Poesía,

Poemas inéditos del libro Palabras viejas para un poema nuevo que se muere en el cierzo, de Jesús Bartolo

Jesus_Bartolo

(Atoyac de Álvarez, Guerrero, 1970). Ha publicado los libros de poemas: Los árboles duermen de noche (1998), Poemas para besar una espalda (1999), Cachimbo (2000) Editorial Tinta de Alcatraz, UAEM. El responso del gato (2000) Centro toluqueño de escritores; No es el viento el que disfrazado viene (2004) Instituto Mexiquense de Cultura; Centro Toluqueño de Escritores, H. Ayuntamiento de Acapulco; Estar de vuelta, Instituto Mexiquense de Cultura (2005); Aviso de ocasión, La trucha güevona, (2009); Diente de león, Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, (2009), En la cadencia de los pies, La tarántula dormida, (2010); Basalto, (2011). La hoja murmurante. Iconografía de un duelo 2012 (editorial Literal-CONACULTA). Calle Agustín Ramírez (2013) Ediciones Diablura. Una vaca tengo (2013) Editorial Los cuatrocientos; Lloverse mientras llueve (2014); Memoria de nuestro polvo (2015) FOEM; En las lágrimas de la Abuela nunca retoñó un paquidermo, (2015) (UAEM). Obtuvo el premio estatal de poesía del CTE en el 2000. El premio estatal de Poesía María Luisa Ocampo 2004, y la beca del FOCAEM. 2003. Y la del FOCAEG, 2006 Y 2008. Obtuvo el 3er. Lugar en el Premio Internacional de Poesía del Bicentenario, “Sor Juana Inés de la Cruz” (2009). Premio Nacional de Poesía, Mérida 2012. Segunda mención en el premio Internacional del Poesía Gilberto Owen 2015. Premio Nacional de Poesía Germán List Arzubide 2018, de poesía experimental. Premio Nacional de Poesía José Carlos Becerra 2020.


Palabras viejas para un poema nuevo que se muere en el cierzo
Premio Nacional de Poesía José Carlos Becerra 2020

No soy Cassandra vaticinando la destrucción de Troya,
sólo un hombre que escribe en su cuarto: esta ciudad es una ruina,
se ha ido carcomiendo desde el corazón de los hombres.
Heme aquí con la lámpara en mi pecho, sacando humo.
El odio no es un aqueo lanzando su espada
………………………………..contra el ímpetu de los troyanos,
es Apolo el del arco de plata cobijando con su lobreguez
………………………………………………….a hembras y varones.
Quien canta los sucesos de esta ciudad tampoco es un aedo,
ni un juglar que narra la encarnizada batalla entre guerreros y dioses;
Héctor no está de un lado ni Aquiles del otro de la muralla repartiendo
………………………………..con su arrojo la fuerza de sus músculos:
………………………………..es un hombre ensombrerado que desgañita su garganta,
………………………………..que hace apología de la sangre y de las balas.
Aquí no se lucha por el honor de una casa
o una hembra que se llama Helena.
En esta guerra no hay atridas con armaduras doradas
………………………………..………………confeccionadas por dioses,
sólo sicarios y pistoleros enmudeciendo
…………………………………….con sus armas el gorjeo de la noche.
Tetis no amamanta las nubes para que llueva sobre esta ciudad,
es el llanto de las madres quién humedece las persianas,
…………………………………….el rocío de los huérfanos que inunda las calles.
Aquí no se quema grasa de cordero, ni se ofrecen cabras
…………………………………….para que se aleje la hecatombe,
el Dios de los católicos es sordo.
Tampoco navíos que lleven a sus difuntos a la tierra de sus padres,
sólo muertos en fosas clandestinas, feminicidios que se replican
…………………………………….…………………..como células enfermas,
cadáveres colaterales y terror: festín de Ares.

Esta ciudad no se llama Ilión ni la gobierna el sensato Príamo,
esta ciudad es una plaza con el nombre de Reynosa,
Chilpancingo o Chilapa: aquí no existe caballo de Troya
…………………………………….ideado por el ingenio de Odiseo
para penetrar sus murallas, destruir sus almenas
…………………………con la mirada enrabiada del Pélida de los pies ligeros.
Dinero o plomo es la sentencia que corrompe, mina, oxida
los cimientos de esta ciudad y de los hombres.
…………………………………….Ambiciosos Agamenones, cobardes Paris…
Aquí, desde este cuarto escribo y lloro como Ulises
…………………los mitos y la fama de esta ciudad: afuera hay toque de queda.
El cadáver desollado no es el de Héctor, ni quién lo arrastra es Aquiles:
es un hombre ahumado por la cocaína, el que lo jala de un pie, lo descuartiza.

Invoco como Calcante Testórida a los dioses
………………………………………………… para que esta masacre se detenga:
………………………………………………… «¡Zeus escúchame, Hera óyeme!»:
apacigua a argivos, mirmidones y troyanos:
………………………………………………… ebriosos son los días de la sangre:
………………………………………………… pesarosos los pasos por la calle.
Aquí, hace falta un Néstor para que pastoree hombres,
………………………………………………… enmiele con sus palabras los oídos
………………………………………………… y pacifique a los montaraces centauros.

Atrás se queden las fornituras y las armas, escribo;
se guarde la ambición y el plugo: rezo.
Desde este cuarto escucho el siniestro ulular de las sirenas
que encogen al corazón hasta su miedo.
Yo no tengo grebas, penacho, ni espada de plata
ni un escudo de hierro forjado que antemural me proteja:
sólo esta pluma y esta libreta en la que escribo:
………………………………………………… ágora de mis versos:
………………………………………………… valor de mi osamenta.
Atraco mi barca en esta playa, mañana será una odisea:
pero aquí no habrá veinticuatro cantos que hablen de mi viaje:
ni una mujer que se llame Penélope ni un hijo de patronímico: Telémaco:
ni hechiceras, cíclopes, o dioses furiosos: sólo esta ciudad
que se derrumba entre cláxones y violencia.

El cierzo sobre esta ciudad donde escampa la lluvia
atraviesa sus espiches por entre la ropa mojada:
su hostigo azuza el paso.
………………………………………………… Zagal el meteoro muerde
con su boreal dentadura el encalmo de pájaros y gatos.
El gañido del perro tiembla debajo de las escaleras.
Pitañosas las coladeras zahieren las calles,
el peplo del agua en pringas acucia las charcas.
Moroso el corazón palpita anfibio: ningún socaire
………………………………………………… para croar su pena.
Funéreo el vocablo del viento fustiga en las paredes,
soleva lo mal puesto, acolmilla ventanas,
aguija el derribo desde su provecta palabra.
Húmeda y pesada: la broza
emboca su húmero constipo en las azoteas.
Hebroso el ventarrón esmerila con sus dedos
el peculio de los quicios donde las palomas
remojadas plumas, zurean soflamas viejas,
renuevan sus ángeles sueños.

Me arraigo a mis pies como si árbol
…………………………………..comprendiera el boreal mensaje;
latos sus pulmones que por descanso braman;
malquisto el día con mi ánimo.
El macho cabrío de las dos de la tarde me impele
a dejar la demora de mi odisea marcha,
machaco en mi cabeza las tafias de la calma;
unzo a mis pies el salto venado: broncista
………………………………………………… del agua me vuelvo.
A fuego los pasos chacualeo en la crecida
………………………………………………… mi bogavante prisa.
Algo saldrá exornado de la penuria de mis pasos.
En mi cabeza, palabras viejas para un poema nuevo
……………………………………..abren boquete,
ingente es la abertura, australes los vocablos:
adarga: aya: malquisto: boyero: aprisco:
enfrían la memoria.
Piariego, caldero, se me aparecen como un muerto
………………………..que sale del drenaje al solano del día.
Ando absorto y absorbido en el calosfrío de las rachas
que, por las calles, procaces, te tientan sin tiento.
El hueso del frío se me aprieta a las carnes,
a mi espina dorsal los gemidos del planeta.
En el tranco petirrojo de la sangre y mis pies
………………………………………………… me recuerdo:
a ti la lluvia, a mí, los terrizos son beneplácito,
empero el trueno yagual del relámpago te atiza
………………………………………………… el hato del nervio.
………………………………………………… Te evoco:
escondida en tus párpados cerrados y rememoro:
como aprietas el valor entre tus manos como una niña
y el ruego en tu boca obsesivo:
……………………………………………….. porque la luz no se vaya:
porque a la lámpara gris del día
……………………………………………….. no se le funda la bombilla
y el biombo de tu espanto no abra el ojo.

En su escabel el tiempo befó en la tarde.
En el halda de sus pingues muslos recuesto la cabeza.
Hender las casas a guisa de saludo el ventarrón
empírico del cierzo a lengua magulla el ombligo
de las cerraduras, pone el chiflón de su semilla
……………………………………………….. a crecer de inmediato.
El agua se ha ido. El reino no es del viento,
el ludibrio es del frío que agorgoja la espalda, el pecho.
Las manos acucian guantes y leños enfogonados:
un cuerpo zagal que atizone con su anafre calor:
……………………………………………….. ardores y ardides: repienso.


Era un grito:
un grito perfectamente ancho
un grito audible a la distancia y ebrio,
abría en la calma con su dentadura lo dormido,
un grito que traía las vísceras de fuera,
la furia macheteando por la calle:
lo juro por esta cruz que es navaja y castra en el aire
la vibración de sus creadillas.
Era un grito seboso y raspante, tan pegajoso
que achiclaba la mirada, tan denso que en el oído
destetillaba su forma de demencial jauría,
créanmelo, a mordisco por la oreja de las casas:
no hubo vidrio ni celosía que detuviera su dentellada,
cerradura ni flor que no enfermara al sentir
la umbra de su sombra y su paso almizclero;
aquí en mi mano tengo las libélulas que fue dejando
de su ladrecido paso, no miento, por vida de dios
o del diablo que es grito traía los ojos redondos de la muerte
y el labio torcido como un demente
que está a punto de saltar de la silla y quedar colgado.
Se los digo con la certeza de mis tripas en la mano,
con la agudeza de que la flor de la vida se marchita
……………………………………………….. junto con mis dedos.

Ѻ

Los muertos de esta ciudad hablan más que los vivos.

Esta urbe está en la frontera:
junto al mar: edificada en el centro del país:
y se llama: Acapulco, Ciudad Juárez,
Ecatepec o Ciudad Perdida…En esta metrópoli
la incertidumbre tiene las corolas abiertas,
hemáticas. Sabe a qué huelen sus viudas,
qué congoja traen los huérfanos en sus ojos.
En lo senil de las calles los desaparecidos
aparecen en carteles, y la denuncia
sólo es una traposa voz que nadie atiende.
Toda ciudad respira a sus muertos
y, esa inhalación, se replica en otras ciudades:
en el corazón que la sufre cada día.

El miedo, físico aprieta el cuello, la mirada,
lo mismo que los pasos: dudosos andan.

El abandono articula las calles,
lo que tiembla, desarticula el ánima;
el beso que rearticuló al hombre
……………………………………………….. cuando salió de casa
lo vuelve a la glosolalia del día esperanzado,
pero… afuera, el combate, aparece y desaparece,
humora y filosofa: toda ciudad es una entraña.

Ѻ


He estado en aquella ciudad en la que fuimos,
y allá, déjame decirte:
el hábito de vivir hace viejos a los hombres.
Sudor, agobio y ruido: son sus calles.
Allí, el tiempo no lleva prisa:
se ha puesto a croar sobre las ventanas,
los árboles, los estanques.

La memoria como un lugar, como un edificio,
como una serie de columnas, cornisas, pórticos,
se guarece entre los árboles como una quieta ave nocturna,
y enfrentarse a todo aquello que ya no nos pertenece:
……………………………………………….. ……………………………………descoyunta.
Allá, los utensilios de cocina, los ejes viales,
los juegos infantiles son sólo objetos que nombra el pensamiento,
zumo de conciencia, emblemas de la soledad,
vestigios de días que fermentaron en nuestras caminatas.

Sé que intento decir algo,
pero igual como cuando quiero describir un dolor de cabeza,
se me secan las palabras y definir esta ciudad
que era posible en cuanto sonreías, me indefine;
los trazos de las letras como palomas asustadas: se me vuelan.

Me detengo, tasco el freno, espero un milagro.
Un sol que alumbre esta ciudad de humo, que disipe
la bruma…pero, déjame decirte: estuve allá:
ahí: donde fuimos dos promesas de lo eterno
y desanduve caminos, desentrañé instantes,
busqué tus ojos en el desquicio de los pájaros,
el calor de tus manos en la epidermis del viento,
el sándalo de tu sexo en la oscuridad de las piedras,
pero, ni una vocal me devolvió el silencio. Porque allá,
lo aquí que me tiembla: es el hábito de vivir.

Ѻ


A esta ciudad
la recorre el eco descalzo de la muerte,
la habita el recuerdo de que alguna vez fue mía.
La acunas tú en tu mirada de aguacero.
La saben los pájaros moribundos
…………..al precipitarse a tierra:
mis pasos que se apagan en todas sus calles:
tus pies de antigua lluvia
………….. que enlama los quicios y las esquinas:
el termitero en tu pecho
donde el mar de arritmias crece:
el parque que muchas veces te miro pasar ligera
como cóncava nave Feacia.
Los árboles que tumbaban sus hojas al mirarte
………….. ………….. para besar tu piel de alguna forma.

A esta ciudad le crece un musgo en los cimientos,
el nombre de la nostalgia en sus palomas,
la va penetrando el pálpito del salitre en las paredes;
El búfalo silencio que a tropel de manada
…………………………………cocea en aquello vivo, bufa,
hiende, machaca, atropella: le florece.
A esta ciudad que me miró maravillarme
con un beso de tu boca, se le murió el vuelo:
las alas; sin las coordenadas aquellas de tu respiro,
……………………………………………….. ………………………se le enjauló
el viento, los pájaros de la brisa se cercenaron los ojos,
secas y carcomidas sus paredes, añoran el vértigo. Y aquel pulmón
de binario soplo donde el canto encontraba su aire
dejó de enramar el oído de los hombres, las mujeres, los niños
……………………………………………….. ………………………………….su destino:
dejó de atizarle al corazón la melodía, su libertad, el vuelo.

Esta ciudad jorobada sobre su propia cefalea se agrieta.
Las tardes, en esta urbe son sólo un pensamiento
……………………………………………….. en tu cabeza perfecto y lejano:
ya no puedo oler sus armonías, ni escuchar la sangre del sol
que con sus acordes apacentaba mis pupilas.

Los iones de esta belleza muerta me sorprenden:
algo elemental, como de fuego, tormenta y mar:
delinean las casas de esta metrópoli inhabitable,
donde mora el oxidado esqueleto del recuerdo.

El olvido es un conejo que no alcanzo —aún después de muerto—,
el escozor de los epitelios de esta ciudad,
en mi mano, que trazó caminos, edificó sueños,
lavó la sangre de los hermanos caídos,
consumió mi cuerpo, continuará palpitando.
En esta ciudad donde nos besamos
como si besar fuera a salvarnos de nosotros mismos:
como si al besar con furia, con desespero, con agonía:
lo inexorable: árboles talados, cerraduras maltrechas,
clavos oxidados, tarjas viejas, cambios de domicilio,
……………………………………………….. …………… no sucedieran:
como si al besar con ternura y precipitación: las ruinas,
los suicidas, el golpe, la violencia: fueran lecturas
en otro mapa, latitudes lejanas, pero no, todo fue infalible.

Acuestas: traer muertos,
escombros y domicilios de todas las casas que habité:
puentes y circuitos por los que anduve:
callejones y arcaísmos donde oculté mis despojos:
esta ciudad es un naufragio adentro de las venas:
el corazón un puerto devastado
donde un albatros se desmorona al silbo de sus barcos.
Mi nombre no tiene quilla
…………pero sí, el ancla hundida en el fondo.
A este hombre se le agotó la marea,
se le agostaron los ojos,
……………………..los años, los huesos,
la promiscuidad de los labios, de su cuerpo:
………………….también lo abandonaron.

Toda ciudad se hace vieja, aunque renueve sus orillas:
quienes la habitamos, también la morimos.