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Ernesto Cardenal, eternamente joven poeta latinoamericano

Cardenal

El maestro, el sacerdote revolucionario, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, una de las más altas cimas de la poesía latinoamericana contemporánea, ha fallecido hoy, hace unas horas.

No es hipérbole decir que es imposible ser un joven poeta latinoamericano, y ser un joven sencillamente, sin recurrir a sus poemas amorosos, a su pluma revolucionaria en todos los sentidos. La voz de Cardenal siempre estuvo de lado de los que más necesitaban, de la justicia, y del amor. Y fue igualmente un faro estético que definió, junto con otras plumas, la llamada poesía conversacional, que es ahora parte del ADN de nuestra literatura.

En el centro de sus textos siempre estuvo la intención de hacer presente el reino de los cielos, entendido como justicia, en la tierra.

Ernesto Cardenal hoy se ha reunido con el creador, con ese Dios que siempre fue la fuente de su fuerza y entereza.

Descanse en paz, maestro. Su palabra nos servirá de guía.

Presentamos, a manera de homenaje, los siguientes poemas:


Oración por Marilyn Monroe

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a
los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso…
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo –de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje –insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!

Epigramas

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
Un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
Otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
[Escritos para conquistarte a ti] despiertan
En otras parejas enamoradas que los lean
Los besos que en ti no despertó el poeta.

Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo,
Porque el gesto más leve, cualquier palabra, un suspiro
De Claudia, el menor descuido,
Tal vez un día lo examinen eruditos,
Y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia, ya te lo aviso.

De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
De estas carreras de caballos,
No quedará nada para la posteridad
Sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
(Si acaso)
Y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
Y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
Del olvido, y los incluyo también en mis versos
Para ridiculizarlos.

Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
Y leas estas líneas que el autor escribió para ti
Y tú no lo sepas.

Me contaron que estabas enamorada de otro
Y entonces me fui a mi cuarto
Y escribí ese artículo contra el Gobierno
Por el que estoy preso.

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
Yo, porque tú eras lo que yo más amaba
Y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
Porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
Pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano.