Greta Ramos
Memoria de Gabuch comienza a brindarnos pistas sobre su intención desde la propia aparición del título. ¿Qué importancia tiene la memoria dentro del marco literario y, en particular, dentro de un marco histórico? Sin la intención de generar competencias entre las disciplinas que habitan las humanidades, cada cierto tiempo recuerdo una reflexión de un artículo llamado De la nostalgia por lo clásico al fin de lo clásico como nostalgia de María del Rosario Acosta donde se hace la siguiente afirmación:
La poesía aporta más que la historia al conocimiento de la humanidad; porque en ella se muestra lo que hay de eterno en los pueblos; porque ella justamente, seguida por la grandeza de todas las artes, es capaz de hablarle a todos los hombres de todos los tiempos, trascender las fronteras temporales de lo histórico.
Utilizo la cita más como excusa que como propuesta y la pienso apropiada para el trabajo que genera este poemario, pues en él hay un ejercicio de hibridación entre la poesía y la historia. Coloca a la memoria como eje central para la construcción de la identidad de una ciudad.
Me gustaría iniciar este texto haciendo una confesión personal: Cancún, para mí, jamás había sido pensada como una ciudad, siempre había sido la idea de un destino turístico. Idea alimentada por la distancia geográfica y las ocasionales anécdotas de compañeros y amigos que visitaban el caribe mexicano y cuyas experiencias se reducían a la playa, el alcohol y los hoteles. A inicios de este año, apenas mi visión cambió porque fue la primera vez que pisé Quintana Roo por circunstancias familiares.
Cancún, con total honestidad, solo cambió cuando entro en mi campo de visión y, por casualidad, al leer Memoria de Gabuch la idea que ya había comenzado a formarse en mi cabeza, la pregunta sobre la ciudad y la violencia del turismo, se reforzó.
A este libro lo veo como un mito fundacional, donde hay un ejercicio de recuperación de una historia que aparentemente no esta tan documentada. No en el sentido de inventar un origen, sino en el de disputar el relato de origen porque si la historia oficial dice que Cancún se funda en los años setenta, este libro parece recordarnos que no había nada que fundar.
De esa manera los nombres que aparecen en este libro no son meras invenciones y, mucho menos, sus acontecimientos. Lo que en sí genera otros cuestionamientos: ¿Cuál es la verdad, quizás no factual pero si digna de ese nombre, que revela el poema frente a la memoria? ¿Qué ejercicio de recuperación y reivindicación ejerce la literatura en este libro?
Aunque hay concepciones que relegan a la literatura y en particular a la poesía a un espacio sin acceso a lo verdadero, la poesía genera una experiencia de realidad que me parece que no responde meramente a los hechos, sino a lo humano. Y este tributo a Cancún, o monumento-libro, aparece relatando un espacio geográfico donde la vida existe y existía a pesar del turismo. Lo que puede recordar a las escrituras geológicas que Cristina Rivera Garza plantea en la práctica de la escritura como un ejercicio de curaduría de archivos y la excavación de pasados siempre presentes, temporalidades superpuestas, marcados por las zonas geográficas, no sobre sino desde.
Y en ese sentido el espacio, el tiempo y el personaje generan un núcleo narrativo particular. El espacio es, por supuesto, Cancún, pero partiendo de esa idea de Cancún como una tierra con memoria, una piedra aparente. Pensando en la ecocrítica, se posibilitan diversos acercamientos al texto desde la premisa de que las crisis territoriales y las violencias actuales comparten una raíz: un sistema que objetiviza tanto la naturaleza como los cuerpos
Desde el comienzo se configura a la tierra de Gabuch como una hecha a voluntad de otros, donde nadie tendrá memoria de lo que fue. Los versos nos dan una especie de idea del ecocidio y la perturbación al espacio: carreteras de altas palmeras verdes / cayendo / en el sol de la tarde / entre las garras de las máquinas.
La voz que atestigua este hecho atroz de ultraje, por qué no, a raíz de las pretensiones del gobierno y del Banco de México, nos recuerda que no hay una separación entre nosotros y la naturaleza, que conformamos una red de vida. Así, la preocupación del poema incluye a sus pájaros cuyo canto ha dejado de ser el mismo.
Ese Cancún de sus primeros ciudadanos, donde existía una suerte de propiedad (tierra propia, acaso dilatada, pero ajena a la lógica capitalista), un lugar cuidado hasta la irrupción de los otros: blancos, políticos, turistas colmoyotes doña Prisa / comiéndose la carne y la esperanza. Un espacio vivo que comienza a morir en el recuerdo, donde la máquina perturba y los deseos egoístas dejan en desamparo a los seres que la habitan. Cancún, al que la voz lirica llama agujero, mientras el resto lo nombra paraíso: como le doblan / las piernas a la tierra.
El campo léxico también esta colmado del mar, de sus habitantes y sus colores, de su clima, de su sabor y su olor, de la arena en las manos. En esa transición del Cancún que era al Cancún que es, el tiempo configura la idea de narración: surge en su repetición de que estamos aquí ante la memoria, palabra que acompaña la serie de poemas; en los extractos de lo que el autor afirma al inicio es un texto de Gabuch, un diario con sucesos que contienen también su propio registro poético e histórico; y, en particular, ante la ilación del suceso, donde se entresaca de la playa, su historia de sargazo.
Una memoria de un pasado siempre presente (o al que debemos obligar a actuar en el presente), incluyendo la elegía con la que cierra el libro en totalidad. Y, pensando en esa elegía, al fin puedo preguntarme sobre el personaje del que parte la memoria: Gabuch a quien me di la oportunidad de conocer a través de David Anuar, pero también mediante los rastros que las zonas intrincadas de internet permiten atisbar.
De ahí, obtenemos la idea principal: pese a que la historia oficial (una verdad aparente y controlada, que subyuga) dice que Cancún se funda en los 70, la realidad es que, como todo, no había nada que fundar, pues personas que cuidaban y querían a sus tierras ya habitaban sus límites. Entre sus habitantes primigenios esta sin más este hombre memorioso: Gabuch.
Para mí leer sobre Gabuch me pareció algo que describo como trágico, sin querer pensar o exagerar con dramatismos. Al lado de esa tragedia, también existe la valentía, la resistencia, la realidad transformada. Así, el personaje permite a Anuar señalar a la verdad que controla estado como una a la que la poesía, en su lugar, le ofrece un espacio de reivindicación. Más que un individuo, Gabuch también representa todo un escenario colectivo, es la personificación de todo lo que se viene comentando.
Leí recientemente con Angelica Liddell en El sacrificio como acto poético sobre cómo la indignación hace versos y cito: ¿Cómo escribir después de la catástrofe? Estoy acorralada por lo literal, no encuentro otra manera de describir el dolor que mediante la literalidad, la mera descripción del hecho, el informe puro, el dolor es.
Así, en algunos momentos del libro, vi esta percepción del dolor como algo que solo encuentra su espacio en la literalidad, no hace falta otro tipo de figuración retórica, como sucede cuando Anuar cita o reescribe este aviso del gobierno: Se les informa que / el gobierno de la republica / con base institucional / hace efectiva / la expropiación de terrenos / en el área insular / continental de kaan kun. La frialdad institucional al lado de la belleza de la poesía.
Y así, podemos entender que la literalidad marca el dolor como una metáfora destrozada. La posibilidad también de que la hibridación del texto permita estos hallazgos, la tristeza del hecho per se, configura a este libro como uno genuinamente preocupado por el lenguaje y sus formas. A eso sumamos que estamos ante una edición trilingüe, donde el maya y el inglés demuestran la necesidad de transitar la historia ante otros posibles mundos lingüísticos.
Finalizo pensando que David Anuar nos convierte en testigos (y con la conciencia de que debemos serlo y debemos atender a ese llamado) para no olvidar lo que fue y es su ciudad. Leer la promesa en sus versos: theres nothing you cant do in cancun, welcome to the mayan paradise y pensar que quizás es de las cosas más trágicas posibles entre su compendio.
Quizá por eso Memoria de Gabuch no es solo un libro sobre Cancún, sino sobre algo más incómodo: la pregunta por quién tiene derecho a decir cuándo empieza la historia de un lugar. Y en ese sentido, la poesía aquí hace algo que la historia oficial muchas veces no puede: devuelve un nombre, una voz y una memoria a aquello que se quiso declarar vacío.
Febrero 2, 1960
Hoy he recorrido el rancho por primera vez. Hectáreas y hectáreas de palma. La playa es un reguero de conchas. El mar y la laguna están cuajados de vida. Algunos peces los he visto antes en Isla Mujeres: meros, lisetas, barracudas, también langostas, jaibas y caguamas.
.
¿recuerdas Gabuch?
altas palmeras verdes
kilómetros de altas palmeras verdes
amarillas
pardas
carreteras de altas palmeras verdes
………………..cayendo
en el sol de la tarde
entre las garras de las máquinas
………………..hay que cortarlas
………………..no hay de otra
altas palmeras verdes
floreciendo en el corazón del crepúsculo
altas palmeras verdes
danzando al compás de las olas
altas
………palmeras
………………..verdes
recuerda memoria
¿recuerdas?
¿para qué recordar?
¡vamos recuerda!
noches y aullidos
de monos invisibles
………………..muévete pinche viejo
………………..ya muérete cabrón
la calle
gotas de agua fría
……….lo siguen siendo
y los neumáticos salpican
palabras de agua fría
la lluvia preña al horizonte
lagrimar de mosquitos
las piernas abiertas del mar
………………..yo también Julieta
………………..voy a morderte los muslos
sobre la tierra
llenando su vientre de mangle
cardúmenes y escamas
sardinas de ojos amarillos
se ocultan
en los pastizales del día
………………..qué buena pesca
………………..ahí van los bichos
………………..¡lanza la tarraya!
………………..¡lanza la tarraya!
huyen ráfagas ante el filo abierto
de los robalos y las barracudas
jaibas tenazas y cangrejos
descoyuntan el amor
¿recuerdas memoria?
¿recuerdas?
………………..Gabuch
………………..mira que te encargo este rancho
………………..cuídalo bien
ah doña Prisca
lo guardé bien
aquí lo tengo
entre la mugre de mis uñas
aquí merito
en el pastizal de mi lengua
sardina de mi boca
no se preocupe doña Prisca
ahorita nomás se lo devuelvo
los cocodrilos asoleándose doña Prisca
los cocodrilos con sus bocazas abiertas
amotinados doña Prisca
amotinados de veras
en la orilla del recuerdo
ah y esta selva doña Prisca
venga pa’cá
escúchela jaguar con su letargo verde
hojarasca………danza de venados
beben inquietos
de nuestra espalda
turistas colmoyotes doña Prisca
comiéndose la carne y la esperanza
………………..es un día para la historia
………………..hoy se abre el primer hotel
soy una parvada de ofidios
orquesta de los trópicos
tábanos y chaquistes
amoratan lo profundo
ah doña Prisca
usted no conoció ese agujero llamado paraíso
casa mía
pequeña morada
Koppara
Kaan Kun
caracol de siete puntas
no se pare doña Prisca
lea la siguiente página
va usté a ver
va usté a ver
Greta Ramos (2001) originaria de Matamoros, Tamaulipas, estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Fue becaria en el Centro de Creación Literaria de la UANL en 2024 con un proyecto de poesía. Ese mismo año fue seleccionada por la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana para el decimosexto Curso de Creación Literaria en Xalapa, también en el área de poesía. En 2025 fue becaria del Centro de escritores de Nuevo León con un proyecto de poesía. Ha publicado en revistas como Punto de partida, Navegantes, Armas y Letras, etc. Participa en la antología Fragmentos de lo que ya no está (2025) de la Editorial ENE.





