Poesía,

Experiencias citadinas. Cuatro poemas de Mónica Vázquez-Sámano

MVS

(Ecatepec de Morelos, Estado de México, 1998). Estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la F.E.S Acatlán. Ha publicado en medios y revistas digitales como Revista Tabaquería; Revista Sin Tapujos, Blog Librópolis, Revista Punto de Partida, Revista Irradiación y Revista RITMO. Imaginación y crítica.


 

Experiencias citadinas

I
¿A los cuántos años
pronunciables
a viva voz
la calle deja se ser
una extraña amiga,
la coladera ruidosa un temor
o el vagabundo una pequeña alegría
cuando dicta canciones
similares a poemas de un tiempo venidero?

¿A qué edad la oscuridad
deja de reconocer nombres,
el foco se desdibuja
en rostros borrosos,
en sabores amargos,
en navajas que se cargan dentro del bolsillo
para animarse
a viajar con dos o tres
amigos
hasta quién sabe dónde
quién sabe cómo
o por qué?

A los veinticuatro
me pregunto
cuál es la distancia
en edades
que se tiene que recorrer
para dejar de darle vueltas
a la vida
mientras
se
termina.

.

II


¿Ya supiste del desmadre que armó tu perro?
Amores perros
, Alejandro González Iñárritu


El silencio del diafragma,
mutismo de andar,
caminar entre las brasas,

el mundo entero
se ensordece ante ti.

¿De qué manera
lograste
desaparecer aún teniendo hambre
y sintiendo frío,
caminando con tus perros?

Inmortal,
nadie muere

si nació
para

no
ser
visto
por
nadie.

.

III

Llega la noche, la misma plegaria,

hace mucho no creo en dios,
hace todavía más que dios no cree en mí.

Con las rodillas juntas
pido siempre no perder lo menos importante,
el falso cielo me ilumina
las luces neón de otro paraíso.

La hostilidad del infierno revertido,
la mano temblorosa es la única a la que le tengo miedo,

“no es necesario,
toma todo lo que tengo”

un anillo falso
y nada más.

Todo lo que importa
desde hace mucho
ya no está.

.

IV

Tienes que saberlo
que en la universidad no te enseñan
la manera correcta de echar a andar
las valijas cuando tienen mucho peso;
de ninguna manera aprendes
a distinguir todas las gamas del azul,
el nombre de cada uno presente
en las olas que se desprenden del mar,
la función del cuchillo más grande
o por qué ese que es para cortar pan
sirve también para cortar cualquier cosa.

Un tatuaje de
prueba y error.

Todas las variantes
de las tipografías,
la manera correcta para
subrayar las páginas de un libro,
eso sí,
pero

los lugares en los que da el sol
suficientemente bien
para no quemarte
tampoco te los enseñan,
mucho menos cómo encontrar
buenos libros (que no editoriales)
en un todoadiezpesos
en el metro Hidalgo,
ni a escribir de rodillas
o a entender por qué las portadas de ciertos libros
son tan feas para no opacar la dulce perla
de su ostra.

Tenías que saberlo
que nada de lo que escribí aquí
tiene algún sentido
pero lo que sí te enseñan
es a leer hasta el final,
ojalá hubiera esperado
a leer
el
final
de nuestra historia,

más vale tarde
más vale nunca.