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De plantas, de animales y de humanos: Reseña de La vegetariana (2007), de Han Kang

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«¿En qué punto se torcieron las cosas?»,
se pregunta en esos momentos.
«¿Dónde comenzó todo esto?
Mejor dicho, ¿dónde comenzó a
desmoronarse todo esto?».

Hang Kang, en La vegetariana.

Hay personas —como Bartleby, el escribano de Melville o Myshkin, el príncipe idiota de Dostoyevski— a quienes simplemente les da por ir en sentido contrario con respecto a la gente normal. Tienen sus razones que avizoramos a partir de su comportamiento extraño. A Yeonghye —la mujer decidida a dejar de comer carne pese a la consternación de su familia y de la sociedad entera—, la mueve una pulsión quizá de expiar la culpa acumulada por la muerte de tantos animales. Recuerda a la G. H. de Lispector, y un poco también a la garciamarqueana Rebeca Buendía, pero Yeonghye experimenta una transformación manifestada no en la avidez de comer lo elemental o lo abyecto sino en el ayuno, en tanto busca llegar a un estado vegetativo que la hermana con los árboles. Es una premisa estupenda, magistralmente ejecutada. Isabelle Stengers observa cómo Bartleby y Myshkin (aquí yo agrego a Yeonghye) ralentizan a la gente que, al no saber cómo reaccionar, forzosamente debe preguntarse qué es lo que está haciendo. Y Stengers nos invita a ralentizar nuestras prácticas económicas, científicas y tecnológicas antes de que tanta aceleración acabe con el planeta.

Como el Neruda que confiesa su deseo por la muchachita de la limpieza en la antigua Birmania, y como el Carpentier que recomienda violar mujeres vivas y no muertas, también hay personas celebradas por la normativa neoliberal heteropatriarcal como nobles, incluso heroicas, siempre dispuestas a corregir la anormalidad ajena en el nombre del arte, del partido o del bien común. En el intento, lejos de volverse árboles, se afirman en su animalidad, a veces acelerando sus actos hasta límites insospechados de los que no hay retorno, esos insanos puntos de torción.

La vegetariana (2007), de Han Kang, es una colección de tres cuentos que se conforman en una novela, un poco al modo de El decálogo de Kieślowski, en que cada protagonista participa en el mismo universo de los otros: Yeonghye —la mujer referida en el título—, su hermana Inhye y su cuñado de cuyo nombre no quiero acordarme. Los actos de estos personajes y de los secundarios alcanzan esos límites de los que no se habrían creído capaces, lo que igual recuerda el cine de Lucrecia Martel y el ya centenario manifiesto surrealista de Breton en el que se identifica con “los locos […] gente de escrupulosa honradez, cuya inocencia tan sólo se puede comparar con la mía”. Han Kang deja que sean, entren en conflicto y lleguen a sus respectivos umbrales, con plena libertad de detenerse a pensar en lo que hacen. Hay personajes que cambian el rumbo y hay quienes se dejan llevar hasta las últimas consecuencias, así en Seúl como en el mundo entero. Por supuesto, las motivaciones, límites y consecuencias de Yeonghye son diferentes a las de su esposo, su padre, su cuñado. Curiosamente, la traducción de La vegetariana al español a cargo de Sunme Yoon fue la primera realizada a un idioma occidental.


Fotografía: Socorro Chablé

Fer de la Cruz (Monterrey, Nuevo León; 1971). Tras graduarse del Máster en Español por Ohio University, fue profesor fundador de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes, en Mérida, Yucatán, donde laboró por cuatro años. También impartió dos semestres del Seminario de Escritura Creativa en la Universidad de Quintana Roo. Actualmente coordina el plantel Centro Histórico del Centro de Idiomas del Sureste. Es autor de varios títulos  de poesía y ha recibido dos premios nacionales, dos regionales y dos estatales. En sus libros, publicados e inéditos, transita del poema lírico al narrativo, de la tradición a la ruptura, del amor a la sátira (mejor reír que llorar) y viceversa.

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1 comentario

Su

enero 16, 2025

¡Me encantó la reseña!, con observaciones finísimas y agudas. Ya lo tenía en la lista de pendientes por leer, pero eso los puntos expuestos, me harán adelantarla unos puestos de urgencia.

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