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“Lo que se irá” no será la ternura, de Katia Rejón Márquez

Loqueseira

Manuel, a quien conozco muy poco pero aprecio mucho, me invitó a presentar Lo que se irá, en parte, por algunos poemas que yo había escrito sobre la figura paterna. Lo que he dicho sobre mi papá, un hombre al que mis hermanas retrataron acariciando un gatito bebé hace unos días. Un hombre que, recuerdo, entraba a la casa con globos rojos para nosotras en San Valentín. Un hombre tierno.

Sin embargo, después de leer este último libro de Manuel Iris, sé que la suerte no me tocó por lo que haya podido decir como hija, sino lo que llevaba esperando años como lectora: que alguien hablara de una paternidad como la viví, como es posible. Ya lo dijo mejor el mismo Manuel en su ensayo “Poesía y Paternidad”:

“En literatura, el padre es casi siempre ausente o abusivo. Los ejemplos son tantos, tan variados y tan canónicos, que no vale la pena enlistarlos. La búsqueda del padre es casi un género literario. Matar al padre es un término común, destinado incluso a hablar de la tradición literaria. Los poemas a los hijos suelen ser escritos luego de tragedias familiares, o tienen tono de disculpa, precisamente, por no haber ejercido una paternidad amorosa.”

El peligro de la historia única, como dice la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, tiene que ver con lo que pensamos que es posible. El peligro de escribir lo que leemos y no lo que vivimos. Lo que vivimos.

Y acá me detengo un poco porque creo que si algo tiene este libro es que está lleno de vida.

Lo que se irá compone una distancia entre las palabras y lo que sucede, aunque suceda simultáneamente: un magnolio florece, un perro le ladra a la tormenta. Perdón, un perro vence a una tormenta. Momentos que se añoran un segundo después de haber pasado.

Lo que se irá o The parting present, desde su nombre, nos da una pista de la nostalgia que encierra la vitalidad. Y aunque ésta intente registrarse en tiempo real, el autor sabe que al final de cuentas “Hay más verdad en un abrazo que en un libro”.

El poema es un respiro y la vida, el aire mismo.

Como uno de los primeros poemas que dice:

Mientras la vida traza su contorno,
mientras negocia su espacio con la muerte
nosotros caminamos por el supermercado
con callada esperanza,
con el amor alerta.

Lo trascendente sucede mientras nos ocupamos en cosas prácticas. Lo trascendente también puede ser algo práctico. Una musa puede ser, dice el libro, una mancha en la pared o un auto descompuesto.

“Uno vive este oficio
esperando a que las musas lleguen
pero no hace falta:
están aquí.”

Es un libro tierno y lleno de vitalidad y quizá no son características comunes de un libro. Quizá no son características deseadas en la literatura y es precisamente por eso que es importante. Porque Manuel Iris en Lo que se irá resignifica las palabras amor, milagro, poema. Son palabras migrantes, que se instalan en un espacio y en un idioma distinto. Y ahora suenan y significan cosas diferentes.

Puede utilizar un lugar común como “Te amo” e insertarlo en un universo completamente nuevo, de modo que no se parece a ningún “Te amo” que hayamos leído antes. Porque es un amor no erótico, porque es de un hombre escribiendo sobre las manos de su hija pequeña. Un hombre escribiendo de su abuela isla. Un hombre a quien le dicen “no me acuerdo de ti pero te quiero” y le basta.

No toda la literatura tiene que reflejarnos, eso es obvio, pero sentirnos extranjeros en una narrativa, es el primer impulso para cambiarla, para ocupar el lugar que creemos que está disponible y poner ahí lo que vivimos, construir una casa. Cuando empecé a leer más mujeres escritoras descubrí que había un mundo que no tenía mucho que ver con el dramatismo, la pesadez y la crueldad que atomizaba la escritura de los autores que fueron parte de mis primeras lecturas. No eran más que diferentes versiones de una misma historia.

¿Por qué los escritores, jóvenes incluso, seguimos pensando que los temas de la literatura siempre tienen que ser la crueldad, el dolor, la tragedia? Que el amor, la ternura y la compasión no son emociones arrasadoras que penetran y demuelen con la misma intensidad que una guerra.

El problema con los estereotipos, dice Chimamanda, no es que sean falsos sino que son incompletos.

Cito nuevamente a Manuel: “La palabra amor, en boca de autores hombres, necesita ser refundada. Las escritoras, hace ya bastante tiempo, exploran la conexión entre literatura y cuidados, y revisitan críticamente el concepto de maternidad. ¿No es momento, entonces, de que los escritores emprendamos una búsqueda parecida, encaminada a cuestionarnos acerca de nuestra paternidad, cuidados, y el rol de todo ello en la literatura que escribimos y consumimos?”.

Antes de la presentación, Manuel y yo hablamos de la belleza de la poesía de Wislawa Szymborska que encerraba una sabiduría simple, sencilla y profunda. Ahora sé que no es casual que la conversación sobre su libro nos haya llevado a esta autora pues hay en los poemas esa misma agudeza y sabiduría. Aclaración y De la escritura, por ejemplo, son poemas que en una primera lectura pueden hablar simplemente de un árbol y un pájaro; o de una llave perdida y encontrada en la manija de la puerta. Y al mismo tiempo ser una representación de lo que no puede explicarse en palabras: la emoción de volver a lo que nunca se ha ido aunque nosotros sí; o el espasmo de encontrar en una frase el principio que nos mantuvo dando vueltas por la casa. La idea relámpago que vuelve a poner todo en orden aquí adentro .  

Manuel nos regala, además, amuletos. Llaveros.

Ningún milagro sucede limpiamente.
Casi nada trillado es mentira.
Migrar es regresar a lo que nunca hemos tenido: a la esperanza.
la eternidad a veces toca en vano

De Lo que se irá solo puedo imaginar lo que se viene. Una literatura donde la voz masculina ocupe su lugar en la ternura. Universos, mensajes, ideas nuevas. La renovación del mundo que ha pasado tanto tiempo adorando la violencia. El poema rindiéndose ante lo cotidiano, a las cosas pequeñas que nunca lo son del todo.


(Campeche, 1993). Periodista freelance y escritora. Dirige la revista Memorias de Nómada en Yucatán. Tiene una columna semanal en el periódico La Jornada Maya. Ha publicado reportajes y artículos de opinión en medios como Animal Político, La Jornada, Pie de Página, Este País, Sin Embargo MX, Agencia Ocote, Distintas Latitudes, entre otros. Forma parte de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas. Autora del libro de poesía Notas de Jardinería (Cuadrivio, 2020).