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Paul Celan, una de las voces más conmovedoras del siglo XX

Celan

Paul Celan (23 de noviembre de 1920, Chernivtsi –actual Ucrania), es una de las voces más conmovedoras de la poesía del siglo XX. De origen judío, vivió los horrores del Holocausto, experiencia que marcó profundamente su obra. Sus padres murieron en un campo de concentración, y él mismo sufrió trabajos forzados bajo el régimen nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, emigró a París, donde vivió el resto de su vida hasta su trágico suicidio en 1970.

La poesía de Celan, escrita principalmente en alemán, su lengua materna, es conocida por su densidad metafórica, hermetismo y exploración del trauma, la memoria y el lenguaje. Su estilo refleja una búsqueda constante por expresar lo inexpresable, enmarcando la tragedia del Holocausto en versos fragmentados y llenos de simbolismo. La obra más emblemática de Celan es Todesfuge («Fuga de la muerte»), un poema que conjuga imágenes de belleza y horror para transmitir el impacto del genocidio.

Entre sus libros más destacados se encuentran Amapola y memoria (1952), Reja de lenguaje (1959) y Giro del aliento(1967). Su obra recibió amplio reconocimiento, y en 1960 fue galardonado con el prestigioso Premio Georg Büchner. Aunque admirado por su innovación poética, su escritura también suscitó debates debido a su complejidad.

La poesía de Celan, enraizada en una profunda sensibilidad histórica, sigue siendo un referente esencial para quienes buscan comprender la relación entre el arte, el dolor y la memoria. Es por eso que lo conmemoramos en su natalicio, bajo la traducción de José Luis Reina Palazón.


ELOGIO DE LA LEJANÍA

En la fuente de tus ojos
viven las redes de los pescadores de la mar del extravío.
En la fuente de tus ojos
el mar cumple su promesa.

Aquí arrojo yo,
un corazón que se detuvo entre los hombres,
mi ropa y el esplendor de un juramento:

Más negro en lo negro, más desnudo voy.
Sólo infidente soy fiel.
Yo soy tú si yo soy yo.

En la fuente de tus ojos
desvarar suelo y sueño un rapto.

Una red prendió una red:
nos separamos enlazados.

En la fuente de tus ojos
un ahorcado estrangula la soga.

.
HABLA TÚ TAMBIÉN

Habla tú también,
habla el último,
pronuncia tu proverbio.

Habla —
pero no separes el no del sí.
Da a tu proverbio también sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale toda la que
sabes repartida en redor de ti entre
la medianoche, el mediodía y la medianoche.

Mira alrededor:
mira cómo en torno todo deviene vivo —
¡Por la muerte! ¡Vivo!
Verdad dice quien sombra dice.

Ya sin embargo se reduce el lugar donde te tienes:
¿adónde irás ahora, expoliado de sombra, adónde?
Sube. Tantea hacia arriba.
¡Más escaso devienes, más irreconocible, más fino!
más fino: un filamento,
por el que bajar quiere la estrella:
para nadar hondo, en el fondo,
donde ella se ve brillar: en el escarceo
de palabras peregrinas.

.
TIERRA HABÍA EN ELLOS y
cavaron.

Cavaron y cavaron, así pasaron
su día, su noche. Y no alabaron a Dios
que, así oyeron, todo aquello quería,
que, así oyeron, todo aquello sabía.

Cavaron y nada más oyeron;
ni se volvieron sabios, ni inventaron canción,
ni imaginaron lengua alguna.
Cavaron.

Vino una calma, vino también una tempestad,
los mares todos vinieron.
Yo cavo, tú cavas y cava el gusano además,
y lo que allí canta dice: cavan ellos.

Oh uno, oh ninguno, oh nadie, oh tú:
¿Hacia dónde fue aquello hacia nada ido?
Oh, tú cavas y yo cavo y me cavo adonde tú,
y en nuestro dedo despierta el anillo.

.
SALMO

Nadie nos plasma de nuevo de tierra y arcilla,
nadie encanta nuestro polvo.
Nadie.

Alabado seas tú, Nadie.
Por amor a ti queremos
florecer.
Hacia
ti.

Una nada
fuimos, somos, seremos
siempre, floreciendo:
rosa de nada,
de Nadie rosa.

Claro de alma el estilo,
yermo tal cielo el estambre,
roja la corola
por la púrpura palabra que cantamos
sobre oh sobre
la espina.
.

DE NOCHE, cuando el péndulo del amor oscila
entre siempre y nunca,
tu palabra bate en las lunas del corazón
y tu ojo azul de tormenta
alcanza a la tierra el cielo.

Desde la lejana floresta, de soñar
ennegrecida, nos llega lo exhalado,
y lo extraviado ronda, grande como los espectros del futuro.

Lo que ahora se hunde y se alza
incumbe a lo escondido en lo más íntimo:
ciego, como la mirada que cruzamos,
besa al tiempo en la boca.