Elva Macías, nacida el 10 de enero de 1944 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, es una reconocida poeta, escritora y ensayista mexicana. Desde temprana edad, su familia se trasladó a Villaflores, donde vivió hasta los doce años, momento en que se mudó a la Ciudad de México para continuar sus estudios. En 1963, junto a su esposo, el escritor Eraclio Zepeda, viajó a China, donde trabajó como profesora de español. Posteriormente, se trasladaron a Moscú, donde Macías estudió Lengua y Literatura Rusa en la Universidad Estatal de Moscú.
A lo largo de su carrera, Elva Macías ha publicado diversas obras que reflejan su profunda conexión con la cultura chiapaneca y su dominio del lenguaje poético. Entre sus libros más destacados se encuentran El paso del que viene(1975), Círculo de sueño (1975) y Imagen y semejanza (1982). Su poesía se caracteriza por una exploración introspectiva de la identidad femenina y una profunda sensibilidad hacia la naturaleza y las tradiciones de su tierra natal.
La obra de Macías ha sido ampliamente reconocida en el ámbito literario. Ha recibido premios como el Chiapas de Literatura Rosario Castellanos en 1993 y el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada en 1994 por su libro Ciudad contra el cielo. Además, ha formado parte de círculos literarios influyentes, colaborando con escritores como Jaime Sabines y Rosario Castellanos, y ha desempeñado roles importantes en instituciones culturales, incluyendo la dirección del Museo del Chopo y la subdirección de Casa del Lago en la UNAM.
En su natalicio la festejamos con cinco poemas de su autoría.
PISCIS
Padre, tus pies,
peces ornados con sandalias,
se deslizan cautelosos
en el mar oscuro.
Esa profundidad que todo lo contiene
eres tú mismo.
Buscas tu sitio,
mar de los sargazos,
para depositar tu vida que se apaga.
Somos el cardumen que te sigue
en la corriente que acostumbraste
con sabiduría a la ceguera.
Creemos que todo ha cambiado
desde que no nos miras
y mar adentro de ti somos los mismos
tres niños que sujetos a tu ropa
se estremecen
mientras fluye
el tiempo de agua
holgado en tu camisa.
.
LA COMUNIÓN DEL VIAJE
El pan y la sal son una casa para los que mendigan
o para aquellos que duermen en tiendas regias
Es un pabellón de peregrinos
en los acantilados de los monasterios
o bajo las cruces inmensas del cementerio de Tenejapa
El pan es una balsa, una isla,
retina desprendida de los Andes
Es un camino largo como el sueño
blando como el labash, panarmenio
que contiene la sabiduría del Matenadarán
El pan fue sombra ázima para los que atravesaron
el Sahara y cruzaron el mar Rojo abierto
como una vulva infinita.
Es la escudilla en los ríos SyrDariá y AmúDariá,
arterias de un gigante dormido
en la Estepa del Hambre
Es una palabra de arrepentimiento
Uno puede perderse en las cavernas de una hogaza
como en un desfiladero o elevarlo en ofrenda
para la boca cerrada de los muertos
Es el manto repartido entre eunucos y pesa más
en la balanza que en el hambre de los culíes,
y provoca furia y levantamientos
El pan dormido es la soledad que fermenta
deseo en las doncellas.
El pan de ayer es la oblación negada.
Es el totopo de Tehuantepec cocido bajo tierra
para la cuaresma y el estiaje.
El pan de maíz es la comunión de América,
tortilla que levanta un incendio de voces.
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INVASIÓN DE ALAS
Aves que no vuelan
han invadido la ciudad
Dan pequeños saltos
apenas tocan los adoquines
Oscurecen la plaza
como papeles quemados
Sobre nuestros monumentos hacen irreverencias
Se zambullen en la fuente sacuden sus alas toman sol
Algunas se posan en los quicios
como los grajos de un escudo y nos vigilan
La gente
resignada ante la invasión
ha empezado a buscar
sus mejores granos para alimentarlas
RELEVO EN EL SUEÑO
En la boca del sueño caen las últimas imágenes.
Hay guirnaldas ceñidas al tronco de un árbol,
una tiene tu nombre,
la tomo y asciendo el caracol de la escalera.
Me detengo en la terraza,
entran tú y tu sueño,
…………me relevas,
tomas la guirnalda,
…………continúas el ascenso
y yo dejo de soñar.
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VOZ ESCANCIADA [fragmento]
Andas, andas a tientas,
bajo el blindaje de tus párpados.
Lejos de las montañas
de faldas menguadas,
lejos de los balcones
y el azoro con su forma de uña desnuda.
Andas
desandas la doble querella del infierno,
cavas el pedestal y la sentencia
en tus ojos.
Y mis ojos, únicos continentes del deseo,
pequeñas cicatrices,
corolas de sombra.
Ojos que en la vigilia y en el sueño
destituyen castas.
Una sola vez
suplicaron en el vacío
y las súplicas fueron contusiones al espíritu.
Cuencos de la vejez
en los desprendimientos sucesivos.
¿En dónde si no en la purificación de las imágenes
se corrompe el recuerdo?
Ojos dispuestos a la contemplación.
Asediados van
junto a la tropelía de las bestias,
alejan su raíz
de nuevo errantes.
Y sólo han de volver
en su alucinación.





