraviesa el posible centro de una pandemia esquiva, se suma a la lista interesante de autoras y autores publicados por este sello editorial, que coordina con gran maestría Carmina Estrada. En esta conjunción interpandémica se reúne la poesía escrita desde Baja California Sur, tejido medular de Yaroslabi, como parte del contexto neurálgico en el que la autora desarrolla su pensamiento poético, conectándose en tiempos virtuales con la Ciudad de México y con los espacios institucionales de arte y cultura que permiten el diálogo con poetas de distintas generaciones como lo es fue su reciente estancia en el programa Jóvenes Creadores del FONCA, posibilitando la relación física y fronteriza de estas realidades que afrontamos desde esta nueva realidad. De esta manera, Yaroslabi Bañuelos circunda el escenario nacional, rodeada de mar y desierto, entre autores y autoras sudcalifornianos: Raúl Antonio Cota, Christopher Amador Cervantes, Cecilia Rojas, Jorge Peredo, Juan Pablo Rochín, que junto a ella han reorientado la literatura en la última década en esa zona del país, así como las letras emergentes que perfilan una nueva generación de autoras de esta zona de la república mexicana: Paulina Solís, Andrea Guame, Claudia Velázquez, Mercedes Reynoso y Paulina Maya. 

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La poética de Yaroslabi visibiliza otros lindes del imaginario poético de nuestro país y bifurca posibilidades sensoriales que refrendan la cotidianidad como un espacio múltiple de confesiones personales y colectivas. Ejerce aproximaciones entre la poesía y narrativa; lo deja claro en su primera publicación Micropesadillas (Cuadernos de la Serpiente, 2016), así como su proyecto del PECDA “Fuego a la intemperie”, un conjunto de relatos con aires sudcalifornianos. Posteriormente publica el poemario Mariposas de un mal verano. A partir de ese momento comienza a tejer los pliegues que detonarían Inventario de las cosas perdidas, porque sus poemarios DespojoMejibó y Otro agosto habita el aire, modelan el tránsito de una poética contextualizada a una propuesta transversal que reúne, en un sólo inventario, la ironía justa de las sociedades de consumo, la cotidianidad de los escenarios colectivos, de nuevo el hastío por la violencia de género en una misma habitación con ventanas que conectan a sus libros anteriores.

En Inventario de las cosas perdidas desde el primer poema la sentencia por la pérdida es irrevocable: 

Pasa que no quiero perder los veintinueve,
pero olvido que nací con el corazón arrugado y noventa
años de más.

A partir de distintos síntomas sociales, Yaroslabi construye una poética que visibiliza el peso de las apariencias, esos destinos turísticos a los que nos condenan las modas, los aparadores de los centros comerciales, las figuras de acción y extenso glamour que no coinciden con la realidad. El lado A y el lado B de las cosas perdidas. Dice Yaroslabi:

Hoy quisiera ser Kim Kardashian y no este cuerpo vacío
que llenó sus huecos con odio reciclado,
con whisky barato y triglicéridos y edulcorantes artificiales.

La serotonina aquí referida cruza el lado emocional de los hechos y la parte sustancial de las premoniciones: modelo de caos contemporáneo, anuncia el derrumbe de la materia, lo palpable, las viejas creencias que de una forma nos daban piso antes de perderlo porque ahora la raíz de nuestros pasos es un espejismo múltiple: máscaras, antifaces, un disfraz infinito. El primer apartado de este Inventario habla sobre los íconos modernos en esta secuencia infinita del consumo en el que las habilidades socioemocionales, tan citadas en lo que va del siglo XXI, se impactan en los rascacielos de las grandes urbes, en las portadas de moda, en los pasajes citadinos, y en los poemas que buscan refrendar estas realidades exportadas desde un puerto oriental hasta el Pacífico mexicano porque:

(La estabilidad emocional no es una opción realista,
no se sobrevive al otoño
cuando se persiguen espejismos […])

Frente a estos desniveles, lo humano. Es una de las características que Yaroslabi traza con buen temple; deja constancia del otro lado de la moneda y, con precisión, diseña distintos poemas que reflejan el sentir colectivo y la angustia personal frente al amor:

Aquí sólo hay una habitación de clase media baja,
un libro de Emily Dickinson
descansando bajo el manto de la luz,
tres gatos bastardos que le escudriñan el ombligo a las horas, y los platos podridos en el fregadero
acumulando larvas como un viejo poema de “amor”.

En el segundo apartado titulado “Otras ausencias”, la atmósfera desciende y la infancia contempla las referencias que nos tiñen la vida, desde adentro y hacia afuera, lo que nos forma, las lecturas que nos confortan y las personas que nos acompañan de maneras visibles y ficticias. En esta sección Yaroslabi mira hacia su interior y extiende sobre el tendedero una serie de poemas trasparentes, hondos, personales: espejo. Porque quien lea tendrá un reflejo fiel a nuestras circunstancias que de una manera u otra tienen que convivir con el mundo exterior, superfluo, contaminado. Dice la poeta: 

No me apena decirlo,
vengo arrastrando una cuarentena de diez años, la luz exterior me aterra un poco
y no sé qué hacer
en medio de un montón de personas.

La última sección del libro “Mujeres que no se nombran” extiende el panorama poético a los rostros periféricos, los nombres de mujeres que quedan tras bambalinas. La frontera se hace visible en esta serie de poemas, la frontera como una extensión del imaginario humano, como un obstáculo social, impuesto, en palabras de Carlos Cociña donde “lo fronterizo se transforma en un estado de ansiedad, donde el porvenir es un pasado que se quiere olvidar […] Las partes perdidas adquieren la certeza, no de su recuperación, sino de su presencia para poder cruzar la frontera que nunca estuvo ahí”. Yaroslabi Bañuelos visibiliza esas fronteras impuestas en la vida de las mujeres que las han encasillado a un límite territorial:

Nadie encontró el mecate azul que conducía
a la garganta de Imelda.
Los vecinos jamás destejieron los nudos de la duda; treinta veranos después
el barrio aún se interroga cuando
pasa lista a sus muertos:
¿Qué zopilotes picotearon el sueño de Imelda? ¿Qué pájaro brumoso
trenzó aquella soga de amapolas?
¿Cuál fue el animal amargo que la devoró por dentro? Los viejos se preguntan,
pero el fantasma de un árbol entierra la respuesta.

Este libro nos quemará por dentro, dejará un desierto sobre nosotros, a la par del aire que busca reiniciar su ciclo para que podamos respirar otra vez.

Foto: Rosario Virgen.

Por todo lo anterior, celebro profundamente la aparición de Inventario de las cosas perdidas, de Yaroslabi Bañuelos, que se suma al amplio collage de poetas nacionales, un gran acierto para Ediciones de Punto de Partida que permite visibilizar las letras sólidas del interior del país. Ya lo dijo la autora de este poemario, estos puentes: ” […] más allá del mar, en esta media península que a veces parece una isla, rompen el aislamiento histórico que llevamos a cuestas, así que tejer vínculos con otros puntos del país sin duda enriquece la vida cultural de este pedacito de desierto”.  


4 Entrevista en torno a Inventario de las cosas perdidas, de Yaroslabi Bañuelos

Armando Salgado. Comparado con tus primeros libros, ¿cuál fue el detrás de páginas de Inventario?, ¿qué leías mientras lo escribías?, ¿fue escrito en varios sitios? (La expresión detrás de páginas, fue acuñada por Sergio Pérez Torres).

Yaroslabi Bañuelos. Escribí la mayor parte de Inventario de las cosas perdidas acompañada por mis gatos, los miedos nacidos de la pandemia que recién iniciaba y, por supuesto, la ansiedad. Desde hace muchísimos años, prácticamente desde la adolescencia, padezco de trastorno depresivo persistente y ansiedad generalizada, por lo que cuando pienso en ese detrás de páginas, sólo pienso en la depresión: nudos en el estómago, rabia acumulada, incertidumbre, fantasmas. Y esa es una de las razones por la que existe Inventario. Creo que escribir estas páginas ha sido una manera de mantenerme consciente, de mantenerme con vida y de resistir; porque eso es seguro, la poesía es una forma de resistencia, esencialmente cuando el poema viaja más allá del papel y se convierte un hilo de luz que nos ayuda a tejer vínculos comunitarios, a reflejarnos en la experiencia vital del otro y empatizar, aunque suene cursi. Dijo Pizarnik: Escribes poemas porque necesitas un lugar en donde sea lo que no es. Y a mí me encanta habitar ese sitio donde todos los universos son posibles. 

Acerca de las lecturas que acompañaron el detrás de páginas de este poemario… podría decir que algunas de las poetas a las que siempre regreso son Wisława Szymborska, Alejandra Pizarnik y Olga Orozco. Sin embargo, lo que más disfruto leer es la narrativa contemporánea latinoamericana, principalmente si se trata de literatura escrita por mujeres, y especialmente si es novela o cuento de horror, género fantástico, o cualquier cosa perturbadora o inquietante.  

A. S. En Inventario, a diferencia de tus poemarios anteriores hay una mirada global aunada a elementos de tu contexto. Muchas veces es el paso más difícil, ir al siguiente nivel de un libro nuevo, ¿qué consideraste para que esto pasara o crees que fueron elementos externos los que influyeron en ti?

Y. B. Me gusta mucho imaginar a la poesía como un cordel infinito que une lo íntimo y lo social, la vivencia personal con la experiencia comunitaria, incluso universal. Somos un mosaico de formas heredadas, elementos culturales, sociales e interpersonales. Es difícil no voltear la mirada hacia un paisaje global. 

Ilustración: Andrea Gaume.

A. S. Publicaste un Inventario en una colección muy interesante e intercambiaste ideas con autores y autoras elementales de la poesía joven del país durante la beca del FONCA, ¿cómo te apuntala esto, de qué forma influyó en tu escritura lo anterior? 

Y. B. Son dos oportunidades enormes que me han permitido acercarme y compartir mi trabajo con más personas, creo que tanto la publicación como la beca son plataformas que nos ayudan a formar redes de interacción entre creadores de distintas disciplinas, agentes culturales, lectoras y lectores de otros puntos del país, sobre todo teniendo en cuenta que vivo en Baja California Sur, un estado que geográfica e históricamente se halla alejado del resto de la República.  Por ejemplo, durante el periodo de la beca de Jóvenes Creadores tuve la fortuna de que la artista visual Alejandra Fraga, también becaria del FONCA, eligiera uno de mis poemas para que éste interactuara con su exposición “Incómoda mirada a un cuerpo con recuerdos”, la cual se realizó en San Luis Potosí hace algunas semanas. Estas experiencias me motivan a seguir tejiendo historias a través de la poesía. 

A. S. Tengo la impresión de que la literatura sudcaliforniana pasa por un relevo generacional, ¿qué opinión tienes de ti misma en este relevo?

Y. B. Considero que dentro de la literatura sudcaliforniana hay nuevas voces que están palpitando más allá del desierto y el mar, y que se alejan de los tópicos costumbristas que durante años estuvieron asociados a las letras de B.C.S. 

5 Ha zarpado el libro

Que Inventario continúe con la sal precisa sobre un Mustang en llamas, frente a la rabia que desova angustia. Que nos lleve a sus lectores al largo pasadizo de sueños, mirlos y araucarias, entre flores y esta cuarentena de diez años para pesar nuestro propio recorrido personal. Enhorabuena, Yaroslabi.