Poesía,

Un circo es una atracción donde los accidentes se olvidan al empezar un nuevo número, serie de poemas de Javier Guerrero

Foto por Fredy Villanueva
Foto: Fredy Villanueva.

(Uruapan, Michoacán, 1996). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Ha participado en diversos encuentros de poesía y en algunas revistas digitales como Estado del Arte, La Sirena Varada, entre otras.


Un circo es una atracción donde los accidentes se olvidan al empezar un nuevo número

1
Mi maestro de literatura nos enseñó que hay repeticiones necesarias a la hora de escribir
y no es erróneo.
Desde entonces he repetido la palabra niño más de cien veces a mis veinte años:
el niño perdió su primer globo de gas el mismo día que su padre se lo compró.
El niño soñaba con aves de corral sacándole los intestinos para alimentar a sus crías.
Siempre es el niño a quien le ocurren las desgracias de un mundo ajeno al suyo.

2
Siempre son las mismas repeticiones:
tú y yo somos niños perdidos que se reflejan en un espejo dorado.
Tantas formas tiene la pérdida de la infancia.
A G, de ocho años, lo asesinaron sus padres luego de quemarle los ojos.
M y C se perdieron en el desierto aunque tuvieran el número de su madre bordado en el cuello de sus vestidos.
No pudieron localizarlas.
Un mes después encontraron sus huesos comidos por los animales.
M piensa que esas no son sus hijas, aún así hay lápidas con sus nombres en el cementerio.
Hay niños que se montan en las góndolas de los trenes,
no pueden quedarse en la selva,
porque los tigres y las pandillas son lo bastante peligrosas para decir: yo estoy.

3
En 2001 mi mejor amigo vio a su hermana dispararle en el cráneo a sus padres;
mientras su novio ahogaba al hermano, recién nacido, en la alberca.
No sobrevivió nadie,
solo los niños fantasmas que se escondieron debajo de la mesa.
No tomaron sus declaraciones como verídicas.

4
En alguna parte de Estados Unidos un grupo de niños realizaron una orgía
sin el consentimiento de uno de ellos.
Le introdujeron un lápiz en el recto y le provocaron una hemorragia.
Un hilo de sangre sobre las baldosas directo a la coladera.
Pablito clavó un clavito pero ¿en la cabeza de quién? ¿en el corazón de qué?
P declaró a los diez años haber asesinado a un niño saliendo de la escuela.
El cuerpo enraizado en la tierra de un lote baldío como si quisiera retornar a ella.

5
Y puedo decir que poco importan las líneas de la palma de la mano
o las estrías de los muslos al momento de identificar cadáveres de niños.
Poco importa que las paredes se arranquen la piel y se autodestruyan.
Siempre el miedo infantil a quedar expuestos, bajo las sábanas,
con los ojos de unos extraños sobre su carne desgarrada.
Siempre son los niños arrodillados en las puertas de las sacristías con los pantalones abajo.
Sus bocas están tan abiertas como para decir: yo soy.

6
Un circo es una atracción donde los accidentes se olvidan al empezar un nuevo número.
Cuando era niño vi a un payaso tomar de la mano a otro niño
y conducirlo fuera de los reflectores.
Encontraron al niño en un raudal flotando con los intestinos afuera al día siguiente.
Un año antes, en esas mismas aguas, otro niño se ahogó
y su cuerpo se desintegró dentro de las tuberías.
Nos prohibieron tomar agua del grifo.
Miedo a encontrar alguna extremidad nadando en un vaso de agua.
El niño estaba lo bastante desfigurado para decir: sí soy.

7
Un circo es un noticiero donde los accidentes se mutilan a sí mismos.
Una nueva nota periodística cubre la anterior y se olvida.
Siempre hay un niño en cada nota roja.
Siempre alguien que alcanzó a huir lejos de la catástrofe.
La tómbola da vueltas una y otra vez, y en cada vuelta es a un niño al que señala.