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Mikeas Sánchez: “La lengua es portadora de la música y la danza”

Mikeas

Izhar León: Las palabras están dotadas de su carga histórica y social. La idea de un sustantivo como una semilla floreciente está presente en tu obra poética. Las palabras son la herencia del linaje que se siembra generación tras generación. ¿Ves en ello una poética?

Mikeas Sánchez: Pienso mucho en las voces que me habitan. En los silencios, también, que me habitan. En el linaje ciertamente masculino y femenino. Y pienso mucho en la colectividad, en que una voz poética, aun cuando es lírica, tiene una retroalimentación y un enriquecimiento de generaciones anteriores. En mi caso lo creo totalmente, porque cuando empecé a escribir y a buscar una voz propia me di cuenta que no es fácil, porque realmente no tenemos una sola voz: nos habitan otras voces, muchas historias de las que venimos y que a veces ni siquiera conocemos. En la medida en que he ido visibilizando esas voces, esos sentires de mis abuelos, de mis abuelas, he podido encontrar una voz (que no propia, pero sí, digamos, en la literatura escrita, una voz). Aunque en el fondo es la consecuencia de lo que yo soy, de donde nací, de lo que he vivido, de lo que he sufrido y gozado. Mi pueblo también. Entonces esa es la poética que yo planteo: una que represente una colectividad y una historia familiar.

IL: En línea con lo que estás mencionando, tienes un poema titulado «Cómo ser un buen salvaje». En él propones, de un lado, las significaciones del mundo indígena (cuando dices, por ejemplo, Mi abuelo era un chamán poderoso / que conocía el lenguaje de los dioses), y del otro, colocas “las buenas costumbres de occidente”. ¿De qué modo los signos atraviesan nuestra manera de percibir el mundo? Y sobre todo, ¿cómo confluyen estas dos perspectivas en ti?

MS: Marcan muchísimo en el sentido de cómo se ve la vida y la forma en que se enfrentan las situaciones adversas que nos atraviesan en cualquier momento. La fortaleza espiritual es la fuerza que heredamos de nuestros abuelos y abuelas, y muchas veces lo desconocemos o ignoramos. No es algo que se platique, que se cuente en las familias. Hay muchas historias y también secretos.

El poema que mencionas nació justamente de hacerle justicia a mi abuela y a mi abuelo. Tengo un poema análogo que está dedicado a mi abuela, se llama «Jesucristo no entendió jamás los ruegos de mi abuela». Mis abuelos se llamaron Simón y Simona, son de mi línea paterna que, en su mayoría fueron médicos tradicionales, músicos y danzantes. Son los que más sufrieron violencia, torturas, asesinatos. De ese linaje heredé la poesía. En los años que estuve investigando me di cuenta que pasaron situaciones terribles en ese linaje paterno, al grado que cuando mi papá tuvo oportunidad de decidir si íbamos a aprender o no la tradición familiar, se negó rotundamente porque para él era perpetuar esa violencia, exponernos al dolor que ya habían sanado. Esos dos poemas fueron una forma de sanar esas heridas de linaje, de hacer catarsis para recuperarme y de paso sanar a la familia y a la comunidad.

No entendía por qué siempre me daba por escribir poemas dolorosos, soñaba con escribir una poesía más luminosa, que hablara de la naturaleza, del amor, la ternura o la festividad, pero siempre caía en el dolor. En la medida que he ido entendiendo toda esa historia familiar he podido resignificarla y poner esos símbolos que son importantes en la literatura escrita pero también en la oralidad (que se manifiesta más en los pueblos). Los símbolos y la conservación de los rituales fueron y siguen siendo las estrategias para perpetuar la sabiduría de los pueblos. Ahora que hablamos de tecnología, hay tecnología en el manejo del lenguaje, hay códigos lingüísticos, resignificaciones culturales, información codificada que sólo puede entenderse desde contextos específicos, por eso la traducción al español resulta a veces incompleta porque no se puede traducir una vibración fonética, en el caso por ejemplo del nombre de los ríos o los cerros.

IL: En un mundo en el que pasan cosas desafortunadas como las que describes, la poesía de Walt Whitman emerge como un faro. Tú misma utilizas de epígrafe una cita suya para abrir una sección en Mokaya. La escritora Luna Miguel considera necesario recordar a Whitman, quien se libró de las imposiciones. ¿Para ti la poesía puede ser una forma de resistencia?

MS: Sin duda. Mencionas a Whitman, que fue fundamental en mi vida cuando empecé a leer poesía en la adolescencia. Leer «Canto a mí mismo» fue maravilloso, una forma de volver a verme. Vengo de un pueblo que había sido violentado y con una historia familiar de muchas carencias. Nací a finales de 1980 y en 1982 fue la erupción del volcán Chichonal. Me tocó vivir el exilio y el terror ante la muerte, pero también tuve la fortuna de regresar a mi territorio, aunque mi familia había perdido todos sus bienes materiales. A mis padres les tocó levantar esa familia y sobrevivir en un mundo donde es difícil hacerlo. Leer a Whitman en ese momento de mi adolescencia fue fundamental para reconocerme, para volverme a querer y aceptar.

En «Canto a mí mismo» hay un contexto político, social y económico de abundancia en Estados Unidos, lo cual hacía posible que Whitman hablara de esa manera. Las lecturas tienen muchas lecturas, perspectivas, dependiendo de quién las lee y el momento en que las lee. Yo no sabía que Whitman era gringo, o que vivía en una situación privilegiada y que por eso podía darse el gusto de celebrarse a sí mismo. Pero para mí era muy importante esa recuperación, no sólo personal, sino en términos de autorreconocimiento y autovaloración de los pueblos indígenas que han sido violentados, violados, marginados, discriminados y racializados por más de 500 años. Nací en un pueblo violentado y sometido espiritualmente. A eso había que darle la vuelta de alguna manera.

Pienso, por ejemplo, en las mujeres y los hombres de Tuxtla Gutiérrez, a quienes les arrebataron la lengua zoque. Ellos aún conservan prácticas rituales de danza, música, y ceremonias que son maravillosas, pero sin duda sufrieron violencia lingüística al imponerles el español. Poca gente en Berriozábal o Copoya conserva la lengua. Hubo una mutilación lingüística, una forma de quitarles la oportunidad de comunicarse entre ellos. La lengua es portadora de la música y la danza, pero también de la gastronomía, la herbolaria, la medicina. La filosofía misma de los pueblos que de alguna manera fue menospreciada cuando se eliminó la lengua. Los pueblos que sobrevivimos a esa violencia lingüística tuvimos que pagar el precio. Liliana Ancalao, una poeta mapuche, le llama «avergonzamiento lingüístico», porque hay una vergüenza de los pueblos de hablar sus lenguas. El hecho de que hables una lengua que no es el español, una lengua minorizada, te pone en una categoría de pueblo sometido.

A todas estas historias quise darles la vuelta en Mokaya y decir que también nosotros existimos y valemos, que somos y estamos aquí y nos celebramos también en lo que somos, en lo que tenemos y en lo que queda de lo que nos han arrebatado. Siempre falta, pero era la intención.

IL: Continúo con los poetas estadunidenses. En tu libro se despliega cierto imaginario colectivo alrededor del paisaje: los animales, las flores, el interés lingüístico, la familia, entre otros elementos. Me recuerda a versos de Hilda Doolittle y a Emily Dickinson. ¿Ellas son influencias para ti? Cuando escribes, ¿cuáles son tus referentes?

MS: Dickinson es una poeta que me gusta mucho, pero también me encanta Rosario Castellanos y Alda Merini. Si te hablo de influencias sí te tendría que hablar de la literatura escrita en occidente, pero también de la literatura de tradición oral. En mi escritura convergen la literatura escrita y la literatura oral, la oralitura. Esas dos vertientes nutren mi poesía.

Me gusta hacer poesía contemplativa, aunque no se me da mucho. Es importante tener presente que los pueblos indígenas siempre estamos en comunicación y conexión con la naturaleza. Es algo que no podemos separar, por eso el paisaje se presenta de forma natural, no como algo inanimado, sino como parte de nosotros.

IL: Retomando lo que mencionabas antes del avergonzamiento lingüístico, las lenguas indígenas se ven desplazadas por la relación diglósica que mantienen con el español. Desde tu perspectiva, que eres Maestra en Didáctica de la Lengua y la Literatura, ¿cómo preservar la tradición lingüística y literaria, esta oralitura, de una lengua como el zoque?

MS: Es un tema que tiene que ver más con políticas públicas. Políticas que se tienen que hacer desde el Estado, porque el Estado tiene el poder de decidir sobre los planes de estudio, sobre la inserción de la enseñanza de las lenguas. Tengo entendido que actualmente están promoviendo una ley para que se enseñe náhuatl en la zona centro y ha habido mucha controversia al respecto, porque mucha gente no quiere. Prefieren que se enseñe inglés en las escuelas, lo cual me parece estupendo. Que los niños aprendan inglés pero también que aprendan una lengua originaria propia de la región a la que pertenecen. Nos encontramos con ese tipo de oposiciones, que si bien toma tintes políticos, también justo está relacionado por ése avergonzamiento lingüístico.

Desde el estado hay una política de avergonzamiento lingüístico. Y, ¿cómo revertir eso? Justo desde la educación: volver a colocar a las lenguas originarias como prioritarias, para que los niños aprendan las lenguas que hablaron sus ancestros desde el territorio al que pertenecen. No van a poner a hablar náhuatl a los que están en la península, porque es una región maya totalmente.

Anna Camps, mi maestra de gramática nos contaba que en Cataluña tuvieron que implementar, en 1970, después del franquismo, una política educativa dura que, colocaba al Catalán como una lengua oficial. Eso significaba hacer todo bilingüe: estaciones de radio, señalamientos en carretera, los nombres de las instituciones, libros de texto. Una cosa tremenda, porque implicaba una enorme inversión. Pero lograron pasar de 1970, que tenían menos de un millón de hablantes a aumentar la cifra a nueve millones en la actualidad. Esto se logró con una política contundente, incluso agresiva para muchos, porque cuando se implementan este tipo de políticas públicas no todo mundo va a estar contento. Hay gente detractora que tiene otras ideas, como ahora está pasando. Prefieren que la lengua que se enseñe sea el inglés y no el náhuatl, cuando se pueden enseñar ambas.

Eso es lo que falta en México, que desde acciones firmes del Estado se puedan materializar los resultados. Hay ahora lo que llaman educación bilingüe, pero no hay como tal una enseñanza de las lenguas, porque incluso los propios profesores todavía necesitan sensibilizarse. La política de avergonzamiento viene desde hace muchos años, por lo que hay profesores que ciertamente hablan las lenguas, pero no se sienten privilegiados. No se sienten orgullosos o deseosos de que otros aprendan. Ellos no lo ven como algo que les beneficie. Es un tema muy complejo, pero creo que este siglo está abriendo el camino para reconocer esas lenguas.


NOMBRAR LAS COSAS, 6

Sentado bajo la ceiba más colosal
árbol protector de voces antiguas
el sembrador apaga su silencio
Ahí Dios susurra a su oído
esa palabra invocada
lenguaje secreto de los peces
las plantas
y los animales pequeños
Sentado bajo la ceiba más colosal
Dios es una nube en forma de flor
contemplando el atardecer
con los ojos vendados

.

NOMBRAR LAS COSAS, 7

Hay días en que el Tzuan’ se abre
para revelarnos el origen de las cosas
una línea de fuga
una imagen que se nos escapa del letargo
El Tzuan’
nuestra herencia nagual
nuestra lagaña de perro para mirar los muertos
Porque todo tiene su enigma
su razón innecesaria
su motivo sobrante
Todo hombre
toda mujer
algún día buscan esa palabra que les falta

.

CÓMO SER UN BUEN SALVAJE

Mi abuelo Simón quiso ser un buen salvaje,

aprendió castilla
y el nombre de todos los santos.
Danzó frente al templo

y recibió el bautismo con una sonrisa.
Mi abuelo tenía la fuerza del Rayo Rojo

y su nagual era un tigre.
Mi abuelo era un poeta

que curaba con las palabras.
Pero él quiso ser un buen salvaje,

aprendió a usar la cuchara,

y admiró la electricidad.
Mi abuelo era un chamán poderoso

que conocía el lenguaje de los dioses.
Pero él quiso ser un buen salvaje,

aunque nunca lo consiguió.

.

UN NIÑO SUEÑA

Un águila sueña
y los dioses se acercan,
un niño sueña
y los dioses se regocijan.
El sueño del águila no es el sueño del niño,
pero ambos guardan la pureza del mundo.
Para que el bosque siga en armonía
hay que dejar al águila
volar libremente.
Para que la tierra mantenga la paz
hay que saber escuchar el sueño del niño.

.

RAMA

Los ríos que la habitan
se bifurcan entre su infancia y su sexo
tiene treinta y cinco años
y sabe que Mahoma no le perdonará
un hijo sin padre
por eso su vientre espera con calma
debajo de su vestido de flores
debajo de la pasión
desde una plegaria silenciosa
que pronuncia cada noche
para ahuyentar los malestares de la carne

Ser libre es dormir desnuda
sin unas manos buscando tu sexo
piensa mil veces
mientras cierra los ojos
y se sueña en una calle de Dakar
entre una decena de muchachas negras
recién llegadas a la pubertad
cada una ensaya cánticos ancestrales en wólof
cada una es una gaviota salvaje
volando alrededor del deseo

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1 comentario

Zachary Scott

agosto 9, 2025

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Julio Sanchez

agosto 10, 2025

Belleza de entrevista , sos poetas se encuentran y se reconocen .

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