Los muchachos del Guinness Book de Manuel Parra Aguilar es la historia de los jóvenes más altos y más pequeños registrados por los Record Guinness. En este poemario, el autor no solo registra a cada una de estas personas, sino que construye una historia en torno a ellas, les otorga —como solo la poesía lo permite— una voz para que se pronuncien como eternamente jóvenes; un estado de juventud congelada que dialoga desde muertes prematuras, cuadros médicos, enfermedades congénitas, alteración celular, hormonal y emocional; un crecer por dentro mientras el cuerpo permanece estático.
Dividido en dos partes —La soledad de los gigantes y Maniobras— Manuel habla de este mundo del espectáculo que, si bien en muchas ocasiones se vuelve el único medio de subsistencia para estos jóvenes —teatro, circo o cine, es decir, siempre frente a una cámara— también se vuelve una prisión mediática: porque nadie habla de la soledad que hay en las alturas, un mirar hacia abajo deseando pertenecer a la tierra. Y en su contraparte, tampoco se habla del aislamiento que se sufre al estar anclado a un cuerpo que nunca crece. Todo esto, mientras se es observado.

Foto: cortesía de Issac Cordero.
“Detrás de las cámaras fotográficas siempre hay alguien dispuesto a arrancarnos la piel con la mirada”
En gran parte de los poemas, los cuerpos de estos jóvenes reconocidos como los más grandes o pequeños del mundo se miran a través de una lente, de una cámara que los vuelven objetos de exhibición, que deshumanizan sus cuerpos para beneficio de la ciencia, del morbo, incluso del asombro que genera probar los límites de la comprensión humana. Personajes como Leonid Stadnyk con su rechazo al título del hombre más alto, puesto que para él está muy claro que su altura no es ninguna bendición de Dios como los gigantes del Génesis, sino un castigo del cual aún no entiende su culpa; o Charles Byrne, a quien le profanaron su último deseo haciéndose de su cuerpo, estudiándolo, diseccionándolo, ostentando lo que quedó de él en las vitrinas del Hunterian Museum.
Si bien, Manuel Parra Aguilar propone con estos poemas la exploración de los límites de la fe y de la naturaleza, hablando específicamente de las alteraciones orgánicas del cuerpo humano; también explora los límites de lo que significa ser humano, desde posturas éticas.
“Soñábamos con ver más allá del cielo ese techo de estrellas que nos cubría la cabeza”
En La soledad de los gigantes, el autor agrupa a los muchachos más grandes como un cuerpo que se contradice constantemente, puesto que a mayor altitud, mayor fragilidad. El cuerpo en su crecimiento desmesurado sacrifica la fuerza para sostenerse de pie y, por lo tanto, depende de otros para su cuidado. En este apartado del libro no se enuncian únicamente a los personajes principales que sufren gigantismo, sino a sus familias, quienes en su mayoría se han hecho cargo de estos muchachos del Guinness Book. Así, el yo lírico bien podría ser un padre o una madre, una hermana o un vecino; es decir, un alguien que acompaña, que presencia la enfermedad en el ojo público.

Foto: cortesía de Issac Cordero.
“¿Dónde ha quedado su casa de muñecas, su casa donde podía estar, su sonrisa?”
Por otra parte, en Maniobras se aborda el otro lado de esta estructura vertical que proponen los poemas de Manuel: los más pequeños del mundo. La sección juega libremente con sus personajes: sus historias —aunque algunas desoladoras— muestran un elemento no visto en las personas de la primera sección: la libertad de un cuerpo radica en su tamaño pequeño. Hay un contraste entre aquellos cerca del cielo pero con dificultades de movilidad; y quienes se encuentran más lejos de él; alejarse de lo divino significa una mayor agilidad, la posibilidad de moverse más, de desear más, de ser más. Alejarse de lo divino significa maniobrar la mente, el escenario y el cuerpo.
¿Por qué escribir un poemario sobre las personas más altas y más bajas del mundo?
Me gustaría finalizar respondiendo que para hablar de las no posibilidades: no se puede ser tan grande, no se puede ser tan pequeño, no se puede entablar relaciones románticas, no se pueden no entablar relaciones románticas, no se puede tener una vida tranquila, no se quiere el Record Guinness, no se quiere olvidar el esqueleto exhibido en una sala de museo, no puede no ser. “Y esto contradice toda verdad, por más poética que sea”.





