“Este libro fue realizado con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, a través del PECDA Baja California emisión 2024”

.
Rosela Granados Andrade (Mexicali, B.C., 1994). Docente de literatura, Filosofía, Ciencias Sociales y Humanidades en preparatoria y promotora de los concursos literarios y el fomento a la lectura en los jóvenes; cuenta con la publicación del poemario: Casa de mar por la editorial PinosAlados (2020) y publicaciones digitales en revistas como Delatripa (2013), en la antología Desiertos nortes poéticos, 2021 (ISBN 978-607-99309-3-6) y en la antología Voces desérticas (2021).
Actualmente beneficiaria con el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2024 Baja California, con el proyecto “Caminos de colibrí”.
Caminos de colibrí es un proyecto de creación poética que busca dar a conocer y acercar las experiencias de vida de la niñez y juventud migrante, brindarles una voz y narrar sus vivencias a partir de la escritura de poesía en mi autoría y la ilustración de dichos poemas. Este proyecto contempla la creación de un poemario que narra las experiencias, emociones y sueños de niños y niñas migrantes, promoviendo la empatía, la comprensión intercultural y la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.
Caminos de colibrí
.
Viaje
.
.
Mejor amigo
La misma calle de polvo,
pies descalzos,
inventamos el mundo en un juego
edificando sueños de papel, una pelota.
El sol caía fuerte
secretos bajo la sombra del mezquite,
y el deseo constante
de que el tiempo sea eterno.
Canciones que aprendimos
de memoria,
sin radio,
solo con la voz.
La frontera se volvió una línea en la tierra,
un camino que no elegimos.
Empaqué mis recuerdos
mochila remendada,
tu amistad en mi bolsillo
como piedra de río.
La vida no preguntó.
El camión,como el polvo que se levanta
y se pierde en el aire, tomó la ruta.
Ahora, en otro lado,
en el canto de los pájaros,
en el olor del maíz,
en las palabras que me enseñaste
busco señales.

Dibujo del hogar, N, 8 años.
.
Juventud
Corro por calles de viento
donde se inventa un universo en cada paso.
Soy ardor de incendio,
quiero volar, aunque tiemble el suelo.
No tengo mapas, solo nubes
donde millones de historias
hacen espacio.
Las tormentas quieren detenerme
de soñarlo todo,
de ser libre,
de ser,
sin miedo,
sin cadenas,
siempre en vuelo.
.
Migración
A veces siento que mi alma se esconde,
como si estuviera perdida en desiertos raros.
Aquí, el miedo es fuego que no apaga,
esos fantasmas que me acechan,
esperan, esperan,
esperan con hambre,
esperan con el corazón cansado.
¿Quién soy cuando me miro en el reflejo?
A veces me siento como metal en agua,
una chispa rara en medio del incendio.
Vivo una herida que no se ve,
pero se siente.
.
Despertar en la cama
El sol se asoma, travieso y brillante, pero la ventana no es la de antes. Mi osito de peluche, fiel guardián, me mira y me dice: “Aquí estamos, Juan”.
La almohada es suave, el aire es distinto, ¡qué sensación! No huele a la tierra, a la flor de allá, a la risa de abuela que me acunaba.
Mis pies en el suelo, mis ojos despiertos, buscan los juguetes, los mil secretos del patio de casa, del árbol viejo donde yo crecía.
Una espinita chiquita me pica, no es tristeza, es como cosquilla. Es el recuerdo que no se me olvida, de cómo en mi tierra la vida florece.
Mi risa se mezcla con juegos nuevos, mis sueños dibujan caminos de vuelo. Y aunque a veces añore mi viejo lugar, mi corazón, valiente, ¡sabe soñar!
En este nuevo sitio, también sembraré semillas de alegría para florecer.
.
Dibuja el hogar
Con un lápiz de cera, color de cielo, dibujo mi casa.
No está aquí a mi lado, la siento muy lejos, pero en mi papel, ¡vuela por los tejos!
La puerta, rojita, con un gran picaporte, por donde salía con mi patinete.
Y el techo, a dos aguas, de tejas marrones, donde se posaban los pichones.
En el patio, un árbol con ramas grandotas, que me daba sombra.
Dibujo a mi abuela sentada en su silla, tejiendo un rebozo con mucha puntilla.
Cada trazo es un cuento, un secreto guardado
Con mi crayola, ¡qué magia y poder!, lo traigo conmigo, lo hago renacer.
Mi casa de siempre la puedo pintar.
.
1
Con mi lápiz azul, como el mar de antes, dibujo un parque,
no es este desierto, no es esta pared, es la arena dorada, mi dulce Merced.
Ahí está el columpio, de cadena y tabla, donde me empujaba.
El tobogán grande, de risa y de vuelo, que nos acercaba un poquito al cielo.
.
2
Pero lo más claro, lo que más quiero, es la banca del parque.
Ahí se sentaba, con su gorra al revés, mi mejor amigo.
Sus ojos, traviesos, hacía eco en cada arboleda.
Jugábamos canicas, volábamos papalotes, buscábamos tesoros entre los islotes.

“Lo que sería para mí un paisaje bonito, con Diosito ahí”, F, 10 años.
.
3
En mi dibujo,
su pelo es de sol,
y sus rodillas,
con algún raspón.
Le pongo un balón de mil colores.
.
4
Mi mano se mueve
y siento su abrazo.
¡siempre en mi pintar!
Papel, puente mágico,
que me lleva
a mi parque idílico.
En cada trazo,
regreso a jugar,
Con mi mejor amigo.
Colibrí
.
.
Lenguaje
Mi voz trae el eco de un sol más intenso,
donde el “vos” se escapa, libre, inmenso.
Mis historias vienen de “allá”, del sur,
con cumbias y chelas.
Dicen que hablo lento, que canto al decir,
que a veces las “eses” no salen.
Y tú, con tu prisa, tu “truck” y tu “parking”,
con frases que suenan a un nuevo “marketing”.
Tu “qué onda, wey”, tu “chido”, tu “órale”.
Tus “trocas” rugiendo, la vida sin “lag”
Tu acento es un puente de alambre
que hemos cruzado.
se unen las palabras, yo digo “chilo”,
tú gritas “compada”.
Pero en cada risa, en cada tropiezo, tu “güey” se me pega,
mi “chévere” en tu boca.
Mi habla es un río, no sé si soy de aquí o de allá.
Llevo tu “watcha” y mi “qué onda” en un mismo sentir.
.
Mi madre no me mandó a la escuela hoy
Cada herida lleva un canto de guerra,
un paso más fuerte,
mi pecho no se apaga.
Ola que rompe las paredes,
el miedo,
y en cada golpe, en cada lágrima,
aprendo a levantarme más decidida.
Resistir no es solo aguantar,
regularmente se lucha
con las manos abiertas,
se grita para el silencio.
Aunque tiemble el mundo, se construye
una historia de resistencia.
.
La clase de física
Recuerdo la prisa del plumón,
la fuerza invisible
¿Era gravedad acaso, o pura ansiedad?
¿La física existe?
Nos habla de masas, de fuerza y presión,
de cuerpos que caen,
Y pienso en la maleta, pesada en mi mano.
¿Qué ley de Newton?
¿Qué energía?
A veces la clase se siente lejana,
dice que es velocidad, que el tiempo se estrecha.
Mi mente se va, lejos del viento.
Tal vez esta clase, que parece tan dura,
me dé las herramientas para entender
los números fríos,
Para entender la fuerza que a veces me empuja,
o el impulso que el miedo da a mi alma.
.
Aprender a escribir
Recuerdo el pizarrón, inmenso y callado,
Ahí aprendí del verde, del rojo, del sol,
Ahora el sol quema fuerte en esta otra tierra,
y mi pupitre es el suelo.
Los cuadernos son pocos,
no hay caballetes, ni lienzos, ni casa
que huela a crayola, a tempera y sueños,
solo el polvo que cubre.
Mientras otros chicos, en aulas con luz,
dibujan paisajes,
yo sueño con sombras,
que se escapan de un lápiz.
Quisiera un maestro que vea mi color,
que entienda mi trazo,
No solo sumar y restar los caminos.
Añoro la clase donde fui inventor,
donde un trozo de barro era importante.
Y anhelo que un día, en este nuevo lugar,
la escuela sea un puente, no un muro
cuando el miedo te encierra.

Paisaje, M, 10 años.
.
Colibrí
No pesa en la rama, parece un destello,
el colibrí viaja,
Su aleteo es prisa, su vida, un zumbido.
Atraviesa valles, sin mapa.
solo la esperanza de una flor.
Un corazón veloz, alas que vibran,
equipaje ligero.
dejando una tierra donde los sueños quiebran.
Atraviesa fronteras, no busca lujos.
El colibrí sabe que el frío no espera,
que hay que ir más al norte.
Con alas cansadas,
la mirada al frente.
Poesía en el aire, pequeña fuerza
que rompe el retiro.
Un acto de fe, un vuelo constante:
de paz, de cielo y sol.
Migración
.
.
Crecer sin ver por la ventana
Tu hogar, el sol, que a veces da miedo, que a veces abraza.
El amor que recorre caminos, que guarda secretos en un puño.
El verano, el invierno, la vida que nunca deja de sorprendernos.
¡Y así termina nuestro camino, entre caminos, sueños y resistencias!
Un recorrido de colibríes que vuelan libres, en busca de su verdad.
.
Tren
El tren no es de fierro, no es de humo gris,
es un susurro largo.
Cruza la tierra, de sur a la orilla,
una vía invisible, como Chihiro en su viaje.
subimos al vagón donde el miedo se esconde.
No hay padres al lado, no hay manos que guíen,
solo el traqueteo que las almas.
Cada estación es un templo de sombras,
lleno de espíritus.
El señor Sin Cara es la mano que ayuda,
o el que te confunde, sin voz, sin escudo.
Los duendes del hollín en los viejos vagones,
son los mil rostros, los mil corazones
que viajan en silencio, con la misma fe.
Afuera la noche, las luces se pierden,
y el tren avanza,
¿Será que al final,
descubrimos la magia?
De que somos fuertes, valientes,
que el miedo se esfuma, y los muros.
El tren no es de acero, es de piel y coraje,
un río de gente.
Cuando amanece,
sabemos que el viaje nos ha transformado.
Dejamos atrás lo que fue nuestro ayer,
Este tren es un sueño.

Los valores más importantes son…, D, 9 años.
.
Caídos
El tren sigue su marcha, un lamento de acero,
pero a veces una sombra se pierde.
No fue el miedo, no fue el cansancio, lo juro,
Una mano que suelta, un pie que resbala,
una promesa rota, una lágrima mala.
Eran jóvenes, niños, con mil ilusiones,
con fuerza en el alma,
Pero el riel es traicionero, el cansancio se cobra,
Nombres se graban en el viento,
historia silente que el tiempo no arrasa.
Mochilas vacías, son el eco de pasos que fueron cansados.
No llegaron al norte, no vieron el mar,
su historia se vuelve una herida.
Por cada caída, cada luz se apaga,
es un grito que clama, una voz que no calla.
Un simple tropiezo,
semillas valientes.
El tren los dejó en un punto olvidado,
.
Destino
Mis pies van pisando una tierra que cambia,
el paisaje es nuevo, la luz se desvía.
Mamá dice: “Vamos, un poco más lejos”,
pero el “lejos” no tiene calle, ni árboles
que reconozca, ni el perro que ladra.
El mapa es invisible.
No sé si hay montañas, o mar,
si el destino es un pueblo, o un sitio muy raro.
En mi cabeza, dibujo mil cosas:
¿Habrá un parque grande?
¿Habrá otros niños con quienes jugar?
Mis ojos se asoman al mundo,
buscando una pista.
A veces pregunto: “¿Ya falta poquito?”
Y mamá sonríe, me abraza.
Dice: “Falta un poco, ten fe, mi tesoro”,
y yo siento que el viaje es
río sin orillas, que sigue y no para,
llevándome a un claro,
brújulas que giran sin rumbo.
No tengo la foto del lugar donde iré,
Pero llevo conmigo mis juguetes.
mi voz en el viento que sube la cresta,
mi corazón late sin ningún imperio
que opaque la fuerza que avanza.
Sé que un día voy a anclar.

El duende del cuento, N, 7 años.
.
Huida
Hay problemas gigantes, sin cara ni nombre,
Pero soy de carne, de hueso y de herida.
mi cuerpo es un ancla.
No puedo ser nube, ni río que fluye,
Y mis pies, aunque corran y corran sin pausa,
no escapan del rastro.
La sombra del problema, un gigante dormido,
El frío que muerde.
Cerrar bien los ojos, que nadie me vea.
Muro invisible que se mueve conmigo,
jaula sin barrotes, testigo único.
Deseo esconderme bajo piedra,
que esta guerra no se sepa en el mundo.
Pero en cada parada, en cada nuevo suelo,
la vulnerabilidad me susurra al oído:
“tu esencia nómada, tu triste bagaje”.
No hay escape real para quien no tiene morada,
solo el horizonte, un camino extendido.
La sombra es mi amiga,
la lección que enseña, la dura quimera.
Que no se huye del miedo cuando el miedo es tu piel,
cuando la movilidad es amarga.
.
Qué pasó finalmente
Versos del Río, Abrazos de Frontera
Despierta el niño, no en su cama de antaño,
con añoranza de hogar.
Su lápiz dibuja la casa que añora,
En cada trazo, el amigo, el sol de su tierra,
un puente invisible.
La geometría del alma.
No se huye del problema, la sombra es gigante,
que no da respiro, que siempre acelera.
sin saber el destino, solo el deseo de anclar.
Y en esa travesía, de noches y soles,
sus vidas se tejen-
el lugar donde el alma se reconoce.
Es la voz que te acoge, que te dice: “Aquí estoy”,
Te mira a los ojos, te tiende una mano,
y en cada latido, no estás solo.





