En esta entrevista con Nadia Contreras, aborda su evolución poética, sus influencias y el papel de la escritura en su vida. En su diálogo con Izhar León, Contreras menciona su interés por la luz y los reflejos, temas que surgen de su experiencia con problemas de visión, y el carácter autobiográfico de sus primeros libros. Posteriormente, su obra se aleja del tono introspectivo y se orienta hacia una exploración más amplia, abordando temas como la locura, la violencia y la maternidad. Contreras también destaca la importancia de la literatura como refugio, aunque reconoce sus límites.
Finalmente, la entrevista aborda Bitácora de vuelos, proyecto que inició como un blog personal y evolucionó en una editorial dedicada a la publicación y difusión de literatura, especialmente escrita por mujeres. En conjunto, la entrevista ofrece una visión profunda de la trayectoria de Nadia Contreras, su evolución temática y su compromiso con la literatura como un espacio de resistencia, memoria y transformación.
Izhar León: En parte de tu obra poética distingo cierto interés por los reflejos. Pienso en algunos pasajes de tu libro Caleidoscopio (2013) y en tu serie de poemas «Cuerpos en el espejo del agua». Si el amor abre sus cortinas, como dices en esta serie de poemas, al inicio, y el mar del gozo puede finalmente confundirnos, ¿cómo se conjugan la escritura con el verse reflejada en el mundo?
Nadia Contreras: Tienes razón en lo que observas. Sí hay un interés de mi parte en el predominio de las luces, las sombras, lo que se ve más allá incluso de lo tangible, de lo evidente. Pero fíjate que tiene su historia: no es un tema que haya surgido de pronto dentro de mi obra poética y narrativa: surge a raíz de mis exploraciones que tienen que ver con cuestiones médicas, que es un tema que me ha interesado mucho en la poesía en la última década, en donde, por ejemplo, voy a hablar de luces, reflejos, de la ceguera, de las alteraciones mentales, de la esquizofrenia, de la locura (viene un libro por ahí que aborda completamente el tema de la locura). Entonces son, digamos, etapas, que he ido identificando dentro de mi obra. La primera etapa se refiere al yo poético: como mi obra es de pronto muy autobiográfica, hay que mencionarlo, como que yo soy el centro. Los primeros libros fueron entender mucho de lo que me estaba pasando, mucho de lo que me sucedía: la adolescencia, comprender qué pasó con mi infancia; pero llega el momento en que considero agotado ese tema y empiezo a buscar, a abrir el abanico de posibilidades en cuanto a la escritura. Lo primero que yo tenía a la mano es mi cuestión visual, que tengo una visión pésima y me hace ver cosas que a veces no ocurren, o a veces veo cosas que están cerca y realmente están lejos y viceversa: una alteración visual muy interesante. También el hecho de que con mi ojo izquierdo no capto una cantidad de luz considerable y se me oscurece muy rápido: ver en la noche se me dificulta mucho, en los lugares cotidianos no pasa nada, pero tú me pones en un lugar nuevo y ahí sí se nota mi carencia visual. No veo, además, las dimensiones y los volúmenes: para mí todo el piso es plano, entonces camino, sobre todo en los lugares nuevos, con cierto temor a que me sorprenda un escalón o que no sea parejo el piso. Esas cosas no las distingo, siempre he estado batallando y temerosa a los lugares nuevos. A partir de ahí empieza mi reflexión en torno a lo que tú comentas: reflejos, luz, sombra. Y se amplió el tema a raíz de la ceguera de mi papá, de alguna manera son dos temas que surgen del entorno personal y que trato de llevarlos a un entorno mayor, a un universo. Creo que nunca vamos a ver luz siempre, pero tampoco vamos a ver sombras: la existencia está muy ligada a este juego. Muchas veces para algunos no hay matices o degradados; para algunas personas la vida se les presenta en blanco y negro; para otros, no: buscamos jugar un poquito con los colores.
En Caleidoscopio utilizo como pretexto este artefacto para tratar de vislumbrar otra forma de ver las cosas, otra realidad que va muy emparentada a la manera en como yo la veo: fraccionada, en pedazos. Nunca he tenido una visión completa de las cosas, siempre ha sido muy parcial: a una distancia considerada yo no veo, sólo la sombra de las personas, ciertos rasgos. Creo que el trabajo que he realizado en poesía está encaminado en ese sentido.
Pero como te digo: si buscamos, así es la existencia; si nos vamos a los temas como el amor, la vida, la existencia, la muerte, son todos matices a los que nos enfrentamos día a día. Sabemos que hay una gama impresionante de coloraciones en todo lo que hacemos. A veces estamos en el amarillo, en el rojo, cuando hay una alerta o algo nos está saliendo mal, y a veces estamos en el verde. En este sentido yo veo la existencia.
IL: Pienso que es muy reflexivo todo lo que recién dices, y eso me lleva a pensar en tu libro Presencias (2008), donde comentas que el poeta se demora en lo interminable: aguzas la mirada tanto introspectiva como exteriormente. ¿Crees profesar una poética que propone a la poesía como un acto contemplativo?
NC: Sí, estoy de acuerdo en eso. Fíjate que Presencias va muy de acuerdo a lo que te venía comentando. Presencias cerró el ciclo de esta búsqueda por el yo poético, de esta reflexión por la vida personal. Este buscar respuestas a la vida personal se cierra con un libro anterior, Cuando el cielo se derrumbe (2007), que publicó El tucán de Virginia, de Víctor Manuel Mendiola. Ahí se cierra un ciclo muy doloroso porque marca también la culminación de mi primer matrimonio. Cuando el cielo se derrumbe tiene poemas que en su momento cuando los escribí, y cuando los leía en las presentaciones o mesas, me lastimaban muchísimo. Hay un poema que dice «No me dejes sin caricias ahora que eres vértigo en mi lengua y todas las cosas, las de este mundo y las del otro», y ese no dejarme sin caricias a mí me va a marcar mucho porque vengo de una infancia donde empiezo a convivir con mis padres adoptivos (yo soy hija adoptiva), una relación familiar un poquito difícil, sobre todo con el lado materno, en el que siempre ha existido una fisura a la que no le encuentro ni pies ni cabeza.

Foto: Rolando Riestra.
Hace poco reflexionaba sobre lo que significa vivir el abandono y pensaba en los hijos adoptivos, en aquellos que fuimos huérfanos y experimentamos la orfandad en nuestros primeros años. No es lo mismo ser adoptado de bebé, sin tener conciencia de ello, que ser adoptado cuando se tiene una historia y una carga de información. Aunque se dice que el cerebro es como una hoja en blanco, está comprobado que, desde el vientre materno, el bebé percibe los cambios químicos y hormonales relacionados con las emociones de su madre. Sus sentimientos, temores y anhelos dejan una marca en el desarrollo del bebé, influyendo en su sensibilidad y en la manera en que responderá a su entorno desde sus primeros días de vida. En el pueblo donde nací, la gente se encarga de recordártelo, y no de una manera amable, sino con crueldad: «Eres adoptada, te encontraron en un basurero», y cosas por el estilo. La realidad puede ser diferente, aunque no necesariamente más alentadora. Entonces yo reflexionaba sobre esto. El problema de quienes crecemos huérfanos es que nos cuesta echar cimientos. Eso me ha pasado a mí.
Y cuando por fin empezamos a afianzarnos, a sentir que pertenecemos a algo o a alguien—porque, aunque suene mal, necesitamos un punto de apoyo, algo que nos ancle—, siempre ocurre algo que, de golpe, nos arranca ese cimiento. El libro Cuando el cielo se derrumbe para mí significó eso: otra vez una ruptura, un desarraigo, el abandono, la soledad, y todo lo que eso es: la depresión. Siempre he lidiado con ella.
Cuando escribo Presencias fue porque mi historia comenzaba a cambiar, y Presencias dice mucho de lo que yo experimentaba en ese momento: nuevas relaciones, la puerta hacia el amor, hacia la compañía, y otra vez, digamos, fui un árbol que fue arrancado de una tierra y fue plantado en otra. Y poco a poco yo sentí que con Presencias estas raíces otra vez comenzaban a afianzarse. Eso para mí es Presencias; quizás por eso el título: una vez más hay esperanza en la vida, el gozo de despertar cada día y decir… «Voy a hacerla». El libro contiene poemas muy hermosos porque hablan de lo familiar, porque de pronto también hay que mirar al interior de las familias, a quienes han sido personas importantes que han estado con nosotros, mirar también a la gente que me empezaba a rodear y que me empezó a hacer fuerte para reiniciar el camino. Esa es la simbología que le da Presencias a mi vida. Tú hablas de contemplar, y sí, efectivamente, fue un giro de la mirada hacia el pasado para reconocer la presencia de quienes nos han acompañado a lo largo de los años. Sin embargo, a veces la visión se nubla y dejamos de ver, perdiendo también la capacidad de contemplar el futuro. Es, entonces, una mirada retrospectiva, pero también la apertura a un futuro mucho más alentador. Y eso es Presencias para mí.
IL: Un mundo que pinta, al menos, mejor que lo que fue.
NC: Así es, exactamente. Con Presencias se cierra este ciclo de búsqueda, como te digo, por el yo personal. De ahí en adelante, tú vas a ver que mis intereses en la poesía van a empezar a cambiar muchísimo, y quizás en donde tú notarás ese cambio es en otro libro que escribí, que publicó Pinos Alados, de Rosa Espinoza, que se llama Quedará el vacío (2017), que en este caso, aunque el título es muy fatalista, tiene una larga reflexión sobre el color.
IL: Ahora que mencionamos esto de la escritura como posibilidad, en tu libro Lo que queda de mí (2003) hablas, como acertadamente el título sugiere, de las cosas que de algún modo te han dejado. Quizás una especie de recapitulación de la tristeza. ¿Consideras que la escritura puede ser, entonces, un refugio?
NC: Sí, definitivamente la escritura es un refugio en toda la amplitud de la palabra, pero hay que tener cuidado. En un principio le aposté a la escritura y a la lectura toda esta carga emotiva. Yo padezco depresión marca diablo, no sé cómo más llamarle. Entonces, la lectura y la escritura se convirtieron en mi tabla de salvación. Lo que queda de mí es uno de mis primeros libros. Antes había publicado un libro que, con los años, a pesar de ser una poesía muy inocente y sencilla, me sigue gustando mucho: Mar de cañaverales, y yo creo que es un homenaje a Quesería, mi pueblo natal, en Colima. Luego viene Lo que queda de mí, que publicó el Fondo Editorial Tierra Adentro porque recibe una mención de honor en el Premio Elías Nandino. Cuando recibo la noticia de que se va a publicar ese libro me dio mucho gusto, porque Tierra Adentro en esa época era el gran programa editorial Tierra Adentro, que les daba oportunidad a los jóvenes de provincia de tener acceso a este tipo de publicaciones, y aparte en esa época te llevaban de gira. Yo conocí muchas partes de la república con ese libro. Era una maravilla, yo creo el programa Tierra Adentro tuvo una época dorada en donde muchos escritores jóvenes podíamos llegar a otros públicos. Aún no existían el internet ni las redes sociales, no era como ahora.

Foto: Mauricio Román.
Lo que queda de mí habla de la búsqueda de la madre biológica y es una conversación con ella, una conversación ficticia. Hay un poema en ese libro que a muchos les ha gustado y ha sido traducido a varios idiomas. Dana Gelinas hizo la traducción al inglés y se publicó en la antología de San Diego El mar, sus olas a la orilla del sueño. Dana Gelinas es una poeta impresionante, monclovense, por cierto. Entonces, bueno, es un diálogo con la mamá, un diálogo directo, de frente, y hay mucho reclamo poético entorno al abandono: es tratar de buscar las respuestas. Obviamente me baso en algunas cosas ciertas, porque para entonces había investigado un poquito ese pasado, había regresado al Hospicio Cabañas, que en ese momento no estaba donde originalmente era.
A partir de ahí, empecé a confiar mucho en la escritura, la tomé como uno de los mayores psicólogos, como una herramienta catártica, algo que había experimentado desde la secundaria, cuando me acerqué por primera vez a la poesía con Amado Nervo, y dije: «Si Amado Nervo puede escribir esto, yo también lo puedo hacer», y empecé mimetizándolo mucho.
Luego se empieza uno a desembarazar de esas influencias y, bueno, Amado Nervo me abrió el panorama de la poesía en México y fue muy padre, por ejemplo, descubrir la poesía de Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, César Vallejo, y luego la poesía de grandes escritoras: Rosario Castellanos, Pita Amor, y las poetas que hablan propiamente de esta existencia difícil, de la vida, de la muerte: Silvia Plath, Alejandra Pizarnik, etcétera. Tomé a la poesía como este gran refugio en donde yo podía ser quien era realmente con todos mis miedos, mis deseos, mis confusiones, con toda la negrura, con este cielo tiznado que yo siempre he dicho que me persigue, que le encanta estar presente casi todos los días. Incluso esta referencia del cielo tiznado, cuando se hace la ilustración de Lo que queda de mí, es un corazón tiznado que habla mucho del contenido de libro, es una portada muy acertada.
Yo te voy a confesar algo: si me dijeran que volviera a escribir ese libro, no lo haría. ¿Por qué? Porque fue un periodo muy difícil para mí. Y ni siquiera le pondría el título que tiene; para mí, es un título que, si lo veo en retrospectiva, con todo lo que he aprendido, con todo lo que he vivido y con las terapias que he tomado, ya no tiene el mismo significado, dices: «No, espérate, ese título no puede ser». Es muy divertido el título del libro para mí, verlo de esa manera, porque eso era yo en ese momento. Sin embargo, sí te voy a decir que la literatura y la poesía, principalmente, me han ayudado a configurar mucho de lo que soy y mucho de lo que pretendo ser. Creo yo, y lo digo con la mano en el fuego, que si no hubiera tenido la escritura como aliada, no sé realmente si estuviera hablando en este momento contigo. Muchas de las cosas de la depresión, de las confusiones, de este cielo tiznado que siempre me ha acompañado, no sé si hubiera podido sobrevivirlas sin la escritura y la lectura. La lectura te abre un panorama inmenso, te permite comprender a los personajes, identificándote con ellos y resolviendo tus problemas junto a ellos. Cuando te das cuenta de que no eres el único, sino que hay muchísimos personajes y muchas experiencias compartidas por aquellos que están contigo, que pasan por situaciones similares, pero que muchas veces no lo expresan, piensas: «No estoy tan mal», y eso te da cierta esperanza. Sinceramente, a ese grado le confié a la escritura. Más adelante, y te hablo de un año para acá, me di cuenta de que la escritura sí me ayudó hasta donde pudo. Sin embargo, tenía que emprender el camino con ayuda profesional, porque la escritura, la lectura y mis decisiones—yo, como Nadia, no pude seguir sola. Entonces dije: «Sí va a ser necesario buscar apoyo psicológico y psiquiátrico». Pero sí ha sido un refugio, y en verdad estoy agradecidísima con la escritura, porque prácticamente gracias a ella estoy aquí. Así de sencillo.
IL: Siguiendo en esta línea, pienso en tus poemas de «Maternidad con incertidumbre de fondo». Creo que son grandes poemas y, además, desgarradores. Ahí mencionas que la luz del paraíso debe estar en otra parte, y pienso que al menos así lo esperamos cuando habitamos un mundo que puede ser hostil. Pienso también en Adorno cuando dijo que después de Auschwitz no se pueden escribir poemas. ¿Por qué escribir en medio de un mundo que sigue siendo atroz?
NC: Estos poemas se publicaron en el libro Visiones de la patria muerta (2014), una edición de Romina Cazón en Ediciones El Humo. La portada, por cierto, me la hizo otra gran poeta, Marisol Vera Guerra, que también es ilustradora. El libro tiene el contexto de la violencia hacia las mujeres en México: los asesinatos, los feminicidios, las desapariciones. En el libro se abarcan 31 asesinatos que quedan impunes para esa época. Habla también sobre las mujeres que van a buscar, hacia Estados Unidos, nuevas oportunidades, pero que tienen que irse caminando, irse en La Bestia. En este sentido, partiendo de la pregunta que tú me haces, yo creo que la poesía, y la literatura en general, las artes en general, tienen que seguirle apostando, aún en contextos de incertidumbre, de miedo, de injusticia. Es de las pocas maneras (sin relegar otras disciplinas como la historia, la sociología, el mismo periodismo) en donde se vuelve tangible nuestra historia como mujeres. Lo que a veces vemos en los medios o en ciertos estudios está velado, modificado, y creo yo que la literatura se mantiene muy fiel a la realidad, y esa es una de las cosas que a mí me gustan. Sí, se mantiene muy fiel a la realidad de los contextos, pero también a la realidad de lo que nos sucede internamente como personas. La poesía debe de seguir siendo un recurso para evidenciar todas estas cosas. Incluso, aunque uno diga: «Es que es muy subjetiva, muy de interpretaciones, cada quien puede interpretar lo que quiere», hay una poesía que es muy clara en lo que sucede, y esto fue lo que yo quise hacer en estos poemas. Ahí hablo de la maternidad, de parte de la maternidad (yo no soy madre, no pude tener hijos –eso también es un tema que anda por ahí en varios libros).
Hablo desde la esperanza, por ejemplo, de una mujer que aspira a ser madre de familia, pero que realmente se enfrenta a estas incertidumbres: ¿cuántas desapariciones de jovencitas que iban a la escuela un día cualquiera y, de pronto, no regresan, están marcadas en la realidad? El propósito de estos poemas es evidenciar este tipo de situaciones que, aunque se denuncian y aunque están ahí presentes, forman parte de una triste estadística: hablamos de 13 desapariciones por día en la República, de quién sabe cuántos cuerpos encontrados. Hablamos de un gran número. Creo que hemos llegado al punto de normalizarlo. En el momento en que alguien declara, por ejemplo: «Es que me violó, pero lo bueno que no me mató», o sea, espérame. ¿Por qué hemos llegado a ese momento? La respuesta me lleva nuevamente a la poesía, a la literatura y a las Bellas Artes.
La poesía es un acto de resistencia, es un regreso a la mirada profunda sobre este tipo de circunstancias que no pueden pasarse por alto. Nos invita a reflexionar, a no permitir que la indiferencia se apodere de nuestra conciencia. La literatura, en su forma más pura, tiene la capacidad de hacer eco de las injusticias, de rescatar la memoria de lo que ocurre, de mantener viva la lucha por un mundo más consciente y sensible.
«Maternidad con incertidumbre de fondo» es eso: el nacimiento, la espera anhelada. Por eso, en el primer poema digo que soy un acontecimiento con el vientre crecido, esperando a un hijo o una hija, pero también soy alguien que, en determinado momento, se enfrenta a la incertidumbre, porque no sabemos qué sucederá. Esa es la idea central, pero también en el poema se aborda la cuestión del aborto: esa otra posibilidad en la que, finalmente, el nacimiento no se concretará, y lo que esto implica.
IL: Sobre esto que mencionas de las situaciones o condiciones que tienen que atravesar las mujeres: fundaste Bitácora de vuelos (un espacio y un proyecto que admiro) y, como aparece escrito en su sitio web, está abierto no sólo a la pluralidad de voces, sino que, sobre todo, se considera fundamental para la promoción de la literatura escrita por mujeres. Me gustaría que me comentaras un poco acerca de este proyecto.

Foto: Juan Carlos Resinos.
NC: Bitácora de vuelos surge en el 2013. Primero era mi blog personal, ahí empecé desde que el internet nos ofreció la posibilidad de tener un espacio para que nosotros, como escritores incipientes, pudiéramos publicar. A mí me voló eso la cabeza, y es uno de los grandes aciertos del internet, y que se ha reforzado a lo largo de los años. Marcó una revolución para mí el uso del internet, aparte que me encanta. Entonces nacimos en el 2013 ahora sí como Bitácora de vuelos(primero Bitácora de vuelos, y después se le agregó el «Ediciones». Como en mi sitio personal, el de Nadia, venía publicando colaboraciones de otras personas, decidí separarlos para dejarlo exclusivamente para mi trabajo literario y toda la labor de difusión y gestión cultural que se concentra ahí. Estamos hablando de redes sociales, del canal de YouTube, de toda la gestoría cultural; se concentró en el portal de Nadia.
Decidí separar Bitácora de vuelos para dar paso, primero, a la revista digital, en donde estamos desde el 2013. A mí me da mucho gusto porque hemos sobrevivido a tiempos difíciles: la pandemia, principalmente; a los cambios en el uso del internet. También, por ejemplo, ahora los autores no dependen de las editoriales, cuando en un principio debías tener una editorial que te respaldara la publicación del libro para que éste pudiera llegar a más lectores y tuviera un abanico amplio de posibilidades en cuanto a distribución. Antes las editoriales eran algo muy importante; ahora ha cambiado esta relación. ¿Por qué? Ahora, el autor tiene la posibilidad de autopublicarse, lo cual es bienvenido, siempre y cuando se haga de manera adecuada. En los talleres de edición que imparto, siempre les he dicho que el hecho de que uno pueda autopublicarse no significa que se deba pasar por alto el proceso editorial. El manuscrito debe seguir un camino que incluya la revisión, la edición, la corrección y la maquetación. Es fundamental respetar estos pasos para ofrecer al final una obra de calidad, tanto en contenido como en la edición.
Pero, como te digo, primero fuimos una revista y hemos seguido publicando a muchísima gente. Sí, tenemos un enfoque de preferencia hacia las mujeres, pero es un enfoque que vamos a acentuar al año siguiente, en 2014, cuando se funda la editorial como Bitácora vuelos ediciones. La primera propuesta que nosotros hicimos fue la de publicar exclusivamente libro electrónico (no libro digital, no estamos hablando del PDF que se sube y sanseacabó), es decir, un libro que va a responder a las necesidades del lector, y estamos hablando de aplicaciones o aparatos específicos para ellos, como el Kindle. Nuestro lema sigue siendo que fuimos la primera editorial en México en publicar libros electrónicos, aunque con el tiempo eso cambió. Editoriales como Ediciones Era y el Fondo de Cultura Económica también comenzaron a hacerlo, y la tendencia se universalizó. Hoy en día, creo que es raro encontrar una editorial que se concentre únicamente en la impresión física de libros. La mayoría de las editoriales ofrecen las dos opciones: libro electrónico y libro impreso. Sin embargo, este cambio ocurrió años después. Debo decir que nosotros tomamos como inspiración un proyecto muy hermoso iniciado por el poeta Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, llamado Crunch Editores. No recuerdo con exactitud el año, pero fue mucho antes que nosotros. Era una editorial que él fundó y gestionó, y lo que él hacía era: «Nadia, pásame un libro tuyo para subirlo digitalmente», y era un PDF. Lo más interesante de ese momento fue que él subía los libros a la página de Crunch Editores, y desde allí se podían descargar en cualquier parte del mundo. Eso me llamó mucho la atención, porque, especialmente quienes somos autores sin el respaldo de una editorial transnacional o sin grandes influencias, nuestros libros suelen circular de mano en mano. Pero, ¿cómo lograr que mis libros llegaran a lugares tan lejanos como la Ciudad de México, Yucatán, Estados Unidos, Canadá o cualquier rincón del mundo? La respuesta estaba en lo digital, en internet. Me interesó mucho este tema y pensé: «¿Por qué no podemos hacer que nuestros libros, escritos aquí en el norte de Coahuila (porque ahora estoy en Torreón), lleguen más lejos?» Fue entonces cuando comenzamos a trabajar en la configuración de lo que sería la propuesta editorial de Bitácora de vuelos ediciones, que, principalmente, se basa en el formato electrónico y tiene un enfoque especial en difundir la literatura escrita por mujeres. Nuestro punto de inspiración fue el proyecto de Crunch Editores.
Con el tiempo, me di cuenta de que tenía que especializarme más, porque al principio sabíamos hacer cosas muy básicas, pero el libro electrónico tiene sus particularidades. Tomé varios diplomados con Camilo Ayala y me fui especializando en el libro electrónico, el uso de redes sociales y el marketing. Al principio, nuestros libros se distribuían de manera gratuita, pero a medida que fuimos creciendo, comenzamos a necesitar más recursos. No podía hacer las portadas, así que tuve que contratar a alguien para que las diseñara. Tampoco podía maquetar, especialmente cuando empezamos a trabajar en libros físicos, y fue entonces cuando surgió la necesidad de contratar personal para apoyarnos en la editorial. Esto implicó un gasto, algo que creo que siempre se debe tener en cuenta. A veces nos cuestionan sobre el costo, pero cuando alguien dictamina una obra, le da un valor implícito, y eso tiene un costo: debemos pagar a los dictaminadores, a quienes elaboran las portadas, a quienes revisan los libros, porque no puedo hacer todo eso por mí misma. En verdad, Bitácora de vuelos es una editorial que ha ido creciendo y ampliando sus horizontes. Contamos con traducciones, libros infantiles, formatos electrónicos y físicos. Ahora, por ejemplo, tenemos una serie de libros que se publicarán en los próximos meses, y estamos trabajando en todos los preparativos para ello.
Publicamos cuentos, poesía, novelas, ensayos, minificciones, además de los Premios Internacionales Bitácora de vuelos. También tenemos una categoría infantil-juvenil, antologías, ediciones especiales y ofrecemos servicios editoriales. Nuestra distribución abarca todo México, donde estamos presentes electrónicamente en plataformas como Gandhi, Porrúa, Kobo, Payhip, iBooks, entre otras. En el extranjero, trabajamos bajo demanda a través de Amazon.
Es un proyecto que ha crecido enormemente desde su inicio en 2014, y me siento muy contenta porque la gente sigue confiando en nosotros, con una respuesta cada vez mayor. Uno de los logros más importantes ha sido visibilizar el trabajo de las mujeres escritoras, ya que, al revisar nuestro catálogo, encontramos que hay muchas más autoras publicadas que autores. Esto ha generado un ambiente de acompañamiento y apoyo para las escritoras. Además, hemos sido parte de un cambio en la visión sobre las editoriales: antes era necesario contar con una editorial, ahora podemos autopublicarnos. No obstante, que aún sigan confiando en un proyecto como Bitácora pues no tiene precio.
MATERNIDAD CON INCERTIDUMBRE DE FONDO, 1
La acumulación de cadáveres no identificados, aunados a la falta de aire acondicionado, comienzan a provocar olores desagradables en las diferentes áreas del edificio del Servicio Médico Forense (Semefo). Desde la entrada al Semefo se siente el calor y se percibe el olor un tanto desagradable. Trascendió que hay más de 15 cadáveres en el interior y aunque hay refrigeradores, los olores en ocasiones nauseabundos no se pueden evitar, toda vez que hay cuerpos en avanzado estado de descomposición. Luego de una temporada con muy pocos homicidios dolosos en la Región, en las últimas semanas se han incrementado y sólo en el presente mes se han registrado 31 asesinatos.
Te anuncias en mi umbral
gozo incesante,
estallido entre las hojas
de los árboles.
Desde la esterilidad
tus ojos son la transparencia
del espejo.
Soy el acontecimiento.
A mis 42 años
abro la calle,
abro la mirada.
Pájaros cruzan el cielo.
.
LA PALABRA, SU ESTERTOR
Vibra,
es humo, expansión de alas
sobre el río de la noche.
El poeta no duerme.
Y si duerme, lo hace para mirar.
No bosqueja. Preferible
el impulso, la seducción
—bocas, ciudades ígneas,
dibujos, los nombres de la sed.
El poeta no duerme:
se demora
en lo que ya es, de por sí,
interminable.
.
CUERPOS EN EL ESPEJO DEL AGUA [fragmento]
El día siguiente de las caricias
y de los sentidos agudos como el eco.
El pasado no es rompecabezas
que disuelve la mañana.
El dolor aúlla, se extingue.
Y lo que quiebra desde dentro.
Has abierto mis oídos
a la sonoridad
que desciende del cielo
y vuelve espejo
el universo de la ola.
Inmersos en el gozo, su danza,
el mar nos confunde.
ENTRE EL PRINCIPIO Y EL FINAL, IV
En la inflexión del olvido
dejo los sentimientos.
Llorar, equivale
a acercar lo lejano,
a doblegarme
ante las puertas
que se cierran
y fotografías
donde no se distingue
el hundimiento de la sombra.
No voy a llorar
cuando mueras, padre;
no voy a agregar
más lágrimas
a las lágrimas,
más palabras
al lenguaje descompuesto
de la ausencia.
Vivir consistirá
en extender la mirada
sobre el desierto
y duplicar, dentro de ella,
el color de la espuma,
el color del fuego
que enciende los campos.
Luego, hallaremos
otros rostros
entre el principio y el final.
MEDIR EL AMOR
por tus ojos,
o tus manos que alimentan
las palabras;
esa luz,
hiende las cortinas
y nos funde en laberintos.
El amor, desde otro tiempo,
cuando aquel hombre
me alzaba
como el viento a las hojas.





