Poesía,

7 poemas del libro inédito Música de fondo, de Ingrid Valencia

IngridValencia

(Ciudad de México, 26 de febrero de 1983). Es poeta y aprendiz de lenguas. Ha participado en festivales de poesía en México, Canadá, España y Colombia. Es autora de los libros y plaquettes: La inacabable sombra [2008, Literalia Editores/Secretaría de Cultura de Jalisco, México], De Nebra [2013, La Ceibita/Conaculta, México], One Ticket [2015, edición sólo en francés; trad. por Odelin Salmeron, La Grenouillère/Literalia Editores, Canadá-México], Taxidermia [2015, Ediciones El Humo/Conaculta, México], Un círculo en otro sol (Circle in a different sun) [2016, edición bilingüe; trad. al inglés por Don Cellini, The Ofi Press Mexican Poetry Series, México/Inglaterra]; en 2016, obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” de Salamanca, España, por su libro Oscúrame [2016, Diputación de Salamanca, España; trad. al portugués: Escura-me (2016) por Leonam Cunha, Hebel ediciones, colección Bajo Cuerda, Chile]; además, ha publicado Montañas del sureste mexicano [2017, México], Poemas [2017, México], Blue Holes [2018, Instituto Sinaloense de Cultura, México], CONTRApunto [Dharma Books, 2021],  Diversiones de la cena, calamidad del ayuno. Cien décimas anticapitalistas y una centésima apocalíptica [inédito], Al día siguiente [inédito], La lepra y la prótesis [inédito], Música de fondo [inédito]. Es beneficiaria del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2020-2023).


Una puerta que cambia

Más complejo que cerrar la puerta es huir de la voz, del origen. El origen se ingiere, entra por la boca y el mundo crece desde la primera vez. Respirar se convierte en la autopsia secular de los días y de las calles reservadas para el tropiezo. Más complejo que cerrar una puerta es dormir entre las voces de adentro y arrullar las esquinas de la mano que tiembla. Más complejo que huir es salir de uno mismo cuando los gritos están hechos de ruinas, de humedad que baja de los muros. El origen entra y sale de los labios, crece desde adentro. No siempre hay una puerta que cambie los paisajes, pero adherida a alguna mis días circulares dan forma a las superficies que recorro. Otra puerta eres tú. Los otros. Tú. Los otros. Otra puerta, la que astilla y cambia el lugar de la sangre. Tú. Los otros con el origen dentro.

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Inconforme

No me conformo,
me separo.

Hago porciones de mí
y las dosifico.

Alimento las otras partes,
las que no se trozan.

Mientras me lleno de pretextos,
soy testigo de la sed y el hambre,
de la autofagia donde estoy,
todo el tiempo, inconforme.

Si me ves es porque llego
del desperdicio,
de las horas que me forman
al amanecer.

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No seas como aquellos

No seas como la lisa dureza
de una tarde ignorada
que pisa los crujidos de la hierba.

Si los ruidos aplastan lo sutil
de una carne entreabierta
por el viento que toca y nos recorre,
sé la espada del humo.

Sé los giros que tuercen los principios.
No seas. No. No seas
como aquellos que borran los sudores.
No seas sólo en eso
una mentira que recoge rostros.

Entrégate a los vuelos donde hierven
las transparentes marcas,
las de adentro, las de los tibios olfatos
que arrancan de la niebla
la miseria de mis ojos desnudos.

Sé los brazos que se apartan del lodo
y el cuerpo que respira.
Sé la noche que recuerda volver.
Sé del agua una tierra.

Si sus bocas son jaulas que aprisionan,
no seas. No. No seas
como aquellos que desprecian al aire.
Sé de lo otro. Sé lo que nadie entiende.

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Amor

De externa fractura,
en espacios blandos,
nos descubres noches
donde agitas pulsos
que acaricio lejos.

Se despierta el viento
y se abren solas
las marcadas huellas
en precisos golpes
de escalada frágil.

La ciudad lo sabe:
Se transforman lapsos.
Se desunen huesos.
Te rocoges lento.

Y en esquina libre
te envenenas ido.

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Somos prismas

Oye al río dentro del lodo
y a su interior grito fractal
que lanza piedras de color.

Es vida pequeña en la lluvia,
en el revés hacia su tacto.
Agua que sin agua te moja.
Tierra que sin tierra te alza:

Nuestros cuerpos fueron raíz
y así dormimos muchos años
para, al fin, mirar este día
junto al tejido que nos nombra:

Aun cuando sólo seamos
prismas sobre mesas que tallan
las noches de nuestro comienzo.

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¿Quién es el que muere?

¿Quién es el que muere,
quién regresa
con las manos sordas
y abre la destrucción
de los palacios?

¿Quién delata lo veloz
y lo encarcela al mirar
el tallo de una flor?

¿Quién entra aquí?
¿Cuánto tiempo
se detienen los ojos
en el fuego
que nos mira?

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Uno adentro de otro

Aquí nacen los cuerpos
que no veo danzar,
uno adentro de otro
a la sombra de nubes
que oscurecen sus huellas.

Mi cuerpo es uno de esos
lugares donde miro
lo veloz de nuestro eco
guardado en infinitos.

Soy cáscara que cae
pero también su entrada:

Soy el crujido abierto.