Poesía,

Palabras para una premiación y tres poemas de [Contra] Dicción, de Luis Armenta Malpica

Hace unas horas se llevó a cabo la ceremonia de premiación virtual del Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal 2021, que mereció el libro [Contra] Dicción del poeta y editor Luis Armenta Malpica.

Hoy en Carruaje de Pájaros publicamos las palabras preliminares que ofreció el poeta al público en general, así como tres poemas de su libro inédito.


PALABRAS PRELIMINARES PARA UNA PREMIACIÓN

Luis Armenta Malpica

Agradezco a la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Secretaría de Extensión y Cultura y la Facultad de Filosofía y Letras, y al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, a través de la Coordinación Nacional de Literatura, convocantes del Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal 2021, y a los miembros del jurado: los poetas Carmen Villoro, Eduardo Langagne y Juan Carlos Abril, por hacer posible esta distinción que lleva el nombre de una gran amiga poeta, generosa promotora de la literaturas y las artes, ya sea desde la Capilla Alfonsina o con la insigne colección de poesía El Oro de los Tigres, que nos ofreció alternativas de contacto con escritores de otras épocas, idiomas y países.

Nunca, que yo recuerde, me había llamado el jurado de un concurso para felicitarme, así, de uno en uno, como en esta ocasión lo hicieron Carmen Villoro y Eduardo Langange. Llamadas extensas y plenas de cariño, lo cual agradezco doblemente. Este premio ha sido un gran regalo de su parte, de Juan Carlos Abril, quien participa en esta ceremonia, y de Minerva Margarita Villarreal, a quien vi por última vez en Monterrey, en la presentación de un libro mío. Mine murió al poco tiempo y no hay manera de que el agua no me la recuerde, ni corazón más secreto que no murmure su nombre cada tanto.

[Contra] Dicción, intenta ser, desde su título, una oposición y una resistencia: un lado beligerante y poco recorrido en la poesía mexicana, al cuestionar e ensayar lo que es el poema, su desarrollo, su capacidad para entrar en la intimidad biográfica o dar cuenta de los acontecimientos sociales más violentos: “los desaparecidos” por razones políticas o vinculadas al narcotráfico, los desarraigados a causa de sus preferencias sexuales o las víctimas de los desaciertos económicos globales y otras desigualdades históricas; asimismo, lo que llamamos discursos políticamente incorrectos, como estar en contra de la cancelación de pensadores y artistas que en un tiempo no tuvieron congruencia entre el ser de su escritura y ellos mismos, y yo asuma la postura personal de negarme a arremeter en contra de sus obras.

A lo largo de las secciones que se nutren del lenguaje legal: “El conjunto de los hechos”, “Antecedentes [penales]” y “[a] Part [e]”, pretendo glosar el epígrafe de Philip Roth con el que arranca el poemario: No se trata de borrar la contradicción ni de negarla, sino de dar, dentro de ella, con el atormentado ser humano, del cual me permití borrar la palabra “atormentado” para alejarme, lo más posible, del desarrollo lírico del dolor. Allí caben tanto mi dubitación sobre el comportamiento propio ante ciertos elementos del lenguaje inclusivo, la comprensión de nuevas masculinidades o el desapego de comportamientos machistas, como las elaboraciones y reconstrucciones de mis maneras de ser con quienes me rodean.

Este poemario parte de muchas lecturas anteriores, una de ellas fundamental para su arquitectura: Actas del juicio de Edgar Lee Masters. Que no sean las lápidas de la Antología de Spoon River, sino los seres vivos quienes enjuicien a la sociedad y su lenguaje me ayudaron a revelar ambos lados de una misma moneda: la fiscalización y defensa de lo que nos conforma como seres humanos a través de variados argumentos y visiones, testimonios plurales al servicio del poema y un trabajo exhaustivo hacia dentro de mí.

Estas indagaciones vienen a equilibrar mis intereses y a observar, de una forma quizá desprejuiciada, lo que con el lenguaje tengo claro, pero en la vida, por cuestiones de aprendizaje histórico, me cuesta incorporar en los eventos diarios que van de la escritura en solitario a un juego de futbol, de los enfrentamientos con la muerte, que todavía no cierran o los veo más cercanos, hasta el confinamiento carcelario (que no el de la pandemia) y la falta de muchas libertades por las que todavía peleamos, ya sea el 8 de marzo, en el mes del orgullo o esas del día a día, sin agua ni salud.

La poeta y ensayista Tedi López Mills dice que “no hay otra voz que el yo en el poema, aunque lo disfracemos de un yo comunitario (nosotros), de un yo totalitario que inventa personajes para decir no soy yo, pero así lo enfatiza”. Yo es otro, nos dijo Arthur Rimbaud. En todo caso, insiste López Mills, “esa voz omnisciente que pretende representar a una comunidad es más chocante y pretenciosa que el tratamiento del yo por humildad”: el yo pequeño, íntimo, que se reafirma en su propia incertidumbre. Yo abogaría por ese yo, el otro y el tercero, aunque se contradigan. Esto es la democracia, un bien indispensable y casi nunca justo. Esto es lo que he intentado desde múltiples rostros y poemas. A ver si ahora coincido con alguno, antes de que muramos o perdamos el juicio.


PRESUNTOS IMPLICADOS

Algo se me fue contigo…
Manuel Alejandro

Algo se nos va
perdiendo con la literatura: alguna
libertad de ser románticos, ilusos, cursis, por el temor a parecer
menos intelectuales (quizá desencantados) en un siglo que apuesta
por la deshumanización y la homogeneidad
aunque la disfracemos de sarcasmo y frescura. Se le llama poesía
a casi cualquier cosa fuera del corazón, mientras
no duela, no incomode las vísceras, pero sí las pupilas
de quien afuera lee, quien aplauda las ausencias de un pálpito
que ensucie la humanidad en uso. Borrón en el papel
sin que nos manche el músculo o el hueso. Ese “yo”
ahora maldito, bastardo, insuficiente
para hablarle de usted y respetuosamente a lo que no comprendo
y aparto de mi vista para no avejentarme de ese “nos”
ya tan lejos de “mí” que parece otra cosa. Pero ellos
lo sabrán: a “yo” no le interesa lo que no arde.
“Yo” no es algo que al otro me preocupe.

Me preocupas más “tú”. Si tú te vas
se muere lo que pienso, aunque no escriba.
Robert Frost nos conmina a cambiar las ideas por lenguaje
pero no es tan sencillo. Ya vi que los pronombres
alteran nuestro ritmo. Imagina si ocurre
la síncopa del alma. Yo tendría un aneurisma
en el verbo vivir. No podría conjugarlo
si no implica estar juntos.
Por eso pienso en “tú”.

Si el corazón dictara los etcéteras
no agobiaría la espera con su temblor de sueño.
Ese cuerpo que abandona su gis en la figura
echada en los supuestos, como si todos
los presuntos implicados fueran Dios, pensaría:
el sexo del poema es infinito
pero el género es todos.

Y luego (porque existo) me duele más tu madre
que se nos fue
unos años después de nuestra boda. Y no hay verso en el cual pueda
dudar si es que hubo incendio. No hay
poema que pueda cicatrizar la herida de tus ojos
ni ese cielo nocturno de algunas desveladas.
La jurado lo sabe. También ella se ha ido
aunque el juicio final sea una escalera
que baja al corazón de todos (por lo tanto, ninguno).

El dolor no me sacia ni me llena.
La poesía no embellece si hace falta
en la palabra madre o la silabación
del hijo (¿qué pronombre?).
Las palabras nunca
nos transparentarán como una
lágrima: su reflejo
inexacto
da cuenta de las pérdidas
cuando los que se van
somos otros
no ese tú
que nos hizo
del ojo al corazón
en su ceguera.

Si hubiera un dios en la poesía
…………si no se hubiera ido de los poemas
serías el unigénito
…………aunque te condenaran
nada más
…………por ser
……..
el exilio de todos.

Pero si hubiera un dios en la poesía
estaría en ese gis, cual residuo del fuego
que da forma a la ausencia.

a doña María Márquez Amarales y a mis cuñadas


.

ALGUIEN SE LO DIRÁ A JOHN ASHBERY

Se escuchaba a Cleo Laine en el pasillo
y el viento hacía más fuerte mi voz en la escalera.
Era un eco de gasa como guante
deslizándose al piso. Yo atacaba
las notas como sacos de box.
Estábamos aislados. Alguien se iba a enterar
que la vida no iba
ser tan sedosa. Que no estábamos solos
alguien lo fue a saber. Y si en algún periodo
de este confinamiento se descubrió
que tenías un poema de verdad, requemado
esmaltado por el sol del estío, ahí
se iba a quedar, en su desolación
y su ternura. No pasaría de una mano a otra mano
como ocurre con las cosas
notables y que no llevan prisa. Lo que acompaña
a la honestidad es una luz
que enciende sin ningún artificio.
No haría mejor a nadie permaneciendo allí
pero las cosas hubieran sido peores si perdieras
la calma. Tú seguirías enfermo
en tu hermosura, de paso
hacia el desorden que lleva
a la poesía. ¿No viste acaso que era
mi exiguo patrimonio? Mientras tanto, surgían grandes incendios
como paja quemada en el entorno. Alguien se acercó
a ti con el fuego en las manos. Evitaron el beso
y eso fue aborrecible, pero la generosidad
con la que uno se duerme
se conformó ya en casa: un lugar
a resguardo, por el que preguntaron
si tenías esperanza de salir de este poema
y entregarlo a su dueño antes de ese cambio de música
transformado en siseo, gis blanco que envolvió tu figura
recostada en el piso tan ardiente, pero ya sordo
tú, mientras la policía apenas se abría paso entre esos restos
de papeles y arena y uniformes y música.
Cleo Laine testificaba: “He was beautiful”, a un montón
de fisgones, y yo permanecía escondido
en la primera espuma de una ola.

Alguien me vio en la arena y te lo dijo
todavía respirando.

a Elizabeth Quila y Mauricio Hussmann

.


BAJO UNA OLA EN ALTAMAR EN KANAGAWA

Llena de vacíos, la vida sigue,
espejismo surgido de las escurridizas arenas del tiempo
que cae en fragmentos en un mismo lugar.

James Merrill

Si yo fuera John Ashbery
dejaría que las palabras se fueran
colocando en el espejo cóncavo de una ola
o el espejo convexo de algún autorretrato. Alboroto
de pájaros en un país mundano. Sería referencial
y no es lo que persigo. Entonces
con ese corrector que inventara mi padre
borraré las cenizas, los pasos en la nieve, los añicos
que dejan cinco dedos al clausurar el búnker de la página
y eliminar la radiación posible de Chernóbil
el hongo que se hubiera formado en Hiroshima
la rota espuma que puede persistir entre la ruina de la infame Babilonia
y lo que había en los dedos. Rebabas
del pasado.

……………………..Insisto

si yo fuera
quien dejara pasar estos vocablos
como el agua de un vaso, sin imponerle método
ni esponja, sin razonar si la “V” de ese vaso tiene la misma forma
del vaso que pronuncio o si es un vaso
roto porque pasé los dedos un poco antes y derribé con una flor
de uranio el líquido que ya no has de beber
tú que me miras borrarte del espejo
sumergido en el agua nuclear de estas palabras
tal vez escribirías:
las aves van cayendo como
cae una ola de sudor en la frente. Significa
que persisten residuos radiactivos incluso
en lo que eliminé del pensamiento. País mundano
que ha cerrado fronteras para que no se contaminen los otros
animales que no entraron al búnker. Arca
de lo que imaginaste flotando en la marea. Cáliz
enorme el que contiene al mundo. ¿Quién lo agita
si nada más los pájaros alcanzan cierta altura?
¿Quién nos dice
qué ve
cuando más allá de los ojos
de las medusas que regeneran todo lo que tocan
tan sólo hay transparencia?

……………Si yo
fuera de que John Ashbery
reapareciera con la mano cerrada, búnker impenetrable
una ola
golpeara con el puño
no se movería el vaso
no estallaría en fragmentos
porque el agua
la voz más cristalina
de la palabra golpe
se diluye
se va
cuando escribimos.

Sin trinos, sin escándalo
queda extendida la siguiente palabra:
una ola, siempre la misma ola
tal vez con otro nombre
recoge su explosión
con la mano extendida. Miro
su cicatriz
ese cielo nocturno
que viene de Saigón, su gas
mostaza, su océano. Ya no más las otras
tradiciones de John Ashbery.
…………………………………..En el espejo
al frente, la gota de sudor
y un alboroto insólito. El rostro
que no es mío, pero utilizaré
como todo buen hijo, después
del ahogamiento.

a Jeannette L. Clariond


Luis Armenta Malpica es poeta, ensayista y director de Mantis Editores. Presidente de la Casa Cultural de las Américas (Houston) y miembro del Comité de Arte de la Secretaría de Cultura de Jalisco.
Premio de Poesía en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz (2013), Diplôme d’Excellence Librex en el Salón del Libro de Iași, Rumanía; Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe, Canadá-México (2017), Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada (2020) y Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal (2021), entre otros reconocimientos.
Autor de una veintena de poemarios, siendo los más recientes The Drunkenness of God (Medio Siglo, USA, 2015), Voința luminii (CronEdit, Rumania, 2017), Chiamatemi Ismaele (Fili d’Aquilone, Italia, 2019) y Enola Gay (Vaso Roto, España, 2019; USA, 2021). Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al alemán, árabe, bengalí, catalán, francés, gallego, inglés, italiano, maya, neerlandés, portugués, rumano, ruso y taiwanés.
Ha impartido conferencias magistrales, charlas y talleres de poesía, creación literaria y análisis de textos en diferentes universidades y foros internacionales.