Christian Peña responde cinco preguntas en esta entrevista, realizada por Izhar León, acerca de su producción poética, a propósito de su reciente merecimiento del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores por el libro Quirón. En ellas, habla un poco acerca de la figura del padre y su sombra, el pasado, la historia y el surgimiento de su poesía.
Christian Peña (Ciudad de México, 1985) ha merecido diversos premios por su escritura, como el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, el Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines y el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen. Es autor de los libros Veladora, Me llamo Hokusai, Expediente X.V., ¿O es sólo el pasado?, entre otros. Su primer libro de narrativa, Padres huérfanos, obtuvo el Premio Bellas Artes Sonora de Minificción Edmundo Valadés 2022. En 2024 su libro Quirón ganó el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores.
1. Has dicho en tu poesía que el padre es una figura literaria y que constituye en la literatura una ficción: algo que se recrea. Desde tu punto de vista, como hacedor pero también como lector, ¿qué lugar ocupa el padre en la tradición literaria? ¿Crees que hace falta abordar el tema desde otras perspectivas?
Si bien la figura del padre se ha trabajado en la literatura, ni nada más ni nada menos que por Kafka, por ejemplo, también en La Ilíada: ese primer padre que tiene la agonía del hijo que pierde cuando muere Héctor. Es una figura constante en la literatura y es una figura también en la que a mí me interesa abordar desde la línea del padre que uno puede identificar; tiene que ver con la lengua paterna, la lengua que uno adopta. Primero es la lengua que tú hablas, la lengua que se te enseña cuando eres niño, la lengua que vas aprendiendo, con la que te comunicas, y luego es ese otro lenguaje con el que tú decides de algún modo comunicarte o expresarte con las otras personas. En mí caso ha sido a través de la literatura y de ahí que me interesa abordarlo desde esa línea.
Yo creo que ningún tema está completamente explotado: uno escribe sobre un tema justo para agotarlo, para ver hasta dónde más podemos eventualmente seguir construyéndolos, seguir ahondándolos, y cuando el tema, particularmente en un escritor, es una suerte de obsesión, es difícil que se deje de escribir sobre él o que se pierda. El tema surgirá, a lo mejor no en todo un libro como en el caso del libro Quirón, que es un libro que aborda de lleno la figura del padre y del hijo, pero quizás en algún otro libro de poemas sueltos haya un poema que habla sobre eso o quizás sea uno de los temas de algún otro libro porque, insisto, a lo mejor uno escribe siempre, como decía Borges, sobre unos cinco o seis temas, y en el caso del padre es el tema que yo he procurado. No es un sólo tema, ni es que sólo sea la figura del padre, porque la figura del padre puede contener distintos temas alrededor. Puede tener el abandono, la plenitud, la sombra –también algo que me interesa del padre es que aún si está presente o ausente, la figura del padre siempre es una sombra, es una suerte de tema que se tiene que recrear: recrear no es a volver a escribir sobre él, sino que es una figura que uno intenta de algún modo dibujar o hacer para comprenderla.
2. La poesía otorga la posibilidad de descubrir otras maneras para decir el pasado, como puede verse en tus libros Veladora, Expediente X.V., ¿O es sólo el pasado?. Desde que toda recreación es también un invento, ¿cuál es la importancia de revisitar historias en tu trabajo poético?
Sucede, creo, que quizás una cosa sea la historia y otra cosa sea el pasado. Ahora bien, para mí, sí hay historias, hay personajes que de pronto me interesan visitar: en el caso de Veladora, Ramón López Velarde, y en el caso de Expediente X.V., Xavier Villaurrutia. Para mí era importante escribir sobre estas dos figuras porque suponen una suerte de trinidad (aún tengo pendiente un libro de otro autor que también considero que junto a estos dos es importante para nuestra tradición, para nuestra lengua, que es Octavio Paz), que además tienen una línea clarísima: Xavier Villaurrutia ensaya, prepara El León y Virgen (ese ensayo y esa muestra de la obra de López Velarde), y lo mismo hará también Paz con el retrato de Villaurrutia o con los ensayos sobre Velarde.
Me interesaban, pero como siempre me han interesado a la hora de escribir (siempre lo he dicho, no puede uno sentarse a escribir un libro de poemas tratando de escribir un libro de poemas deliberadamente, porque si no el resultado será, en efecto, un libro de poemas), y si yo bien escribo poesía, no sé si todos los libros que hago son enteramente de poemas. En el caso de Expediente XV yo pensaba hacer un expediente policiaco sobre Xavier Villaurrutia, sobre su obra y su vida, y para eso iba a leerme los fragmentos que tenía alrededor de su figura. En el otro caso, es un libro que yo pensaba más bien como una suerte de rezo, como una oración hacia López Velarde; hay muchos versos ahí que están escritos apelando a la métrica lopezvelardiana y que también funcionan en versos de tres –quizás es de los libros que he escrito más rigurosos en ese sentido.
Creo que en realidad escribo más sobre el mito que sobre los personajes. Apuntabas la figura de Ramón López Velarde y la de Xavier Villaurrutia, pero también está el caso de Quirón (previamente tengo un libro sobre Janto, que es uno de los caballos de Aquiles, y luego un libro sobre Heracles, que es la visita del héroe). Para mí la mitología es parte también de esa historia viva o de ese pasado que no acaba de suceder y que entonces representa comportamientos humanos que tenemos en el día a día, de suerte que Quirón es una mezcla de un caballo con un héroe.
En ¿O es sólo el pasado? lo que me interesaba hacer era una suerte de nuevo códice, de cómo esos signos, esos símbolos que representaban en determinado punto también una lengua, un comportamiento, se pueden resignificar hoy en día. Hay unos versos, que abren ese libro, de Philip Larkin: “me rompes el corazón por parecer de otra época”, que es un poema sobre una fotografía de una mujer, y tiene que ver con ese visitar, ese recapitular lo vivido, lo leído, y cómo nunca termina de hacerse, cómo ese pasado siempre nos revisita.
Hay una cita muy interesante, a partir de Píndaro: “soy el que sin cesar me hago”. Creo que eso evidentemente precisa del pasado para seguirnos cuestionando quiénes fuimos (no sé si, del todo, la respuesta del quiénes somos parte del quiénes fuimos, pero sin duda contribuye). Entonces, si para mí es importante visitar esas obras, sobre todo, además de ser trabajos, al final del día, sobre poetas, es porque de algún modo son importantes también para mi escritura.
3. Voz y silencio, unión y rotura, padre e hijo, son algunas de las dualidades que se encuentran en tu producción literaria. En tu proceso creativo ¿cómo se gesta el poema entre dos puntos en apariencia antitéticos?
No sé si siempre son antitéticos, pero sí sé, y esto no lo sé por mí, sino por un ensayo estupendo de Wallace Stevens, que para escribir un poema tiene que haber tensión. Me ha gustado mucho siempre esa definición de Stevens porque dice que la tensión surge del tema de la poesía y de la poesía del tema. Es común ver poemas temáticos: un poema escrito a la primavera, un poema escrito a la luna, por ejemplo; sin embargo no siempre suele verse la poesía que hay en la primavera o en la luna, es decir, en el tema elegido. Sin duda se crea una tensión entre el tema que se elige y la poesía que se ve de ese tema elegido: no siempre son antitéticos, pero sí se precisa de esas dos perspectivas para crear la tensión del poema.
Antonio Deltoro tiene un gran ensayo, “El guardián del silencio”, donde dice que el poeta es justo el guardián del silencio, que tiene que ir cuidando, aprendiendo a callar, “la paulatina tendencia a enmudecer” de la que hablaba Paul Celan. Creo que es lógico que, si uno se va haciendo de palabras para tratar de decir lo que quiere decir, vaya también abonando de silencios para saber cuándo tiene que callarse y dejar que el poema hable. En la medida que uno aprende a callar, el poema puede hablar por sí mismo. Eso es importante también para lectura de un poema: uno termina de leer un poema y el poema nunca termina de hacerse, lo puedes llevar en la mente, lo puedes aprender de memoria, y siempre va a otorgar algo.
4. Si los papeles dolorosos no atienden plegarias, como dices en uno de tus libros, y el hombre se encuentra solo en un universo muchas veces fatal, ¿cuál es tu relación con la poesía frente a esta sensación de vacío existencial?
Yo creo que la poesía, o la poesía que yo escribo, se relaciona realmente con cosas de las cuales no siempre soy consciente. Es decir, me interesa lograr ver, lograr concentrarme en temas que a veces pueden ser cotidianos, tan simples como servir el vaso de agua, llevar a mi hijo en hombros, que eso puede ser algo tan inmediato, pero después puede detonar todo un libro, y puede que haga una imagen mítica, como sucede con el centauro. Eso quizás hable un poco sobre mi relación con la poesía: no siempre surge de un vacío existencial, porque además se precisa la existencia en su plenitud para comprender el vacío y también la plenitud.
Hay poemas que se escriben en un grado de dicha, de compartir, de, como diría Bonifaz Nuño, “tender la mano con el otro”, y hay otros que sí surgen del silencio, de un espacio de soledad. Es una antena que puede ir captando distintas ondas, distintas señales; no las recibe de un solo hemisferio, de una sola latitud: van sucediendo y uno tiene que estar atento a poder de pronto pasmarse (esa situación de pasmo que ocurre cuando sucede un poema). Uno puede maravillarse, por ejemplo, con esa hierba que está en los camellones que es verde y de repente tiene alguna punta que ya empieza a amarillar, que dices “ha llegado el verano de pronto”, o con esa hierba que resiste a morir. Y eso puede tener algo de plenitud y de muerte a la vez. No siempre es una plegaria, escribir no es un tormento; escribir puede ser un acto enteramente gozoso, y creo que en la medida en que más lo disfrutas, quizás, mejor puedes hacerlo.
5. Recientemente ganaste el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores por tu libro Quirón. En una de las notas finales de este libro ponderas el ser padre sobre el ser poeta. ¿Qué puedes decir de esta experiencia de vivir entre esos dos mundos?
Empecé a escribir poesía antes de pensar en mi papel de hijo, porque mi relación con mi padre era enteramente la que sucede en la casa, doméstica, pero nunca lo había pensado como una figura paterna hasta que empecé a escribir. Fue cuando me empezó a interesar, volviendo al punto, el pasado de mi padre, las situaciones, las circunstancias que tuvieron que ver en su vida antes de que yo ocurriera. Mi padre quedó huérfano muy niño, de padre y madre. Me empezó a interesar esa historia suya y qué tanto tenía que ver con su temperamento, con su silencio.
Había libros en mi casa, solamente dos libros (uno más, pero realmente eran enciclopedias que compraban en abonos de la historia de México, de ciencias naturales), que me llamaban la atención porque eran de poemas: un libro de versos de Acuña y un declamador sin maestro. Yo pensaba: “¿quién trajo estos libros a la casa?”, porque una enciclopedia de ciencias naturales no faltaba en todas las casas de esa época, pasaban a vendértelas junto a los electrodomésticos, pero esos libros venían de mi papá. De tal suerte que antes de pensar en cómo me relaciono como poeta o como padre, pienso en esa relación que mi padre tenía al leer poemas y al ser mi padre. Quizás eso empezó desde antes de que yo me diera cuenta, a partir de algo que le preocupaba a él, que a él le interesaba. Cuando lo menciono en Quirón es porque es un libro hecho especialmente sobre esta historia de cómo mi padre y yo tuvimos esta relación de padre e hijo y la que ahora me toca a mí tener con mi hijo.
En ningún punto creo que sea un libro específicamente sobre la paternidad: si volvemos a Wallace Stevens, la paternidad puede ser el tema del libro, pero la poesía del libro va mucho más allá de la paternidad: tiene que ver con el ser, la muerte, el pasado, lo vulnerable, el agradecimiento. Cuando esos temas funcionan ahí descubres que quizás puedes hacer ese y más papeles: puedes ser de pronto padre, de pronto escritor, de pronto amigo, puedes tener muchísimas facetas; todo está conectado. Así que no se precisa una para ser la otra, pero en mi experiencia y para este libro las dos fueron vitales, fuerzas que se me impusieron para empezar –y terminar– el libro.
APOLODORO
Si tu padre no acepta que es tu padre,
si tu madre te miente sobre quién fue tu padre
y te abandona en los montes de los pelasgos
………………………………………….o al cuidado de tus tías,
si nadie te confiesa…….que tu padre engañó a tu madre
y se largó para nunca volver,
si creciste señalado por el resto de tu familia o amigos,
si tus padres no son más que un par de desgraciados,
………………………de dimensiones mitológicas
no escondas tu dolor, ……..no escondas tu doble forma,
no te escondas en cuevas,
no te escondas de nadie sólo porque lleves expuesta
la marca de nacimiento que a todos nos ocultan.
No te agobies de más,
…………………eventualmente, ………todos descubrimos
que somos el resultado del dolor
y la ausencia de dos monstruos,
tarde o temprano, seremos la unión
de dos partes que se creían una sola
………………………………………….hasta que no lo fueron.
1
un hijo es un cometa
irrumpe en la oscuridad del pensamiento
rápidamente
como un recuerdo apenas por nacer
………………………………………….aunque ya ha sucedido
cae
en un plano del tiempo que ya pasó
pero que sigue cayendo dentro de nosotros
luminoso ………………..recurrente
como esas ideas que cobran vida
……………….porque no dejan de caer
………………………………………….y porque uno nunca acaba
de caer en cuenta que ya pasaron
Quirón.
TENOCHTITLÁN
Despliego un mapa de Tenochtitlán sobre el piso de la recámara:
un paisaje azul entre montañas verdes
y templos que se levantan a un lado de la cama y el tocador.
Mi hijo de dos años entra al cuarto y camina sobre el mapa.
Me pide con palabras a medio nacer que me tire al piso
para subirse a mi espalda,
me pide que haga un relincho y me convierte en su caballo.
Montado sobre mi espalda recorre el mapa,
avanza por la ciudad sagrada como un conquistador.
El pasado es un cuento para niños
¿quién sino ellos se cree la historia de un dios encargado de hacer llover
o de un hombre resucitado después de tres días?
¿Quién sino mi hijo ve caballos donde otros sólo ven palos de escoba?
Los españoles no podían creer
lo que vieron sus ojos al llegar a Tenochtitlán.
Los mexicas nunca habían visto un caballo hasta que fueron conquistados.
Mi hijo nunca ha visto un caballo en vivo, pero cree que soy uno.
Y yo nunca he visto a Dios, pero creo que existe
cuando miro de frente a los ojos de mi hijo.
¿O es sólo el pasado?
TERCER ACTO
Después de haberse consumido
mi alma y su veladora,
pondrán un moño negro afuera de la casa,
………………………………………….mi lengua empezará a enmoscarse
…………………………………..y una lluvia de cuervos caerá sobre la noche
………………………………………….como el silencio que antecede al rayo.
Mañana encontrarán,
manuscrito en la póstuma libreta,
una oración, la última:
……………………………………..Todo luto se guarda a media hasta
………………………………………….no hay patria más cercana
………………………………………………que la de los muertos.
Veladora
COLUMPIO
Una cuerda amarrada, bien sujeta
al árbol más cercano de mi infancia.
Hoy he vuelto al vaivén donde pasé las tardes
mientras el viento golpeaba mi risa.
Hoy tomo la cuerda, hago un fuerte nudo
y lo ciño a mi cuello. Pero ya es demasiado tarde.
Ya no logro balancearme. Ya estoy grande para juegos,
Ya mis pies tocan el piso.
Mi padre
Mi padre respira con cansancio,
sus pulmones se llenan con el humo
de un incendio callado y paulatino.
Un ataque de tos a media noche
lo despierta,
a él y a nuestro espanto.
Adentro de su pecho crece un bosque
de árboles llagados por su pecho.
Sus ronquidos son cada vez más fuertes.
Mi hermano dice que dentro de poco
podría empezar a escupir sangre.
Mi padre, día a día, vuelve a casa
cansado del trabajo, y se sienta
a ver una película.
A veces lo acompaño y, en silencio,
mi padre toma sus cigarros,
ve que sólo queda uno,
y en la complicidad del cuarto a oscuras
lo enciende,
lo comparte conmigo.
De todos lados las voces





