Poesía,

Óscar Oliva: los árboles que se van, cargados de belleza

Oscar

Hoy, 5 de enero, se celebra el natalicio de Óscar Oliva, una de las voces más destacadas de la poesía mexicana contemporánea. Nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1937, su obra ha sido un puente entre la tradición literaria y los procesos sociales que han marcado su tierra natal. Oliva no solo se distinguió por su talento lírico, sino también por su compromiso con las luchas indígenas y la búsqueda de justicia, características que impregnan su poesía con una sensibilidad única y profundamente humana.

Fue miembro del grupo literario «La Espiga Amotinada», movimiento que revitalizó la poesía mexicana de los años sesenta al apostar por una escritura comprometida y colectiva. Junto a autores como Jaime Labastida y Eraclio Zepeda, Oliva contribuyó a expandir los horizontes poéticos de su tiempo, explorando temas como la opresión, la resistencia y el vínculo con la tierra. Entre sus libros más destacados se encuentran Estado de sitio (1972), donde aborda la violencia y el desarraigo, y Trabajo ilegal (1985), obra que consolida su voz poética cargada de crítica social y reflexión política.

En esta fecha importante para la poesía chiapaneca, y aun la mexicana, celebramos al poeta con una selección de Lascas (2017) y Escrito en Tuxtla (2022).


¿Dónde están mis amigos que no los veo? ¿Dónde están mis hermanos que no los hallo?
¿Volverán? ¿En globos aerostáticos? ¿Buscando dónde descender? ¿En qué azotea?
¿En la barquilla que se deja llevar por las corrientes de aire, sin controlar su elevación?
¿Camuflados? ¿Con bolsas de oxígeno? ¿Arengando a las garzas que los conducirán?
¿Escoltados por la manada de focas de Poseidón, cambiando de forma, de pasiones?

¿Dónde están, en algún lugar intermedio, entre el crepúsculo y el anochecer, cuando el sol
está por debajo del horizonte, y no los puedo ver directamente, en la hora albina de nadie?
¿Viendo las estrellas de primera magnitud, y a los planetas que se alinean en el horizonte?

¿En esa situación de observadores, proyectan nuevas sombras? ¿Las que pueden intercambiar
entre ustedes, antes de entrar en la noche total? ¿Puede ser? ¿Aún les queda luz suficiente,
tiempo suficiente, para observar en calma, y así tener una definición astronómica exacta del
crepúsculo y del anochecer, a pesar de la contaminación lumínica? ¿En la hora inapropiada?
¿Ya es noche cerrada? ¿Está bien que lo pregunte? ¿Aún les queda luz y tiempo suficiente?
¿Me he olvidado de la pregunta que quería hacerles? ¿Hubo alguna vez tiempo suficiente?
¿Ya se dieron cuenta que estoy siguiendo a Padgett Powell? Y, para terminar, ¿están molestos
por todo lo que les sucedió y lo que no les sucedió? ¿Llegarán hoy? Qué bueno. Los espero.
¿Recuerdan cómo festejamos a Padgett Powell cuando lo leímos? Recuerdo que fue a cinco voces.

He tenido tiempo suficiente para prepararme. Para planear este encuentro con todos sus detalles.
¿Me preparo para disponer la mesa? ¿Al estilo del mejor bodegón de aves y liebres de Rembrandt?

.
A INGER CHRISTENSEN [fragmento]

la estridente cigarra

posada en el árbol
difunde su agudo

cantar insistente

al afilarse el hierro

………………………….bajo las alas,
………………………….Hesíodo existe,

Cuando Orión y Sirio,

cuando las Pléyades,

muy abajo del cielo,

ese techo tranquilo,

las plantas acuáticas abajo del firmamento,

………………………….permanecen en silencio,

………………………….…………………ellas tratan

………….de decir tu nombre, al final

.
DUELO [fragmento]

El campo pertenece ya a los muertos.
Brazos y piernas en cruz, la piel flácida,
cárdena, aún intacta. La claridad florece
en la caja toráxica, desova en los huesos
pélvicos, deja hilos tiesos entre la carne
que se pudre lentamente/       Más allá hay
otro cadáver reducido a su condición
de flor distorsionada en un espejo cóncavo.
La flor negra, endurecida, pegada
a la menuda lluvia, como si llevara un
traje de cuero, un casquete en los
pétalos. Al fondo de un matorral,
donde no entra la claridad, restos
diseminados por zopilotes y perros.
Las flores panzonas en el cielo
pertenecen a lo que se va,
al campo que se desliza, más
allá de hierbas con armaduras negras.
Y cuerpos que apenas han comenzado
a separarse de las almas familiares,
ya sin oxígeno/           Atrás de las
hojas lloran a gritos.
Metano, sulfuro de hidrógeno, amoníaco,
inflan las barrigas. El cielo translúcido,
oliváceo. La presión de gases al interior.
Ampollas rojas en el cielo. El desprendimiento
en capas de la piel, apenas se sujetan al
esqueleto rojo, donde el vendaval se desliza.
Los gases y tejidos licuados abandonan
cuerpos a través del ano y otros orificios.
Los insectos humildes y los soberbios
comienzan a colonizar restos de cadáveres,
plantan banderas victoriosas.
Se entronan
en ese hábitat
como leones.
Los necrófagos desovan.
Nido de microbios.
Las plañideras esperan su turno.
La flor calla.

…y besas mi nuca, y luego a la cabeza que hoy le toca, beso tu espalda,
la de reserva, y a las lunas que te rodean para deslumbrarnos también las beso,
me vuelvo a enamorar de un mechón de tus cabellos, de los 24,000 tipos diferentes
de tus genes, de tus mutaciones esporádicas, espontáneas, viejas o recientes,
silenciosas o estruendosas, besas mi espalda, a la cabeza que hoy le toca,
………………………….nuestros cuerpos contra un fondo fijo de estrellas en el vacío…

………………………………………………………………….

…yo te veo sin moverme, instante que vivimos sin la tela
que nos separa, al hablar variamos nuestros encuentros como hemos
variado de ríos al ajustar nuestros cuerpos, como variamos de día y cambiamos
las noches por otros días, oficio que aprendimos desde jóvenes, desde que el mar
nos dijo que podemos entrar en él hasta lo profundo, cada uno con una moneda
………………………….de Cnosos en el bolsillo, sentir el lecho lamoso en nuestros cuerpos,
………………………….………………………….alrededor de las 11:59 pm.

.

LOS ADIOSES

Como los flamboyanes que emigran. Con nombres y corazones flechados en sus troncos. Con aves, insectos y murciélagos. Con savia tan delgada, para fluir con facilidad desde las raíces hasta la frondosa copa de flores rojas. Emigran a otros lugares que no son los míos. De la calle de mi casa, hasta cerca del mar. Se comprimen demasiado rápido, chapotean al regresar a su estadio marginal. Emigran más allá de un muchacho despierto en la primera cólera. Se van felices, inaugurando cielos, después de tantos ensayos para crecer unos centímetros más; de tantas ramas rotas. Al llegar a los valles crecen con una salud prodigiosa. Al llegar a las montañas vuelven a los grandes vientos, a los linces nublados. En el lugar de las tormentas eléctricas, ya no se acuerdan de mí. Me he quedado atrás, en la calle empedrada. Sacudimos nuestras grandes melenas, nuestras celebraciones.

Fue trovado durmiendo.
 
Los árboles se van. Cargados de belleza.