Poesía,

Tres poemas de Sergio David Lara

Lara

Es poeta y editor. En 2013 su poemario Las máscaras resultó ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Josué Mirlo. Ha sido beneficiario del PECDA Morelos en 2011 y 2014. Ha publicado el poemario Ciudades bajo la lluvia (ritual para conjurarte) (EdicioneZetina, 2011) y Génesis (Apuntes para una teoría sobre la imagen y el sonido) (ICM, 2013). Muestras de su trabajo aparecen en diversas antologías, entre ellas, Cruce de peatones. Estaciones presentidas (Proyecto Diorama, 2012); Atronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (UNAM-UANL, 2013); Moyolnohnotzani. Hablar con el corazón (FOEM, 2014) y Poetas parricidas (generación entre siglos) (Cuadrivio, 2014).


POEMAS

Desde ayer hasta esta parte
han venido cabalgando
los jinetes del deseo.

Compuesto de fragmentos
—las manos,
mis dos piernas—
el cuerpo apenas puede
contener lo que somos por las noches.

Herido en el costado
me falta lo que soy y que tú tienes.

Las cosas a tu lado
adquieren el oficio de la luz,
la levedad de flores innombrables,

y éste que soy si estás conmigo
puede encender el mundo con tocarlo.

Si yo supiera más de los milagros,
y no cargara encima
el torpe caminar del que te busca,
saldría por las mañanas a la calle

—como el muecín que anuncia
el día que comienza—

para ofrendar al mundo
la dicha que me das,
el agua vuelta vino.

Vamos de dos en dos
De dos en dos pasamos
frente al altar de nuestros miedos

—el día de hoy parece
que la muerte lleva las de ganar
pero yo pienso también en otras cosas:

1) El arco del deseo
se extiende y más se tensa.

2) Los traumas de la infancia
levantan ya su tienda
en medio del jardín que estamos siendo.

3) La silenciosa forma que tenemos
de defraudar a los demás,
de equivocarnos.

Distrito Federal, México
De este viaje llegamos
sanos y salvos
—o eso nos gustaría pensar.

En medio de nosotros
se extiende por kilómetros
un árbol cardinal
de oscura fronda.

Así es la sangre y así
los misterios que en ella aguardan.

Por eso
al llegar a tierra firme
miré los ojos limpios de mi padre
—cansado todo él de la distancia—
y creí ver su tristeza

—ese árbol de los años
que en lo más profundo
ha clavado sus raíces—

y me reconocí a mí mismo
y a todos mis hermanos:

es doloroso y es violento
el lento crecer
de toda rama,

encuentro algún consuelo
en esos pájaros
que a todos nos visitan
por sorpresa.