Poesía,

5 poemas de Dolores Castro Varela, en su memoria

Falleció Dolores Castro Varela, la poeta que le escribió al amor, su centro más vivo como una llama. Nos deja su obra y la esencia de su sombra estrujándonos el corazón. Para ella la poesía fue una forma de encontrar verdades, tener la experiencia completa del ser de las cosas. En sus propias palabras: «La poesía sirve para conocer al hombre pensante y sensitivo […] en lo entrañable, en lo mágico y en lo maravilloso». Los libros, afirma en una  entrevista,1 fueron sus grandes maestros y en ellos descubrió la poesía y la forma de escribir con ritmo, «que es fundamental en la vida, solo basta para comprobarlo al escuchar el ritmo de nuestra respiración en el silencio».

El nombre de Dolores Castro, la narradora, la investigadora, la madre de 7 hijos a quienes amó con fervor, seguirá sonando gracias al vasto testimonio que nos deja con su obra, desde El corazón transfigurado (1949), Dos nocturnos (1952), La tierra está sonando (1959), Tornasol (1997), Oleajes (2003), Sombra domesticada (2013), El huésped (2018), entre muchas más.

Castro Varela veía a la poesía como un camino de esperanza «porque la imaginación se dirige hacia lo que puede ser…, lo que podría ser y lo que debe ser. Un elemento fundamental de la poesía es la imaginación, el otro es la sensibilidad. Estos dos tienen que ser expresados con verdad, con imágenes […], las necesarias para decir lo que tendrá que ser».2

Con estos poemas publicados hoy en Carruaje de Pájaros queremos rendir tributo a su obra y sobre todo a la imagen de su voz reconocida por la brevedad y la sencillez, que indagan en las preguntas eternas de la especie.3 Asimismo, el documental La vida perdurable que, en palabras de Gerardo del Río, es “el homenaje merecido a la poeta y a la poesía. La travesía por una vida plena que ha dado voz y rostro a los que se olvidan. La vida perdurable es eso, un acto amoroso y la perpetuación de lo vivido”.

Juan Olivares


5 poemas

II
A plomo cae
el sol,
bajo los pies el polvo
que con cada pisada se alborota.

A campo abierto va
aventurándose entre los matorrales
para encontrar los nidos.

Adivina
en el volar de los futuros pájaros
su vida.

Sus seis años son una
particula de polvo
suspendida
en rayo de sol.

En el silencio
irrumpe
la voz del padre

.
Reflejos
Bullir, palabra antigua como mi recuerdo.
Búllete, decía la madre de mi madre, mujer traslúcida
y bullente como el hervor del agua.

Esa palabra del español antiguo
parecía elevarse, fluir en el espacio
de la niña
que observa como vuelan las moscas
en vez de acomedirse
a servir.

El vuelo de las moscas,
el vuelo de las niñas, con espacio más amplio pero sin alas, huye por los aromas,
intenta no caerse del nido
y elevarse
mientras escucha,

o se contempla
en el charquito que dejó la lluvia
en el patio.

¡Búllete, niña, acomídete, búllete.
No te quedes allí!.

¿Bullirse, o reflejar el torrente del mundo?

.
Tríptico

I
Detén este cordel mientras los ato. Deben atarse bien
de dos en dos
dedos pulgares.

Sólo te digo que tengas el cordel,
no que lo mires a los ojos.

Sólo se trata de colgarlos de los dedos
y que hablen.

II
¿Y qué quieres?
Éste no habla. Éste
es de esos desgraciados
que se tragan el miedo
de un bocado.

III
Duelen los dedos, duelen
los pulgares.

Y sigue este dolor hasta los dedos
de los pies.

Y duele
que se acerquen a ver cómo nos duele
y duele
que esto
ya no le duela
a nadie.

.

3
Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos de mi cuerpo.
Al tomarte la mano, pobre muerte,
tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos
recostada en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mis ansias,
la frescura del agua tan lejana
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.
Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba.
Y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo,
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de tu estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

.

La sangre derramada
Al borde del camino
lo encontramos
el mismo pantalón, la blusa blanca:
sobre su espalda

amapola de sangre.
Llaman de gracia al tiro
que enmudeció su boca,
ahogó su amor

y me dejó baldada.
El estallido
de aquel tiro de gracia
aún retumba
y aúlla en el aire, aúlla.

  1. AIEDMX, En Corto Dolores Castro Varela, https://youtu.be/b8Me8ZEA8og
  2. Theobroma, Entrevista a Dolores Castro Varela, poeta (abril de 2018), https://youtu.be/58wHI9ajfrw
  3. Conde Ortega, José Francisco, Dolores Castro: la certeza en la flor, http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/13_feb_2015/casa_del_tiempo_eV_num_13_13_15.pdf