Reseñas,

Cosecha de niebla. El agua en Púlsar, de Aldo Vicencio

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Carl Jung, en su obra fundamental Arquetipos e inconsciente colectivo, señala, en un extraordinario ejercicio por detallar la base de su conocida teoría psico-colectiva, que el arquetipo del agua no es una forma metafórica ni una autorepresentación de la experiencia, sino un símbolo viviente de la “oscura psique”. En las capas espesas de la mente, una visión de agua no sólo es un claro mensaje del inconsciente, sino la presencia misma de su inmaterialidad, en una suerte de énfasis; los sueños que suceden en agua, como aquel que, relata Jung, tuvo repetidas veces un paciente suyo al que se le presentaba una pendiente inquietante que terminaba en un lago, apuntan el descenso a nuestras profundidades, donde sucede un acto de transmutación: “desciende un ángel y agita el agua, que entonces adquiere un poder curativo” (2012: 30).

Púlsar, de Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991), es un libro policromático, de matices, como el caleidoscopio de un niño iluminado por la luna. Abordar un poemario que se deshace en tus manos en agua de colores significa renunciar al control del caudal, que no puede apresarse con diques racionales. Y es que su rasgo es, precisamente, el nivel simbólico del agua, tremendo como la lluvia fría y pertinaz.

tus dedos giran, y dan forma
de aura a todo el río que
cabalga en ese instante

Los ríos como portadores de esa vida de oro, que no es, sin embargo, la promesa estereotípica del valor y la pureza, sino justamente lo contrario: sus dedos que dan forma al cuerpo-afluente, recorrido por todos los sentidos del poeta en actitud de espesa intimidad. En la “densidad acuática”, Aldo se dedica a observar a una ventana inventada donde alguien mira sin ojos. No hay una dosis de esperanza, pero tampoco de pesimismo; tal vez la sed del que se entiende a partir de lo que escribe, criado en / un caudal de arterias / brillantes.

“El agua es el símbolo más corriente del inconsciente”. Para Jung, el descenso a las aguas profundas de la psique es necesario para generar lo que llamó “el milagro de la vivificación del agua” (2012: 31-33), que supone un descendimiento a las zonas menos luminosas de la mente, donde el aspecto racional o consciente experimenta una profunda resistencia, que a la postre llevará a un cambio importante o a alguna forma de renacimiento. Estas ideas se complementan con los trabajos de teoría del arquetipo de Sallie Nichols, que en sus estudios iconográficos del Tarot de Marsella encuentra elementos de transmutación en el elemento agua, en particular en las cartas XIV, XVII y XVIII de los llamados “Arcanos mayores” (la Templanza, la Estrella y la Luna, respectivamente). Tal vez exactamente ese descendimiento es el que Aldo aclama en los estanques y las pilastras que transcurren en su obra como signos sorpresivamente fatales.

pilastra viva que se
desbarranca >viento de
ventriloquías húmedas<

La experimentación formal, que deja ver ya en la obra de Aldo insipiencias de visualidad, arremete en un delicado y difícil equilibro. No se decanta todavía por el poema visual, pero sí se atreve a incorporar elementos tipográficos forasteros, recordando algunos trabajos de e.e. cummings: la consigna del remedio: AullentAULLENTAullenta. La obra de Aldo está lejos, en este sentido, de un manifiesto intermedial, pero es la muestra de que poco a poco los escritores mexicanos abandonan la tiranía del verso libre y se atreven a otras experiencias poéticas; no nos queda más que pedirle al poeta que avance para allá todo lo que pueda, que dinamite el contemporanismo y abrace la inefabilidad del juego literario, irruptor y desordenado, para bien de nuestro propio lenguaje.

Líquido, gaseoso, duro como la genialidad / del hielo que pajarea / tibio en la gravedad, / en la nada. Aldo no nos trae respuestas, tampoco nos trae preguntas. Nos trae screenshots de sus delirios, aguardados en los faros de dos ojos. La melancolía trágica del poeta se resuelve en la contemplación de espacios que son invadidos por lágrimas, por fieras, caballos y el agua, siempre un regreso total a la caverna húmeda antes de la vida aérea / que extinguió el agua pasmada / de mi corazón.

Una diferencia fundamental entre la tesis del Dr. Freud con su discípulo, Jung, es la consideración de Freud sobre una psique colectiva subsumida únicamente a los fenómenos de masa (lo que sucede, digamos, en las gradas de un estadio), donde se propicia el debilitamiento de las barreras entre consciente e inconsciente y una apreciación del fenómeno psíquico colectivo a partir de proyecciones arquetípicas, que en la teoría de Jung actúan como imágenes primigenias. El agua, la madre y la sombra, son tres arquetipos fundamentales, que a su vez corresponden a elementos simbólicos: cuerpos de agua (comúnmente oscura), la virgen-emperatriz y la bestia o el animal interior. Si trazamos una figura circular, donde el centro es el arquetipo (Agua=inconsciente), el segundo círculo es símbolo (el mar, los ríos, las pilastras) y el tercero las representaciones sígnicas del agua, como un cartel hipotético que representa una ola o un dibujo de la playa con el sol en lo alto, tendríamos que observar que Aldo rompe con las dos capas exteriores del esquema y atraviesa directamente al centro, donde colapsa consigo mismo. El resultado es el poema.

Recomiendo, sin duda, la lectura de esta obra. Que se abstenga quien busque el sentido anecdótico del poema narrativo y que se acepte su alucinación hipnagógica. Este libro, publicado por la editorial española Camelot (2019), puede conseguirse en librerías El Sótano y se ha presentado ya en la XIX Feria Internacional del Libro del Zócalo, en la Feria Nacional del Libro de la BUAP, en el Volta Bar, y espera una próxima presentación en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Enhorabuena y que siga viniendo lo mejor.


Jerónimo Emiliano (Cuernavaca, 1991). Escritor, maestro particular y gestor cultural, licenciado en Escritura Creativa y Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Cursa la maestría en Estudios de Arte y Literatura en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM); es miembro del Colectivo El Ojo. Trabaja con narrativa, ensayo y poesía. Ha publicado los libros Frente a la ficción (Lago, 2013), Trilogía del ruido (El Ojo, 2016) y La libertad y los diamantes (Fondo Editorial del Estado de Morelos, 2018), así como escritos en revistas impresas y digitales como La Piedra, Tierra Adentro y La experiencia de la libertad. Es columnista mensual en Página Salmon. Ha participado en festivales y coloquios como el Festival de Poesía Bajo el Volcán del Tecnológico de Monterrey (2011), la XV Feria Internacional del Libro del Zócalo en la Ciudad de México (2015), la II Feria del Libro de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (2017) y la Feria Universitaria del Libro de Hidalgo (2019). Fue miembro del Comité editorial de la revista La Piedra del 2009 al 2011 (Premio Edmundo Valadés de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes del FONCA, 2010 y 2011). Desde 2011 imparte talleres de español, creación literaria y literatura. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación La otra literatura. Escritura y visualidad en el Códice Borgia en la Facultad de Artes de la UAEM y es beneficiario de la Beca de Movilidad Internacional del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), con la que realiza estudios de posgrado en la Universidad de Zaragoza, España.