Poesía,

Elías Nandino y el misterioso amor inconfesado

Elías

Elías Nandino, nacido el 19 de abril de 1900 en Cocula, Jalisco, fue una de las voces más singulares y persistentes de la poesía mexicana del siglo XX. Médico de profesión, su formación científica coexistió con una sensibilidad estética que exploró sin tregua los temas de la muerte, el erotismo y la introspección existencial. Su obra abarca títulos fundamentales como Nocturna suma (1955), Eternidad del polvo (1970), Costumbre de morir a diario (1982), Erotismo al rojo blanco(1983) y Todos mis nocturnos (1988), entre muchos otros. En estos libros se percibe una mirada lúcida y apasionada que no teme adentrarse en los territorios oscuros de la condición humana, donde el cuerpo y el deseo se funden con la conciencia de la finitud.

Integrante del grupo Los Contemporáneos, al lado de figuras como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Gilberto Owen, Nandino participó activamente en la renovación literaria del México posrevolucionario. Su poesía se distingue por una expresión formal depurada, pero también por una osadía temática poco común en su tiempo, especialmente en el tratamiento del homoerotismo y la sexualidad desde una perspectiva lírica y compleja. Recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Literatura en 1982. Su legado permanece como una confluencia rara entre ciencia, poesía y valentía interior, una escritura que, como él mismo, no rehuyó nunca mirar hacia la sombra.


NOCTURNA SUMA
 
Deletreo el espacio y no comprendo
esas gotas de luz en plena noche,
que tiemblan, que se ensanchan, que se encogen,
y expresan desde el cielo
las frases de su pulso luminoso.
 
Yo no sé si es altura o es abismo
el sitio en donde asoman,
o si son o no son; pero las miro
como enjambre de islas en incendio
y sufro su atracción, su intenso brillo,
su tímido mirar…
 
Las cuento, muchas veces, muchas veces…
Me olvido de la cuenta y me detengo
para empezar la cuenta nuevamente,
y la vuelvo a perder, cayendo siempre
en la fuga de un número disperso.
 
Y si gozo al contar, es porque siento
que busco a Dios, contando sus estrellas.

 
IMPOSIBLE
 
Mi corazón se pierde en la nevada
ascensión de tu cuerpo, sin consuelo,
y enfrías la fuerza del anhelo
en medio de tu carne congelada.
 
Cada día te ofrezco una alborada
de ilusión y de vida, todo un cielo
palpitante de sol, que funda el hielo
y transforme tu cuerpo en llamarada.
 
Pero toda mi vida es poca vida
para matar la muerte que se esconde
y circula en tu sangre adormecida.
 
Has desatado el nudo de tus brazos,
tu voz a mi llamado no responde,
y es sólo un eco el paso de tus pasos.

 
POEMA DE LA DUDA
 
¡Qué vivo es el vivir cuando se tienta
el cuerpo de la duda,
y duda el tacto de lo que percibe
porque forma y ausencia son lo mismo!
No existe solidez, y se deshace
la sensación captada
igual que en los recuerdos y los sueños,
quedándose perplejos los sentidos
ante el temblor vacío
del vacío total que nos circunda.
 
Dudar es asistir a la tragedia
de pensar en que somos solamente
dibujos suspendidos en el aire,
espectros en delirio
o pozos de tortura en el espacio.
Dudar es platicar con la zozobra,
inventarnos la voz que nos contesta
sin saber distinguir quién la pronuncia;
cometer el delito de invadirnos
acosando a preguntas
el indefenso cuerpo que habitamos.
 
¡Cómo duele estar solo con la duda,
con la duda de ser y ser tan sólo
una nostalgia que por incorpórea
en el suelo que pisa no da sombra!
¡Qué tremendo es caer en uno mismo,
derrumbarse hacia dentro como el río
que quisiera volverse a su venero!
 
Dudar es existir, creer buscando
y proseguir con incansable asedio
por sombra o claridad,
escarbando la atmósfera temblante,
porque la voz interna profetiza
que buscar la verdad es convivirla.
Dudar es presentir, velar las horas,
los rumbos, las alturas, los silencios,
anhelando encontrar
el latido secreto
del centro de atracción que nos domina.
 
Dudar es ver sin ver, es atrevernos
a descifrar a Dios,
y transitar descalzos de la carne
por ámbitos, rincones y torturas,
con la viva obsesión de espera y duda;
y el que duda y espera,
es que tiene su fe, y está seguro
de que buscar a Dios es poseerlo.

 
AMOR SIN MUERTE
 
Amo y al amar yo siento
que existo, que tengo vida
y soy mi fuga encendida
en constante nacimiento.
 
Amo y en cada momento
amar, es mi muerte urgida,
por un amor sin medida
en incesante ardimiento.
 
Mas cuando amar ya no intente
porque mi cuerpo apagado
vuelva a la tierra absorbente:
 
todo será devorado,
pero no el amor ardiente
de mi polvo enamorado.
 

 
NOCTURNOS, IX
 
Cada noche, cuando la sombra anula
lo visible y reduce mi universo
a la secreta soledad pensante,
recuesto junto a mí
el ansia reprimida
que, todo el día, quiso ser palabra
delante del fulgor de tu presencia,
y que vuelve medrosa, resignada,
a tenderse a la orilla de mi cuerpo
para dormir conmigo, confundida…
Al acercarse el velo de neblina
que opaca lentamente los sentidos,
en íntimo coloquio
el ansia se desborda
y pronuncia silencios
que suben su temblor hasta tu imagen.
No hay nada que su idioma
no le diga a la esencia de tu forma
que brilla, con luz propia,
en mi cielo compacto de tinieblas.
En el flotante mar de mi vigilia
se forma la unidad de asedio y rebeldía
en sumiso contacto, que realiza
la inasible verdad que nos anuda
en transparente idilio,
sólo posible en el color del sueño.
 
Y retorno a la vida
y conmigo despierta el ansia misma,
la que anhela incendiarte
en el sutil amor, que por secreto
renace sin descanso de sí mismo,
pero vuelve a sentir la cobardía
que le produce el alba de tus líneas,
y te mira pasar
sin atreverse a denunciar su fuego,
y sólo saborea
el frescor momentáneo
de su sed que te bebe, sin hablarte.
 
Cada noche, cuando la sombra anula
lo visible y reduce mi universo
a la secreta soledad pensante,
recuesto junto a mí
el ansia reprimida
que, todo el día, quiso ser palabra
delante del fulgor de tu presencia;
y con ella a mi lado
invento el cauce puro del más puro silencio,
para dejar que exprese y desahogue
su idioma contenido
que brota de los dos al mismo tiempo,
y en diálogo desnudo, consolarnos
dejando en libertad
la noctívaga fuerza inapagable
de un misterioso amor inconfesado.