Poesía,

Posdata, de Mariana Bernárdez

Rogelio Cuellar-2
Fotografía: Rogelio Cuéllar.
(Ciudad de México, 1964). Poeta y ensayista miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía; imparte seminarios y talleres en diversas instituciones bajo el tema de “poesía y conocimiento”, su obra ha sido traducida al inglés, catalán, portugués, italiano y rumano.Entre sus títulos recientes de poesía destacan: Nervadura del relámpago (Estado de México: FOEM/CEAPE. Gobierno del Edo. de México. Col. Letras/Poesía, 2013 (en reedición); Escríbeme en los ojos(México: Ed. del Lirio, 2013; traducido al portugués por el poeta Nuno Júdice, Lisboa: Ed. Glaciar, Casa América da Latina Portugal y Ecochoice Portugal, 2015; En el pozo de mis ojos(México: Papeles Privados, 2015; Aliento,con Prólogo de Antonio Colinas (México: La Cabra Ediciones y Secretaría de Cultura /DGP, 2017; traducido al portugués por Nuno Júdice, Lisboa: Ed. Glaciar, PBC y Ecochoice Portugal, 2018.
POEMAS

¡Mi árbol genealógico sería, pues, derribado para construir una balsa de fugitivos!
Amin Maalouf, Samarcanda

Dame una palabra y ganaré cien mil batallas
y si he de ser conquistada
al menos la osadía
habrá de ser repetida
por los hijos de tus hijos.

Dicen que nada hay en los bancos de niebla
ahí donde despunta su atolón
tiene lugar lo inabarcable
Quien se aventura por su espacio
no escucha acorde alguno
no hay faro ni guía que invada su bruma
e inevitable es que entre sus crestas
pronto extravíe su salvoconducto

Relegados a la clandestinidad
los que han vuelto
lucen en el semblante la llama del desatino
y con premura buscan retornar a su paraje

Dicen que en su vista oscilan las fogatas de San Juan
¿será por la lisura de su agua?
¿o por la nostalgia que inflige su abandono?

Yo no lo sé de cierto
pero a veces despierto con esteros de luz en el cuerpo.

Poco revela el tenue respiro de los árboles
sobre el horror de la guerra
tampoco el adoquín de la calle
ni el azulejo de los muros
donde los agujeros de las balas
en gloria de cardo
fueron corolario de ejecuciones
que inmolaron la justicia de los dioses

Mi abuelo fue rojo
y cuando lo detuvieron
el pueblo fue invadido por una neblina densa
que facilitaría su huida
pero él se sostuvo de pie en la barcaza
que lo condujo a la isleta de San Simón
mirando con esa mirada tan suya la infinitud
y se desgajó irremediablemente
cuando asumió la valía de su ejecución
en la tristura de lo no vivido.

Cuando llegaron allende del mar
intuyeron en los árboles y las callejas empolvadas
la cifra de su orfandad
en una tierra no prometida
que habría de exonerarlos
de su desventura
Simultaneidad de los tiempos
que asienta su soberanía
cuando la historia arraiga su espiral
para que lo declarado se cumpla
y el azar atestigüe la existencia
de lo inverosímil.


Padre trajo el color de los árboles en los ojos
y esa niebla

No supimos cómo decidió
acercarse a su ribera
ni cuándo soltó las amarras
Ahora en lugar de árboles
trae consigo el olor de la marisma
y no intima ya con la lengua de las cosas
sino con el monosílabo del símbolo
A menudo su mirada apresa
un revoloteo de garzas
y otras presiente en el puño
un manojo de guijarros

Padre subyugado por madejas de cuentos
ensaya la dignidad
de quien se confiesa en el entre
Se desprende
pero aún sana y alumbra en el bien/venir
la algarabía pura del despertar

Se aligera del peso de lo falso y lo nimio
y nos muestra en su desacierto
lo que significa morir en la raya
acomodar la figura en el pretil
donde lo de atrás se desvanece
y lo de adelante seduce
con la frente de cara al sol
de pie
y el semblante de un deslumbrado.


Hace años caminamos los Campos Elíseos
me llevabas de la mano y no era niña
hablabas al hilo de tu desmemoria
sobre los primeros días en el París de la preguerra
de una grisura consoladora
del padrino que te enseñó a leer en francés
con una edición incompleta de Los miserables
de las clases con Sartre
y de las notas que robabas de sus bolsillos
de la Resistencia
de los cigarrillos fumados sobre los puentes del Sena
del vino barato y resinoso que te aliviaba la rabia
de haber salido tránsfugo en los vagones de carbón
hacinado
seco
y arrastrando el desamparo

Atrás quedó aquello de lo que no hablabas
la huerta y el pozo
la iglesia
la tumba del capitán al que le jalabas la bota
el comer moras a escondidas de la madre
el futbol con los marineros
Santa Tecla y el tren de madera
Atrás la isleta de San Simón
Atrás
porque cuando hay tal desnudez
el pañuelo de tu Padre horadado por las balas
era el fruto de una misericordia incomprensible

Atrás
para agarrar con frenesí lo que viniese por delante
con el mismo que ese día tomabas mi mano
para que no negara la raíz truncada
y la esperanza.

*Simetría del silencio. México: Coedición Fundación René Avilés Fabila e Instituto Politécnico Nacional. Colección Poliedro de El Búho, 2009. pp. 91-109.