Poesía,

Poemas de Arqueología del paraíso, de Julia Melissa Rivas Hernández 

Melissa

Cursó la licenciatura en Artes Plásticas y en Literatura Hispanoamericana por la UNISON. Ha sido beneficiaria en diversas becas estatales. Ganadora del reconocimiento del Pitic Alonso Vidal; segundo lugar en el Premio Nacional de Cuento de Villa Zaachila, Oaxaca; ganadora de los Juegos Florales Lagos de Moreno, categoría cuento; ganadora de los VII Juegos Florales Nacionales Toluca Horacio Zúñiga; ganadora del II Premio Nacional de Poesía Joven Raúl Rincón Meza; ganadora del Certamen Nacional de Poesía de los XL Juegos Florales Nacionales Universitarios; ganadora del Concurso del Libro Sonorense 2023, género poesía. Libros: Habitaciones, Imperio, Fuera del reino y Arqueología del paraíso.


I

Dicen que una semilla de trigo contiene la medida
exacta de Dios, dicen que lo inmenso de una deidad
se resume en su doméstico vacío.

En oculto crecimiento, su amartillada voz resuena en
cada hoja y en cada espiga, lo mismo que en el propio
germen, finito en la apariencia.

Sólo si el riego del agua brava, si la tierra y su ácido

perfil, si su bondad se lo permiten.
.

V

¿Recuerdas?, no dijimos nada por días enteros;
decidimos callar y masticar en silencio nuestro sigilo.

He desmedido mi trato para construir fortalezas.

En los pasillos internos de la hogaza tengo ordenados
mis libros, los borradores de la historia de mi vida,
nuestras horas de sopor y de ternura remojadas en
una taza de café.

He desmedido mi trato para construir fortalezas.

En medio de la tregua quiero decidirme por la palabra
que leudó a su tiempo.

He desmedido mi trato para construir fortalezas.

Veme aquí, corrigiendo el borrador de mi vida con la
cautela de Dios, corrigiendo lo no dicho todavía, en
reposo.

Porque he desmedido mi trato para construir
fortalezas.

.
Aquella mañana en la que tu huerto fue otro

Aquella mañana en la que tu huerto fue otro, tierra
abrazadora, colmillo de perro enfermo, hambre en la
pobreza, lluvia torrencial en época de cosecha.

Aquella lejana mañana, cuando la huida de la luz en
fuga fue la tierra que pisaste y donde tu pie se detuvo
en la estancada desventura del manco.

Aquella ennegrecida mañana, tú y yo vimos como por
espejo, oscura, opacamente.

—Pese a eso y pese a todo, creímos cada uno de los
reflejos que advertimos y cada difusa veladura sobre
nuestro rostro.

Incluso ese fue otro huerto, siempre otro.

.
Prefiero la ruidosa ceremonia de la mañana

De todas las que existen, prefiero la ruidosa
ceremonia de la mañana, dijiste seguro como un reloj
andando.

Y yo reí.

La prefiero de todo lo que sigue o antecede al día. El
carro recolector de basura, el vocero del diario de la
nota roja, los últimos ladridos de la jornada del perro
vecino, un plato caliente sobre la mesa puesta, la hora
del té y la tibieza.

Reí de nuevo.

La ceremonia de la noche, dijiste serio como un
veredicto.

Esa es silenciosa, es un culto cualquiera en medio del
sacramento. Está llena de sospechas y secretos que
rondan dentro y fuera de toda casa; vacía o no. De
movimientos en la oscuridad. Y en ella habita para
nosotros, antes de las cenizas, la incertidumbre del
despertar. ¿Quién podría preferir eso?

La risa entonces cesó.

.
Padecer de la casa

*

Tu casa en llamas reposa en tu regazo.

*

En tu cabeza, como una corona, luces tu casa.

*

En tus manos que moldean las flamas, yace tu casa.

*

En cada habitación de tu cuerpo está tu casa.

*

En tus entrañas sientes tu casa

*

Tu casa en llamas reposa.

*

 En el despertar, en el despabilarse y decir, el reposo de casa es poca cosa.

*

Las cenizas cubrirán tu regazo, llenarán de tizne tu casa.

*

Tus manos serán hollín, serán tu casa.

*

Cada habitación de tu cuerpo será humo en tus entrañas, serán tu casa.

*

Una vida terrenal que tanto conoces es tu casa.