El tema es muy añejo. Se ha dicho tanto sobre el silencio que escribir de nuevo sobre él puede resultar anacrónico. David Le Breton ha dicho que la modernidad hizo del ruido una presencia ambiental omnipresente. En ese contexto, el silencio ha sido arrinconado a experiencias límite.
Por un lado, lo encontramos en lo místico: el silencio de Dios, lo no pensable, aquello que se experimenta en la extrañeza. La tradición que empieza en Wittgenstein hizo del silencio una norma ética y una especie de mito trascendental. Por otro lado, el silencio, en los márgenes del capitalismo moderno, se convierte en una acción punitiva. El sistema Auburn, dentro de la Eastern State Penitentiary en Filadelfia, interpreta al silencio como un acto de redención, en el que el prisionero debía experimentar una transformación interna, pero, del mismo modo, una forma de castigo. En ese sentido, el silencio es una apuesta de redención y castigo.

El silencio, en la actualidad, conlleva una experiencia límite, mística o punitiva. La modernidad capitalista ha hecho del silencio enriquecedor una vivencia restringida a ciertas personas que, por sus condiciones culturales, pueden hacer de él una parte sustancial de su vida. Ahora, el silencio creador está limitado; se ha convertido en una cuestión de clase. El resto, estamos envueltos en una maquinaria de ruido, en un exceso sonoro. Vivimos una desmesura del sonido que es, al mismo tiempo, un aplastamiento ontológico. No hay tiempo para el silencio. Ahora se trata de ruido, de mucho ruido. Una larga curva que nos envuelve con su golpe casi metálico.





Carlos Herrera
mayo 27, 2025Excelente argumento sobre el silencio, que no es mas que la paz interior que necesitamos. Hoy el silencio solo puede disfrutarse en la soledad de la montaña, o en la quietud de una noche estrellada. Frente al mar. Dónde solo prevalece el rumor de las olas..
Luis Sáenz
mayo 27, 2025El ruido, en efecto es un monstruo que no permite la reflexión, cuando el ambiente que te rodea está lleno de ruidos innecesarios, no te permite crear una reflexión y a la vez una construcción personal. Por otro lado, cuando el silencio es logrado, la posibilidad de la conciencia y del universo empiezan a interconectar creando nuevos caminos de comunicación, ésto en muchas ocasiones te puede llevar a la paz interior