En Missouri, un 26 de septiembre de 1888, nació Thomas Stearns Eliot, quien es uno de los poetas más influyentes del siglo XX. De ascendencia inglesa y estadounidense, Eliot logró aunar en su obra una aguda observación de la modernidad y un profundo conocimiento de las tradiciones literarias y filosóficas occidentales. Si bien Eliot empezó a escribir en América, fue en Inglaterra donde consolidó su carrera literaria y donde adoptó la nacionalidad británica en 1927.
Su poesía a menudo ha sido vista como una crítica a la superficialidad y el vacío espiritual del mundo moderno, tal como lo muestran Prufrock y otras observaciones (1917) y Miércoles de ceniza (1930). Su estilo se caracteriza por la complejidad, el uso de referencias intertextuales, y una profunda reflexión sobre el tiempo, la alienación y la desintegración cultural, temas centrales en su poema más célebre, La tierra baldía (1922), en el que deja en claro la tendencia modernista de romper con las formas tradicionales de la poesía.
En conmemoración suya, a 136 años de su nacimiento, preparamos una breve selección de su poesía.
Fragmentos
I. EL ENTIERRO DE LOS MUERTOS
Abril es el más cruel de los meses, cultiva
lilas sobre la tierra muerta, junta
a la memoria y al deseo, revuelve
raíces apagadas con lluvia en primavera.
[…]
Ahí, entre montes, sí te sientes libre.
[—]
Conoces tan sólo
una pila de imágenes quebradas donde golpea el sol,
y el árbol muerto ya no da cobijo ni los grillos consuelo,
ni la piedra reseca el sonido del agua.
[…]
Yo te mostraré el miedo en un montón de polvo.
[…]
Llenos tus brazos y húmedo tu pelo, no podía
ni hablar y me fallaron los ojos, yo ni muerto
ni vivo, no sabía nada, mientras
miraba al corazón de la luz, el silencio.
[…]
¿Ya retoñó el cadáver que hace un año plantaste
en tu jardín? ¿Florecerá este año?
[…]
II. UNA PARTIDA DE AJEDREZ
[…]
“Pero háblame. ¿Por qué no hablas? Habla.
¿En qué piensas? ¿Qué es lo que piensas? ¿Qué?
Yo nunca sé qué estás pensando. Piensa.
Que estamos en un callejón de ratas
donde los hombres muertos extraviaron sus huesos.
“¿Qué es ese ruido?”
El viento debajo de la puerta.
“¿Qué es ese ruido ahora? ¿Qué hace el viento?”
Nada pues nada.
“¿No
sabes nada? ¿Ves nada? ¿No recuerdas
nada?”
Lo que recuerdo aún
son esas perlas que sus ojos fueron.
[…]
III. EL SERMÓN DEL FUEGO
Está rota la lona sobre el río: ya los últimos dedos de las hojas
se aferran y se hunden bajo la húmeda ribera. El viento
cruza la tierra parda sin que lo oigan. Ya se fueron las ninfas.
Dulce Támesis, fluye suavemente hasta acabar mi canto.
Ni botellas vacías lleva el río, ni envoltorios de sándwiches,
ni pañuelos de seda, ni cajas de cartón, ni colillas, ni otros
testimonios de noches de verano. Ya se fueron las ninfas.
[…]
“No puedo conectar
nada con nada.
Manos sucias con uñas que se quiebran.
Mi pueblo humilde pueblo nada más
espera.”
[…]
IV. LA MUERTE POR AGUA
[…]
Olvidó cómo graznan las gaviotas, las ondas submarinas,
la ganancia y la pérdida.
Bajo el mar, la corriente
le recogió los huesos, susurrando. Mientras se levantaba y se caía,
hizo por su vejez y juventud un recorrido,
entrando en la vorágine.
[…]
V. LO QUE DIJO EL TRUENO
[…]
Aquel que aún vivía ha muerto ya
quienes aún vivíamos nos estamos muriendo
con escasa paciencia desde entonces
[…]
No hay silencio siquiera en estos montes
tan sólo el trueno seco y estéril sin que llueva
[…]
¿Cuál es esa ciudad sobre los montes
que en el aire violeta se cuartea y endereza y estalla?
Torres cayendo
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
Irreal
Una mujer soltó su negra cabellera
y tocó en esas cuerdas música por lo bajo
[…]
Y una húmeda ráfaga
que desató la lluvia.
[…]
Por esto y esto sólo, nosotros existimos
lo cual no puede hallarse en nuestros obituarios
ni en recuerdos forrados por la araña benéfica
[…]
Al pensar en la llave, cada quien corrobora una cárcel
[…]
Poi s’ascose nel foco che gli affina
[…]
De La tierra baldía
Traducción de Hernán Bravo Varela
LA CANCIÓN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK
Fragmentos
Y claro que habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza por la calle
restregándose el lomo contra los cristales de las ventanas;
habrá tiempo, habrá tiempo,
de preparar una cara para encontrar las caras que encuentras;
habrá tiempo de asesinar y de crear,
y tiempo para todos los trabajos y los días de las manos
que levantan y dejan caer una pregunta en tu bandeja;
tiempo para ti y tiempo para mí,
y tiempo aún para cien indecisiones,
y para cien visiones y revisiones,
antes de tomar té con tostadas.
[…]
Y habría valido la pena, después de todo,
habría valido la pena,
después de las puestas de sol y los jardincillos delante de casa, y las calles regadas,
después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran por los suelos,
y esto, ¿y tanto más?,
¡Es imposible decir precisamente lo que quiero decir!
Pero si una linterna mágica proyectara los nervios como estructuras en una pantalla:
habría valido la pena
que alguna, acomodándose una almohada o tirando a un lado un chal,
y volviéndose a la ventana, dijera:
«Eso no es en absoluto,
eso no es lo que yo quería decir en absoluto».
[…]
Nos hemos demorado en las cámaras del mar
junto a ondinas enguirnaldadas de alga, en rojo y pardo,
hasta que nos despierten voces humanas y nos ahoguemos.
VI
Aunque no tengo esperanzas de volver nunca más
aunque no tengo esperanza
aunque no tengo esperanza de volver
oscilando entre el beneficio y la pérdida
en este breve tránsito donde cruzan los sueños
el crepúsculo cruzado de sueños entre nacimiento y agonía
(Me acuso Padre) aunque no deseo desear esas cosas
desde la ancha ventana hacia la orilla de granito
las blancas velas siguen volando al mar, al mar volando
alas sin romper
Y el corazón perdido se pone duro y se alegra
de la lila perdida y las perdidas voces del mar
y el débil espíritu se aviva para rebelarse
por la inclinada vara-de-oro y el perdido olor del mar
se aviva para recobrar
el grito de la codorniz y el chorlito que revolotea
y el ojo ciego crea
las formas vacías entre las puertas de marfil
y el olor renueva el olor de sal de la tierra arenosa
Éste es el tiempo de tensión entre morir y nacer
el lugar de soledad donde cruzan tres sueños
entre rocas azules
pero cuando las voces sacudidas del tejo se van a la deriva
sacúdase al otro tejo y conteste.
Bienaventurada hermana, madre santa, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,
no nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos con falsedades,
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
enséñanos a estar sentados quietos
incluso entre estas rocas,
nuestra paz en Su voluntad
e incluso entre estas rocas
hermana, madre
y espíritu del río, espíritu del mar,
no me consientas quedar separado
y llegue hasta Ti mi clamor.
De Miércoles de ceniza
Traducción de J. M. Valverde
EAST COKER
V
Y bien, estoy aquí, en medio del camino.
He pasado veinte años
–Veinte años en gran parte baldíos,
Los años de l’entre deux guerres–
Tratando de aprender a usar las palabras.
Y cada intento es un nuevo principio
Y un tipo diferente de fracaso.
Porque uno solo aprende a dominar las palabras
Para decir lo que ya no tiene que decir
O en una forma en que no quiere ya decirlo.
Por eso cada intento es un nuevo principio,
Una incursión en lo inarticulado
Con un mísero equipo cada vez más roído
En el desorden general
De la inexactitud del sentimiento,
Escuadras de la emoción sin disciplina.
Y lo que debe ser conquistado
Mediante fuerza y sumisión,
Ya ha sido descubierto, una, dos, varias veces,
Por hombres que uno no tiene esperanza de emular,
Pero no hay competencia:
Solo existe la lucha por recobrar lo perdido
Y encontrado y perdido una vez y otra vez
Y ahora en condiciones impropicias.
O quizá no hay ganancia ni pérdida:
Para nosotros solo existe el intento.
Lo demás no es asunto nuestro. Hogar es el lugar del que partimos.
A medida que envejecemos
El mundo se nos vuelve más extraño, más compleja
La ordenación de muertos y vivos.
No el intenso momento
Aislado, sin un antes ni un después,
Sino la vida entera que arde en cada momento.
Y no la vida entera de un solo hombre
Sino de viejas piedras indescifrables.
Hay un tiempo para el anochecer bajo la luz de las estrellas
Y un tiempo para el anochecer a la luz de la lámpara
(El anochecer con el álbum de fotos).
El amor se acerca más a sí mismo
Cuando dejan de importar el aquí y el ahora.
Los viejos deberían ser exploradores,
Aquí o allá, no importa dónde.
Debemos estar inmóviles y sin embargo movernos
Hacia otra intensidad,
En busca de una mayor unión, una comunión más profunda,
A través del frío oscuro y la vacía desolación,
El grito de la ola, el grito del viento, las grandes aguas
Del petrel y de la marsopa.
En mi fin está mi principio.
De Cuatro cuartetos
Traducción de J.E. Pacheco





