Poesía,

Raúl Garduño: poeta visionario y promotor cultural en Chiapas

Garduno

Nacido en la Ciudad de México el 20 de noviembre de 1945, Raúl Garduño radicó en Chiapas desde su infancia, y es en el estado, con 16 años, que empiezan a publicarse sus poemas en revistas y suplementos. En ese año, 1961, entabla amistad con Elva Macías. Un año después regresa a la capital, donde conoce a Elsa Cross, José Carlos Becerra y Alejandro Aura. A pesar de su corta edad (murió a los 35 años), se incrustó en la tradición: conoció el afecto de Sabines y Castellanos creyó en su talento; Robles Sasso, Oliva, Zepeda y Bañuelos fueron sus maestros inmediatos.

Pero Garduño no sólo fabricó una poesía, en palabras de Macías, «donde hallamos las imágenes más hermosas y deslumbrantes […] que sirven de contrapeso a sus estremecedoras figuras de la muerte», sino también fue un gran promotor de la cultura. En la década de los setentas regresa a Tuxtla Gutiérrez, donde se encargó de la difusión cultural en la Universidad Autónoma de Chiapas. Siempre con palabras cálidas, fue anfitrión de Pellicer, Efraín y David Huerta, Carlos Monsiváis, José Revueltas, entre muchos otros más.

Muerto en 1980, preparaba la segunda edición de sus Poemas, en la que se sumaban 16 nuevas producciones. La muerte no le permitió terminar el trabajo; sus avances se perdieron.

Ahora, a 79 años de su nacimiento, lo recordamos con siete poemas suyos.


POEMAS PARA ANUNCIAR UN VIAJE, II

En la casa silenciosa vivo.
Cargo con la vejez de mi almohada,
con mis labios alucinados,
con una sed rotunda en el paso
cuando olvido mi nombre.
Veo la tarde
que rueda en la lluvia
como una canica sucia y olvidada,
veo el río
que se echa a andar sobre las aguas,
y estoy contento
de que el solitario que soy
no lo sea tanto.

.
DEL OÍDO SILENCIOSO

En tu cabello nació la flor de los encuentros,
tu cabello es la casa de la brisa,
tu cabello es el peso de la luna,
tu cabello se arrodilla para amarte,
tu cabello entra al canto de los ríos,
tu cabello hermoso golpea nuestra sangre
como si con un beso golpeasen nuestra alma,
tu cabello dará luz, alta luz
a un continente de ciegos.

Pues así, con la canción,
con la palabra fuera de uso,
con la ley equivocada en la disciplina del amor,
con la voz que anuncia el tiempo
que nos queda para ser la rosa,
mis pies caminan llamándote.

Porque sin ti la vida
es un ataúd cotidiano,
porque sin ti no habrá palabras
para callar y olvidar tanto recuerdo.

Voy a seguirte llorando varias horas
hasta que el mundo entierre todos sus muertos.
En silencio, mujer, canción terrible,
siento bajo mis pies tu perpetuidad
mojándose de lluvia, ahogándose.
¿En dónde estamos?

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LA PALABRA ARDIENTE

Misteriosa y ardientemente mía,
la soledad de tu cuerpo
se tiende a mi lado para inaugurar la vida.
Y no dejas de pasar con tus racimos de sangre,
lúcida y desnuda,
desnuda hermosamente,
ofuscada como la vela de un barco en el aire,
rotunda:
así la imagen del mundo
sólo es una sonrisa a tus pies.

Conoces el remolino que hay en nuestros corazones,
un remolino profundo,
algo así como un vacío
que va sumando nuestras abundancias,
la forma de la abundancia que eres tú
quitándote las ropas con mis manos,
diciéndome una palabra de la vida,
una palabra oscura y silenciosa,
indecible,
como a ciertas horas el corazón.

Todo es una selva en guerra,
un hundirse en la delicia,
ya no saber nada, ya no ignorar nada,
la lujuria vaga en nuestros cuerpos,
la lujuria es una campana
despertando en tu boca,
todo es el mar, todo es la tierra,
la elegancia con que el sol entra en el cuarto
como si no supiera nada;
los recuerdos, los recuerdos…

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FRAGMENTO A PROPÓSITO DE UN MENSAJE OSCURO

Has llegado a recogerte en estas naves
que han dilatado tanto nuestro pecho.
Naves del acero, de la zumba del viento.
Serás entretenida por los mares,
por las altas ausencias desasidas
donde mi pie
marca la huella imposible de tu sombra.
Naves de cuántas flores que no tengo,
de cuántas mareas en la fuente
donde mi Padre vuela.

Vuela más, más así, Amor Único,
Amor de Nadie
que no sea esta mano
que te incendia, no lenta, avasallada
por lirios cuya blancura ya no existe
para venir jamás, ahora, cuando el fruto
visite nuestra casa
y sea la noche de profundas ropas.

.
OÍDO DEL MAR

Fatigada la mar del desacierto
en las aguas convulsas de la nave,
lanza el oleaje de su sueño de ave
sobre arenas ajenas al desierto.

Pasa la sal mientras el ojo abierto
instala salas del fulgor más grave.
Aquí no hay nadie, grita, ya no cabe
morder el corazón de un pan despierto.

El silencio en la sed horrorizada
exuda las lancetas de un estruendo.
Llega la tarde en fuego a la mirada

y es bosque de caballos combatiendo
al centro de una perla fulminada
en el grano de sol que se va hundiendo.
 .
PUERTA DE INFANCIA

De aquellos los primeros desastres
–restos de nuestro nacimiento
trasladados al pueblo de las flores–
sólo quedó la piedra,
la cabeza de la piedra en el corazón desierto,
la alta ciudad que nos habita
como una puerta abierta al mar
(ojo de la cerradura,
melodía de guerra en nuestra causa)
y el viento, sólo quedó el viento,
las generaciones de inmensidades del viento,
los cielos de nieve
como regiones de la memoria del viento,
los dedos rojos del verano que nos quemaba al viento.

Al pie del árbol,
junto al muro de la sombra,
frente al ahogado de la ventana,
el mundo es una boca torva,
una torva palabra.

Somos ahora las vasijas del día suspendidas
en los volúmenes inexplorados de la noche.

Y estos pasos de bosques en la profundidad.

.
GRAVITACIÓN

Una imagen se desploma para levantarse en una voz,
para morir en un hombre
por la calle que se deshoja

en oídos remotos,
en el zafarrancho lejano
de un oído por la ciudad,
de un charco de ojos por la ciudad que se oye
paralizando el rumor del tiempo.

Lo que somos (aguacero de brazos, tempestad de silencio)
feria al luto de nuestras máscaras
mientras las aguas pasan,
mientras la muerte viene,
mientras la borrasca de nuestro pensamiento nos reconstruye.

Astillas de los espejos graban estas señales,
delinean estas cúspides, estas bocas de la sequía
–nombres del siglo en sus ejercicios
de luminoso cadáver enternecido.