Poesía,

Dos poemas de Satriani Durán

Satriani copia

(Guadalajara, 1995). Estudió la licenciatura en Derecho, la licenciatura en Filosofía y la maestría en estudios filosóficos; es autor de Sin Razón de Ser y Sin Nada que Perder (2015); Cuentos, Mentiras y Poesías (2016); Morirse en México (2017); De Calles, Casas, Bares y Moteles (2019) e Hijos de su Puta Madre (2022). Ha colaborado para distintos medios impresos y electrónicos en distintos países, así como participado y presentado su obra en diversos espacios y foros culturales en México, Centro y Sudamérica.


ES MI CULPA POR NACER

por haber electo esta tierra,
en este año, en esta vida, en este mar.

Es mi culpa por ser niebla, por ser pobre,
por ser algo que se cuenta,
que se puede enumerar.

Soy culpable de mis males y mis peores,
de mis calles terregosas, de mis feos y
de mis tristes
que el sol tirano denuncia al bostezar.

Tengo la culpa del sol, de la prisa,
del hambre…
De tu tiempo y mis deberes.

Soy culpable de ser culpable,
soy la culpa de la culpa,
por comer,
por respirar,

por atestar el mar de mierda y la tierra con orina.

Por no hacer caso y también por obediente,
por no hacer nada y por hacer bastante.
Es mi culpa por pensar y por hablar.
Te lo mereces, te lo buscaste,
ya era hora, pa luego es tarde;
te pones de modo,
haces reír a la niña risueña;
le bajas el calzón a la más puta de la cuadra.

Es mi culpa por creer que escarbando más
profundo podría salir avante
de esta inmensa fosa.

Soy culpable de lo que digo y no lo digo,
de lo que pienso,
de tu pasado,
de mi presente,
del sinsentido que los necios llaman porvenir.

Soy culpable de la podredumbre
de una ciudad, de que los perros ladren,
de que la tierra llore,
de este horror que arde…

Soy culpable de aceptar dinero
porque si me dan las balas
los que me dan dinero,
después van a querer que me den
más balas y yo más plomo ya no quiero.

Soy culpable de la piel, de Cristo,
de los dientes, de los muertos que no maté,
de todo lo que me comí y de todo
lo que me estoy bebiendo.

Y en el veredicto,
todos graban y
me escupen…

me condenan a vivir.

.

MAL MOSTRENCO

A René Vázquez

Te hallaron muerto en la calle,
tres plomazos metidos cerca:
en el cuello pa dejar de respirar,
dos en la mema,
en la caja del mundo,
pa no quedarse más.

Para ya no oír las voces en eco de la mente,
pa mandar callar al diablo intransigente,
para ser menos luz,
calor,
dolor…

para ser libre, más libre, de ser libre de todo y de todos.

Huyendo de los fantasmas que habitan tus recuerdos,
la ciudad, querían buscarte,
atarte a eso que te suelta y ahora estruja.

Pero allá en Cuauhtémoc, te encontró el Demonio y te llevó con él sin sangre, tatuajes, sin miedo, sin hambre, sin alma, sin nada…
No obstante, aquí sigues.
Nadie quiere ir por ti,
levantar la mano, decirles algo.
porque la vida aún lejos es vida y
aunque sea sufrida,
nadie quiere perderla.

Tus rasgos, comunes; la tierra, de todos:
moreno, tatuajes, tu madre, tus hijos:
Rosario, Crucita, Alejandro, Corina,
tu padre, que se volvería a morir tres veces
si hubiera visto su sepelio,
si hubiera visto el mundo,
si te hubiera visto a ti,

tendido en la tierra, abrasado bajo el sol,
congelado ahora en el instante eterno de la morgue,
solo, como pa pensar en lo que hiciste,
pero ahora, libre, libre de todo,
nadie va a quemar nada por ti.

Hasta nunca y que ya estés en paz.