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Acervo de Poetas Chiapanecos: Mónica Zepeda

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Foto Hugo Ortiz_
Foto Hugo Ortiz.

A cuentagotas

Qué dicha siento al hablar de mi niñez.

Creyeron manosear mi infancia toda,
y yo mantuve intacta mi inocencia.

Pretendieron inundarme la garganta,
y utilicé el perdón, a cuentagotas,
para engullir cada torrente
de supuesta hombría.

Hombre

Una luciérnaga en el luto de la campiña,
un acaso, un prematuro sinsabor, una vileza,
un rescoldo que atesora un presente, una infancia.

Un apellido para salvaguardar a la familia de lo profano,
una niña a quien se le arrebató el renglón corrido
y se le impuso el verso de tajo.

No. No me alcanzaron. Ni la tumba para impedirme amarte.

Si fueses uno, pero es que, hombre, eres tantos.

Madurez y golpe

Tú que como semilla dentro del fruto, todavía infértil,
te supiste el goce anhelado de la tierra.
…………..Tú que yaces sobre el suelo y eres,
…………..al mismo tiempo, madurez y golpe:
contemplas bajo el dulce árbol
no la sombra de sus ramas, pero sí su herencia.

¿Qué corta lejanía te pronuncia en mis raíces?

¿Por qué evoca esta noche el primer llanto
y aún se escucha el júbilo de tu existencia en el río?

El ahora milenario

Como cuando la tierra escarba con sus uñas la memoria,
como cuando el destino es humedad adherida a la memoria
y es roca, leche materna, y puerta la memoria.

Así la antorcha, envejecida mañana,
de súbito, contra todo designio, extravía la llave,
muerde el pezón, sumerge la roca.

Lo irreversible, sin tregua, socava ánimo y pupila;
cráter y túnel a la deriva de uno conducen:
hacia donde no estará jamás ni de nuevo aquella gloria.

Pero no es de esperarse que lo cortés espere por cortesía.

El ahora milenario, ahora mismo, no es éste, sino otro
cieno oscuro en el fondo de una corriente de sal y peces
o un diente de león en el transcurrir de la vida acumulada.

El fin de lo infame

Ya somos la inconsciencia que sufrirán los niños.
…………..El luto engendro del despojo es ahora
…………..raíz de la sed que no debemos y bebimos.

Ya será aquella sangre marea de las venas
del pasado, y la diástole quien clame
una última zamba a los latidos.

El polvo, la empedernida metralla y la barbarie,
las velas del milagro, y lo demás.

Después pasó el tiempo, mucho tiempo:
…………..casi lo que tarda la afonía en pronunciarse
…………..tras un minuto de silencio.

Hasta hoy, el hito que anuncie el fin de lo infame
no ha llegado ni la resurrección de los muertos
ni la concordia plena entre los vivos.

Pero cuán grandiosa es la bondad humana,
capaz de perdonar incluso a aquel
que detonó una guerra o presionó el gatillo.

La manecilla

Ya es lo que un día fue,
pero no imagina la manecilla
que, dentro de poco, volverá a su sitio.

Sitio como el adiós, repentino, agudo
en sus promesas y lamentos;
inmediato como él,
como él anunciándome lo eterno.

Ahí llegué a saberlo y todo el tiempo
se alzó en mí.

Bastaba con ser lo que no se entierra,
el polvo, la trascendencia, un epitafio.

El rumbo de un árbol, la dicha en los labios
del bosque, del bosque en agosto,
un menguante sin miedo recluido en su cuarto.

Bastaba con el festín de las sirenas
sorteando el guiño de un hospital
—desahuciado—, al igual que bastó siempre
la sensatez del infante salpicando alegría
a cada uno de sus charcos.

Ahí llegó a saberlo:
…………..—Hasta donde me he matado,
…………..según cuentan, no morí —le dije como
…………..lo diría cualquier persona que es feliz.


Soy todos los rostros que imagino y tú

Sostener en el roce
o en las manos un sueño
de los roces del albor y de sus manos.
Distender la venganza
de las manos en una voz,
en un perdón y un sueño.

Ser la otra cara de la manera
de decirse con la mano zurda
las maneras más correctas
para sólo ser y no decirse:
…………..Soy todos los rostros que imagino y tú.

Aprender a perder la puesta de sol
por apostar al rostro que no da la cara.
Y tenderse, férreo y fausto, bajo el sol
que cae en un volado con su rostro hacia la palma.

Honrar el cuerpo colmado de sombra y carne
y pensar que la sombra
es otro cuerpo, sentir que nos amamos
como el cuerpo y que los besos
envejecen como la carne.

Ver que la ausencia es otro juramento
que jura no jurar y que la vida
que elude nuestra historia
es esa vida de aquello
que se nombra juramento.

Ahora mismo, en los ojos, una huella
nos muestra, desde dentro,
un camino; el amor retorna
como ese camino que nos conduce
a nuestra propia huella:

…………..Ya no soy lo que sembré. He caído de la rama.
…………..Las raíces bañan en los cristales del río
…………..su rostro incesante y nuevo.

Sostener en la vida el juramento;
en el final, un húmedo pañuelo.

Brotar como la dicha, humana
y azarosa, porque, a secas,
es la fuente y, a caudales, el final.

Derramar por las grietas los ojos
del cuerpo inagotable que ama
y evapora y es destello
de la propia ceguera iluminada,
que es ajena y es de uno
como el cuerpo inagotable.

Y en un perdón, en una voz
o en las manos de un sueño
ver nacer la paz que aún se gesta
en las memorias de la entraña.

Del libro Las arrugas de mi infancia, Coneculta-Chiapas, 2020.


(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1987). Licenciada en Literatura y Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm. Es autora de Si miento sobre el abismo (2014) y Las arrugas de mi infancia (Coneculta Chiapas, 2020). Miembro del Seminario de Cultura Mexicana Capítulo San Cristóbal. Su obra ha sido incluida en Universo Poético de Chiapas: itinerario del siglo XX (Coneculta Chiapas, 2017); Poetas en el Cosmovitral (H. Ayuntamiento de Toluca, 2018), Grito de Mujer–Chiapas 2018 (Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, 2018). Poemas suyos también han sido publicados en diversos medios impresos y electrónicos de México, España, Honduras, Guatemala, Perú, Bolivia y Chile.