Poesía,

Cinco poemas de Chary Gumeta

Chary

María del Rosario Velázquez Gumeta (Chiapas, México, 1962). Poeta y Promotora Cultural de Arte y Literatura. Ha publicado libros de poesía y de investigación histórica. Sus publicaciones más recientes: Ancestras (Editorial El Suri Porfiado, Argentina 2023) y No basta la ternura (Malpaso Ediciones, Honduras, 2024). Ha participado en antologías, festivales y ferias de libros nacionales e internacionales. Compiladora de la Antología de Poetas Chiapanecos La piedra del fuego (Editorial Cultura, Gobierno de Guatemala). Ha recibido reconocimientos por su trayectoria y ganado varios fondos de publicaciones nacionales e internacionales. Su libro Llévate los sueños, déjame los recuerdos, ganó el fondo de publicaciones del Coneculta-Chiapas. Es representante en Chiapas de varios Movimientos Literarios que se realizan en el mundo como Grito de Mujer, Movimiento Poético Mundial, Insurgencia Cultural, entre otros. Dirige el fanzine Yomoram jayatzame que promueve la literatura hecha por mujeres. Es Directora del Festival Mundial de Poesía Contemporánea San Cristóbal y coordinadora de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh.


CUANDO MUERA
Cuando muera,
me vestirán con ropas que nunca me gustaron;
pintaran mis labios con otro color
que no sea el rojo
porque ya estaré muerta.

Lloraran como plañideras lamentando mi muerte
aunque no lo sientan.

Muchos dirán que me conocieron,
que estuvieron conmigo en interminables parrandas
y viajamos ebrios y locos sin importar nada.

Contarán historias y anécdotas mías
en las que participaron sin ser verdad.

Los que me criticaron y señalaron,
los que dijeron de mí que era una bruja y mala poeta
comentaran mientras lloran, que fui una gran persona,
creadora de un estilo propio,
harán homenajes y reconocimientos
que jamás pensaron hacerme cuando estaba viva.

Que tristeza estar muerta
y escuchar todas esas palabras huecas;
ver como mi familia en su inconciencia
y deshumanización,
donan en cualquier albergue mis huipiles,
regalan a cualquier insensible mis amados libros
y mis obras de arte.

Lloraré de impotencia al ver como desfilan mis pertenencias.

Contemplaré como se estrellan contra el piso mis cosas
y como se extingue la luz de mi casa.

Reclamaré y gritaré muy fuerte sin que me escuchen
y ya cansada
me acurrucaré resignada junto al olvido.

.

YO FUI ELLA

Sólo era una muchacha
que soñaba algo diferente,
algo sencillo, cristalino,
como esa canción
que no dejaba de sonar en mi cabeza.

Sólo era esa chica
que abrazaba día a día
a sus hermanos,
a su madre, antes de irse al trabajo.

Sólo fui esa,
que un día salió de casa
y desapareció en silencio,
sin dejar huella
ni humano que la viera por última vez.

Esa joven que soy yo,
hoy camina en solitario
entre una multitud que no escucha sus gritos,
una sombra para los extraños,
un llanto constante para mis padres.
Soy un ruido pertinaz
que taladra los sentidos de mi madre
y una lágrima furtiva
en el rostro de los que me amaron.

Nunca aprendí a estar ausente,
no pude acostumbrarme
a residir en aquel camino solitario
donde es mi nueva casa.

Mientras papá insista
permaneceré latente,
esperaré a que me halle
aunque ya no sea la misma.
.

Una hebra azul y afilada
recorre la mejilla,
lenta, como el tiempo de espera
entre los espejos de la muerte.

Las luciérnagas alumbran el rostro blanco
de una primavera desmembrada,
yace pálida y magra
en el lugar que marca la pérdida.

Sobre la espalda de este espacio espectral
se escucha el canto de las moscas,
dilatan sus fauces donde la sangre es un lugar común.

El tiempo devora con sus dientes
los días, los meses y los años
sin que alguien por casualidad
alumbre con sus ojos el cementerio de hojas
que cubren ese aliento olvidado.

Entre brumas y vahos de un viento trastornado
se deshace la figura solitaria
de quien fue y ya no es.

.

Esta ausencia profunda y abismal
asesina sin misericordia.
Madre, me duele el siniestro gemir de tu tristeza
la angustia abre la puerta de la cordura
y la realidad golpea los ojos
con figuras de sombras.

Mi risa es un recuerdo
uno que arrulla a tus fantasmas
que me nombran en un balbuceo imperceptible
perseguido por la desgracia.

Madre, no juntes más tus manos
con esa petición trillada y obsoleta,
no lluevas más sobre mi tumba;
recógete en tu regazo
y atesora los momentos
para no volver a sentirte nunca más,
sola.

.

Cansado,
cargo esta cruz hecha de plegarias.

Mi voz se pierde en la nada.

Mis pies inconformes
se niegan a seguir esta travesía
que guarda cuerpos insepultos.

Los límites de la fuerza
quedan como migajas por el camino
lo único que ayuda
es pronunciar tu nombre, madre;
voy jadeante
tu imagen que sostengo en mis manos
me alienta
lamento tu ausencia
y las heridas que le causo a tu alma, madre.

La sed muerde con fuerza mi garganta
exprime mi cuerpo hasta lastimarlo.

Mi sombra toma un camino diferente
peleo hasta mi último aliento.

El silencio me acompaña hacia el recinto del olvido.

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1 comentario

BLANCA SALCEDO

septiembre 15, 2024

Excelente poesía la de Chary Gumeta. Sus imágenes impactan como un látigo azul.-

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