(Monterrey, Nuevo León. 1991) Poeta, docente y editor. Fue Jefe de Proyectos en Ediciones Atrasalante, Gestor Editorial en el Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo de las Artes (UANL) y dictaminador de diferentes editoriales mexicanas especializadas en poesía.
Ha sido docente para el CEDIM, CONARTE, el INBAL y el ITESM. Su obra se encuentra en diferentes antologías y revistas del país, así como en el libro Por donde el diablo atraviesa los huesos (2022, ENE/UANL). Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León (2022, CONARTE) y del PECDA NL (2025-2026). Actualmente dirige la revista Hormiguero de Poemas, coordina alianzas estratégicas para la editorial Vaso Roto y es representante del Gremio de Escritores de Nuevo León.
Cada cosa por su nombre
Cuando digo
Piedra no espero
que al pronunciarla
el sonido la arroje de mis labios.
Cuando digo, por ejemplo,
amor, tampoco espero
a nadie tocando mi puerta.
Pero hay palabras,
las menos, que una vez dichas
incendian al momento
de sus sílabas.
Quisiera aprender
a decir tu nombre
deseando
que una vez
al menos
nada pase.
.
Alguien entró a tu corazón sin quitarse los zapatos,
dijiste. Aquella imagen me robó el sentido. Tú
continuaste hablando. Estabas
cada vez más molesto.
Y en verdad, yo estaba poniendo un cuidado
particular a la charla. A la inflexión luminosa
de tu lengua. Entre nuestras vidas se fue erigido un muro
de años. Tú enfermas
de gravedad. Me buscas
para decirme que un imbécil
nuevamente no se ha descalzado
y pisoteó tu corazón.
Nada que quepa
en este poema
o en cualquier otro te dará
consuelo ni abrigo, mucho menos el cielo
que mereces.
.
Desde que nos sabemos hay un dolor
que nos ha recorrido. Yo no sé
explicarte cómo es que sin advertirlo
nos atraviesa, nos toca
el corazón desde la espalda.
Una punción de metales
espadas
saetas incendiarias.
San Sebastián
reverdece desde un principio
en ti en mí
en lo nuestro.
¿Son los filos del hombre
o los del mundo
que nos abren
la llaga para depositarse dentro?
Apenado conmigo mismo
no sé explicarte
si esto es un camino elegido
un camino que entinta
al horizonte y que devora
a quien lo espía.
Al soltar con el pulso
de la mano
un puñado
apenas
de palabras.
.
El exceso de agua puede tener complicaciones
La viciada humedad de la tristeza escurre
entre las paredes de mi cuarto vuelve
mi cama un mar ingobernable hay huesos
y entrañas atascadas nada fluye
agua verde del estanque el sólido
cimiento de mi frente clausura la cabeza
robustece las puertas cierra el pensamiento
hoy como nunca ser sombra ser naufragio
en el mar de mi cama todo es ancla
caigo de dolor
a un dolor más hondo
es que
me digo
mi dios
se ha quedado sin voz
mi dios
no tiene fuerza para dar
una palabra suya
este dios contempla
cómo mi ruego se suma
a su eterna lista de pendientes
en el oleaje confundo su voz con tierra firme
mi dios
cómodo y decantado del ojo
a la mejilla
y yo
de frente y solo
ante el revestimiento de tierra
que recubre tu cuerpo
pido presencia
.
Si hablara de tu muerte diría
que no sé nada
pero nunca me quedo sin palabras
digo entonces
que en tu pecho redoblaba un amor de niño
que sí
que el aire te pudo haber abandonado
pero la luz
nunca
que al dormir tus manos
se llenaban de palabras
y las repartías como migajas
de vida
a las aves
aunque a veces digo,
también,
que todo de ti ya fue dicho
y me digo
que has migrado
a donde el cierre es apertura
y casa
y quiero decir
cuando preguntan por ti
o tu muerte
una extensa lista de lugares comunes
que la gente dice
sobre sus muertos
para evitar la pena de los otros
o las falsas palabras de piedad
que se presentan en el duelo
pero en realidad,
solo quiero decir
que estoy solo.
.
Mañana será otro día
El día ha abierto
con cada pétalo de luz
decidió tocar la frontera nocturna
algo le dice: anda
derriba aquel muro
que divide el tiempo
de la vida mundana.
La mañana
con su sol a cuestas
toca a miradas el mundo. Parpadea
y dicta la forma
de lo que viene.
Pero el día no sabe que es
sólo por hoy. O, quizá,
prefiere ignorar
lo predecible de su muerte.
Así como algunos animales
los días se apenan con su propia muerte.
Hace ya tiempo
murió mi perro, se escondió
para no causar molestias
— dijo el veterinario—. Y pienso
desde entonces, quizá los días
son cachorros asustados
que saben perfectamente
a qué hora esconderse.
.
Un cielorraso
Me creo escenarios del reencuentro
para que
— luz mediante —
nada quede
Idealizo sobre nubes
tronos
trompetas
y alas imposibles
justo como dicta la tradición
Pero el cielo
es claramente asimétrico
–duro de escalar
está el cielo– dijiste
–es puro rapto
pura mentira–
y mentira
también
que has de bajar.
.
A esta hora
como en cualquier otro día
ya se habría quedado atrás,
muy atrás de las montañas,
el sol. La prosopopeya
invita a darle consciencia. Decir
por ejemplo: El sol ha elegido
no retirarse. Hoy está convencido,
profundamente convencido,
de anaranjar hasta el último momento.
Pero sería esto restar mérito
a la ciencia que nos vuelve
humildes habitantes
del tiempo. Yo me impongo
una tarea sencilla, una pregunta
antes de actuar, ¿será
que mañana amanezca
más tarde y pueda,
a hurtadillas, encender
un cigarro de madrugada
para ver el humo pasar
y nada más. Yo,
que solo pienso
en mí, de nuevo te hablo
desde la necesidad urgente
de soltar al mundo
de mi mano.





