(San Juan, 1979) es escritor, profesor, traductor y abogado. Es autor de alrededor de una veintena de libros de poesía y ensayo. En el 2020, Ediciones Liliputienses en España publicó una selección de su poesía bajo el título Informe de Logros: Poemas 2000-2019. Su libro más reciente se titula El tiempo es todavía (Folium, 2024). Es el papá de Lucas Imar y Elián Iré.
Pedro Pascal
Hijo, en la vida todo es ir a todas
hasta que el tiempo nos deshaga
o nos destruya. Voy tarareando
‘indestructible’ de Míster Ray Barreto
mientras empujo tu coche cuesta arriba.
Te confieso que me creo cazarrecompensas
intergaláctico con una criatura mágica a mi cuidado.
Llámame Pedro Pascal
o llámame papá. Yo no te puedo prometer
que el tiempo no acabará con nosotros.
Pero te aseguro que yo desaparezco primero,
trato hecho. Mi misión, según tu canción de cuna,
es regresarte a la estrella donde te encontré.
Eso, o ayudarte a escapar de la casa fantasmal
donde te hicimos nacer. Hijo mío, cómo te explico
que en la vida casi todo es huir y jurar
estar a salvo hasta que haya que fugarnos de nuevo.
Yo te agarro en mis brazos como si un súper villano
te hubiera lanzado de un duodécimo piso
y te cachara yo del aire cual guardabosques estrella.
Llámame Clemente y concédeme tu clemencia
por mis errores de papá torpe, de papá tarado,
de papá taladro, ¡sí!, ese soy yo
haciéndote una trompetilla en tu barriguita
para sacarte una sonrisa que me diga
que no lo hicimos tan mal tu mamá y yo
trayéndote aquí, ahora que somos como dos
desconocidos en duelo de quién
desconoce al otro primero. Yo a tu mamá
la reconozco en tus ojos, ahora que me miras
como si yo fuera un muñequito de hilo
descosiéndose en el viento.
En la vida real Pedro Pascal no es papá, pero tiene
una hermana como tú tienes un hermano que te ama.
A él le tocará enseñarte todo lo que yo no pueda
o no sepa. A ti te tocará acompañarlo
en su inventario del cielo estrellado.
¿Cuál de todos esos puntitos será tu verdadero hogar, bebé?
Sabes, yo nunca me he ganado una recompensa
Pero sí que me han cazado. Nunca he sabido dibujar
bien una estrella, pero te puedo recitar
“estrella de cinco puntas” toda la noche
hasta que duermas. En la vida
no todo ocurre de noche, pero tú naciste
una noche de invierno en un país sin invierno
y sin venados. Mentira. Hay evidencia fílmica
de venados en una playa de Culebra.
Hay un poema además que da fe del suceso.
No puedo saber cómo lo harás tú, pero yo soy más
dado a confiar en lo que un poema me haga sentir
o creer. Este poema lo podrás leer, si deseas,
como el credo de un viejo terrícola
que habita un país de fantasía donde solo existen
tú, tu hermano y esta noche larga en la que estallo
en llanto cuando abro la puerta del cuarto
y están sus camas vacías.
En la vida todo es ser o no ser papá.
Todo es dejar de ser hijo o dejar a tus hijos ir.
O que te los quiten. Casi todo o casi nada
es quietud y la quietud también es pérdida
si la razón por la que no te escucho llorar
es porque no estás.
Sabes, si algún día avisto un venado
en nuestra costa, le diría adiós con la mano,
igualito a cómo te enseñé.
.
Antonio Banderas
Hijo, en la vida todo es ir
a buscarte a la escuela, montarte
en el car seat, escucharte hablar
sobre el gato con botas. Su voz,
te cuento, es la de Antonio Banderas.
Me dices que en tu mochila tienes
una bandera que coloreaste sin salirte
de la raya. ¿Cuántas rayas tiene
la bandera de tu país? Te pregunto.
La bandera de mi país sería tu cara
a escala planeta. Desde acá abajo,
me recuerdas, los planetas lucen muy
pero que muy pequeños. ¿Cuán pequeños?
Más pequeños que tu hermanito bebé
que viaja a tu lado. Mi película favorita
de Antonio Banderas es una donde carga
con armas largas en una caja de guitarra
porque perdió a su familia de forma violenta
y trágica. Pero bueno, aún eres muy chico
para escucharme hablar sobre estos temas.
Ahora te escucho cantar una canción en inglés
que no dice lo que tú piensas que dice.
Me preguntas por qué me río
y me invento una excusa para que no dejes
de corear los disparates que, creo,
tu hermanito intenta repetir en esa forma
que tienen los bebés de hablar cuando
aún no saben hablar. Yo podría pasar
toda la vida así, con ustedes dos
inmersos en una conversación
en código secreto, ininteligible
para las demás formas de vida
en el universo. En la vida no todos
los días son así. Hay días en que viajamos
en el carro en silencio. Hay días en que apenas
nos da tiempo para bajarnos en casa
de tu abuela y comer merienda. Hay
días en que no me dejan verlos.
Esos días la vida es como un disparate
o como un disparo a traición,
o como una música muy triste de guitarra,
o como una caja de guitarra
donde echar estos poemas que te escribo
las noches en que no estoy contigo.
Las mejores películas de Banderas son
las que hizo con Almodóvar, pero esas son
como que muy ‘artísticas’, o muy
complejas para resumir aquí. Mas
la del gato con botas ya me la sé
de memoria. Me tiro a mirarla
de noche, solo, cuando tu abuela
se despide hasta la mañana siguiente
y procuro reírme en las partes
en que tú te reirías. Pero entonces
el gato agarra una guitarra y lo que pienso
es en aquel hombre que cargaba
con la tristeza de haber perdido su familia.
Me pregunto si ya será muy tarde
en la vida para yo aprender a tocar guitarra.
Hijo, en la vida siempre se hace muy tarde.
Siempre es hora de despedirme de ustedes hasta mañana.
O hasta pasado mañana. O hasta pasado pasado mañana.
Adiós, papá, te escucho decir, bien pegado a mi oído.
Aún no sé cómo despegarme de ti, pero lo hago.





