Poesía,

William Blake o el genio indómito

Blake

William Blake es considerado un poeta prerromántico por un tema puramente cronológico y no temático. Nacido en 1757, un 28 de noviembre, escribió una poesía rebelde y visionaria que buscaba una renovación de la moral y la estética, hasta su muerte en 1827. A pesar de haber nacido varias décadas antes, murió después de Percy B. Shelley y John Keats.

La poesía de Blake se caracteriza por su profunda espiritualidad, su simbología rica y su fusión de lo místico con lo social. Sus poemas oscilan entre la inocencia y la experiencia, explorando temas como la divinidad, la libertad, la opresión y la naturaleza humana. Esta dicotomía se refleja en sus obras Cantos de inocencia y Cantos de experiencia, donde contrasta la pureza de la infancia con las sombras de la adultez y la sociedad industrial.

Además de su poesía, Blake creó ilustraciones grabadas que acompañaban sus textos, entrelazando palabra e imagen en un estilo único. Su visión artística, influenciada por sus experiencias místicas, lo llevó a desarrollar un universo simbólico propio, con figuras y mitos como Los, Urizen y Albión. Este universo se despliega en obras más extensas como El matrimonio del cielo y el infierno y El primer libro de Urizen, que exploran su visión de la espiritualidad y la redención.

La recepción de Blake fue limitada durante su vida, debido a su estilo excéntrico y su rechazo a las convenciones de la época. Sin embargo, con el paso del tiempo, su obra ha sido redescubierta y aclamada como una de las más originales y poderosas de la literatura inglesa.

Lo conmemoramos con unos poemas suyos bajo la traducción de Enrique Caracciolo Trejo.


EL TIGRE

¡Tigre1 ¡Tigre!, luz llameante
En los bosques de la noche,
¿Qué ojo o mano inmortal
Pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué distantes abismos, en qué cielos,
Ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse? ¿Y qué mano
Osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro y qué arte,
Torció fibras de tu pecho?
Y al comenzar a latir tu corazón
¿Qué mano terrible o pie?

¿Qué martillo, qué cadena?
¿Qué horno forjó tu seso?
¿Qué yunque? ¿Qué osado puño
Ciñó su terror mortal?

Cuando los astros lanzaron sus venablos,
Y cubrieron sus lágrimas los cielos,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quién te creó creó el Cordero?

¡Tigre! ¡Tigre!, luz llameante
En los bosques de la noche,
¿Qué ojo o mano inmortal
Osó idear tu terrible simetría?

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CANCIÓN

Memoria, ven a mí,
Y entona alegres notas;
Y mientras en el viento
Tu alegre canto flota,
Medito en la ribera,
Donde sueñan amantes
Que suspiran y pescan fantasías
En el espejo de aguas.

Beberé en este arroyo
Y cantará el jilguero;
He de yacer soñando
Durante todo un día;
Al caer de la noche
Iré a esos lugares
Donde habitan las penas,
Y por valles oscuros
Seguiré caminando
Con todo este silencio
De mi melancolía.

 .
LONDRES

He vagado por cada calle del Reino
Cercana al lecho del Támesis,
Y he notado en cada rostro que encontré
Signos de la debilidad y del dolor.

En el grito de cada Hombre,
En el grito de terror de cada Niño,
En cada voz, en cada prohibición,
Siento las cadenas que nuestra mente a forjado.

Siento que el llanto del Deshollinador
Consterna las Iglesias sombrías,
Y el suspiro del soldado desventurado
Cae como sangre por muros de Palacios.

Pero escucho, sobre todo, en las calles de medianoche
Cómo la maldición de la joven Ramera
Destroza las lágrimas del Niño recién nacido
E infecta de miserias el fúnebre carruaje Nupcial.

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LA VOZ DEL ANCIANO BARDO

Juventud del deleite, ven aquí
Y mira la mañana que despierta,
Imagen de la verdad recién nacida.
Han huido las dudas y las nubes de la razón,
Las sutiles disputas, los ingeniosos tormentos.
La insensatez es un laberinto interminable,
De enmarañadas raíces que confunden sus caminos:
¡Cuántos han caído allí!
Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos,
Y sienten que ignoran todo menos la inquietud,
Y desean guiar a otros, cuando deberían ser guiados.

 .
A LA ESTRELLA DEL ATARDECER

¡Tú, ángel nocturno de rubia cabellera,
Ahora mientras el sol reposa en las montañas, enciende
Tu brillante antorcha de amor; ponte tu corona radiante,
Y sonríe a nuestro lecho de la noche!
Sonríe a nuestros amores, y mientras corres
Las cortinas azules del cielo, esparce tu rocío de plata
En cada flor que cierra sus dulces ojos al
Oportuno sueño. Deja que en el lago duerma tu viento
Del oeste; habla en silencio con tus ojos luminosos,
Y baña al crepúsculo de plata. Pronto, muy pronto,
Te retiras; entonces el lobo se enfurece,
Y el león mira iracundo en el oscuro bosque:
Los vellones de nuestros rebaños se han cubierto
De tu rocío sagrado: protégelos con tu magia.