Acervo Jalisco,

Acervo de Poetas Jaliscienses: Víctor Ortiz Partida

VictorOrtiz

Antología para Carruaje de Pájaros

De Escrúpulo del minutero:

La sal de la ausencia

Pardo el cansancio de los pescadores

–la sal del regreso.

*

Las barcas descansan la fuerza de su veta,

se abandonan al parpadeo de la marea.

*

El mar insiste en su desprendimiento

ante la transparencia de una nueva mirada,

murmura nuestra suerte.

El ruido desandaría su ruido

El ruido desandaría su ruido

para encontrar tu risa

–soporte del oidor,

fino motorista

comparte su gozo.

Aunque el placer

–y en este caso

no serían olas enormes–

no se cumple aquí.

El mismo ruido

desandaría su estruendo

para escuchar tu risa.

Tormentón que se une

lubrica la piel del pecho.

Es aquí

donde el gozo

se cumple, patente.

¿Y los labios vinieron

a dormir a esta tierra?

Luego resurrección, (reverdece),

alcance,

patente,

pero sobre todo madera,

tótem,

escrúpulo.

De La sal de los lucientes:

Los lucientes

Anidamos en los linderos del flash, el margen de la penumbra es nuestro hogar.

Somos la raíz del incendio. Sombra de la sombra: luz. Monedas relucientes desde las frondas. Pozos de claridad, de fulgurante tañido.

Piel en el brillo, relumbre, pura magnificencia. La estepa de la memoria recuenta los destellos después de calcinarse.

Ardua será la tarea gracias a nosotros –versadas luminarias, de nuevo ausentes.

De Contraventura:

Nuestra imagen actual

Nuestra imagen actual se adivina en las manos que ofrecen sus líneas de futuro.

El futuro se adentra en la indecisión.

Como el ave del paraíso, que no sabe si permanecer en el jardín interior de la casa de Newton o emprender el vuelo para caer, años después, entre colores maravillosamente inútiles.

Nuestra imagen actual es la piedra de los prodigios sucedáneos, piedra volátil que llegará a un cuerpo y se convertirá en el rostro que ya imagina contener.

Toda piedra es un rostro.

Darling

Tu aliento es la bóveda transparente que flota sobre edificios pálidos. Los reflejos de la ciudad a mediodía sirven para reconstruir tu boca.

(Tu casa en las orillas es la sonrisa de la paja bajo un correo de nubes –pero el cielo no podría ser más azul.)

Tu cabello lacio es la avenida. Asia sobrevive en las ranuras de tus ojos.

(Encajo las esferas de la armonía en los casilleros de tu traje a cuadros.)

Tus pestañas son calles por las que brillan escarabajos verdes.

(En la superficie de los insectos pulo mi lengua y luego canto para recordar tu barbilla.)

Bugambilias: tus dientes derraman la arteria congestionada.

(El río de lumbre y experiencia tendrá el mismo caudal el último año, las arrugas serán tus más brillantes días.)

Me recuerdo a los veinte, el mundo era mi piel y yo tenía la blancura del arroz.

(Terraza húmeda, soy el retoño verde del grano, un brote que se despereza en tu mirada.)

Sembradíos y campamentos. Tu ejército de semillas combate el hambre en los pueblos.

(Amo tu sonrisa descascarada, huelo tus flores blancas.)

Flotas con la brisa sobre casas largas e inciertas. Brillo escarpado y deslumbramiento.

(Desde este balcón escucho tu carruaje que se aleja hacia el centro de luz, sus ruedas de paja, hilos de paja que se consumen.)

De Las bellas destrucciones:

Diviso la casa en medio del terreno. Resplandece en este ocaso frígido de otoño. Me acerco. Su puerta es un regalo de la imaginación. Cuando entro los muros comienzan a nublarse. Soy el inquilino que llegó con la intemperie, con el viento de ráfagas precisas que anuncia, impasible, el tormentón que viene.

*

Es difícil el comienzo. Entre cuatro paredes no puedo decir nada: mi alfabeto se mojó, el relámpago no alumbra y el mapa que me guía es falso, pero tiene fronteras de verdad.

*

En esta casa no encuentro las ventanas. Eso me ayuda, sólo miro el interior, el recuerdo de las bellas destrucciones.

*

Algo se mantiene claro: evitaré la muerte y sus coronas —flores blancas trenzadas por unas manos simples.

*

¿Es muy tarde para hablar como testigo? Si alcanzara mi voz se sabría de los dinteles hinchados por la lluvia, de las serias indagaciones sobre nada, de las imágenes flotantes en la sala vacía de mujeres.

*

La línea del teléfono alarga su silencio al infinito. ¿Y quién comentará del zócalo manchado, de los estantes apretados de misivas, de este mundo frío cercado por el sol?

*

Intento mi restauración por medio de palabras. Del piso manan las letras que persigo. Mi nombre no emerge todavía.

*

Es un lugar de cielos bajos esta casa, el aguacero se desgaja sobre mi cuerpo confundido. Me hundo en el centro de la cama, no hay cabecera ni puntos cardinales, estiro al máximo los brazos para alcanzar la orilla lejanísima.

*

Aumenta el rumor de la corriente, el río crecido es una línea de motores que se marchan.

También yo querría irme, pero los pies me pesan y los años se multiplican a cada parpadeo.

*

Estoy en la flor de los escombros, listo para cantar la primera destrucción. Mi voz se arraiga en la memoria —esa piedra lisa de profundas vetas, palpitante de rabia, inconforme, en medio de ninguna parte.

De Cerdos tatuados:

Cine asiático

Las niñas llenan el cine con sus murmullos. Son coreanas y estudian en la escuela de religión. Derechas en sus butacas se convierten en golondrinas cruzadas de alas. En la pantalla comienza a nevar. Las colegialas tiritan. “Bienvenidas al blanco de la muerte”, anuncia el director a sus hijas desde el escenario. Lleva traje negro, gafas de sol y además se protege con una especie de grandeza. Yo tomo la mano de Verónica y comenzamos a rezar en esa lengua que no dominamos. Las pequeñas nos siguen. El rumor se parece al inesperado advenimiento del verano. En medio de un ruido incitante las nenas emprenden el vuelo.

Gatitos en el último mundo burgués

Los tigres salieron de las pinturas durante la noche y atacaron el último mundo burgués. La señora dormida que cuidaba su alto peinado sintió arañazos en los tobillos y deliró: “son los malos pensamientos que regresan del polvo”. No despertó. Los tigres eran pequeños. Habían escapado de miniaturas de la India. Estaban en el último mundo burgués. Eso creyeron, muy excitados. Yo sí noté la mordida en el antebrazo, pero luego llegó la lengua sospechosa, acariciante, y los dientes se convirtieron en pétalos. Así es la cosa en la India. Todos van hacia la inundación con una sonrisa. En un auto compacto, humeante. Y los tigres se rompen en mil colores en el cielo, celebran, sus pieles estallan cerca de la Luna para iluminar un pueblito mexicano en el que se preparan para una procesión. La Virgen apreciará también la mordida de los tigres y una viuda entre lágrimas sentirá una caricia alarmante y aumentará el volumen del rezo. Gatitos.

Vi un punto rojo y era el infierno

En los vestuarios, vi un punto rojo, luminoso, titilante, comenzó a moverse y lo seguí fascinado. Rápido se fue hacia las regaderas, se perdió en el vapor por un momento y luego apareció en la nalga de Nathan. Malicioso, continuó su viaje hacia los cuerpos macizos de mis otros compañeros de equipo. Se confundió con la tetilla de Rob, se untó en el abdomen de Mark, se deslizó por la pierna de Kevin, se enredó en la pelambre de Danny, hasta que se detuvo en el sexo de John. Todos hombres casados.

De Hacia días felices simples rastros:

una lengua matinal

una lengua matinal me pides me pediste

palabras que no tengan que ver con el ocaso

la claridad en el horizonte de las expectativas

un idioma recién salido del sueño

insectos de mi boca es lo que obtienes

el gozo marcado por la incertidumbre

el rito frente a un haz de luz

que cae en el centro de la estancia

y tiene que ser dios

me pides me pediste

paz en este páramo de rebeliones

todas las razones para decir no

aquí está tu paz

redonda hábil en los traslados

nada virginal y muy sonriente

una paz que ha disfrutado

y que otros han disfrutado

sin ir a parte alguna

un baile en el mismo lugar

a pleno día

sin moverse de la palabra hoy

de la palabra yo

ese yo momentáneo que no quiere guerra

sino un poco de suelo despejado

para olvidarse del espejo

que no traduce bien lo que se mira

espejo traidor de los días

de los manchados días

y en medio de la mentira

tú me pides me pediste

no rompas esos días

no rompas esos días no los tires

no los pises no los destruyas

las horas se agitan en árboles lunares

los espejos aceptan todas las razones

y las culpas se desvanecen

en el carro del amanecer

imaginado por tus ojos

no los rompas

traen información desde la infancia

la combinación de aquellas tardes

solas frente al mar lejos del mar

y tú querías mojarte

y las olas iban a estrellarse

y había frondas como señal

de insatisfacción y olvido

se desvanecen o se esconden

sin violencia detrás

de círculos prestados

nostalgias viejas presiones

en los muros que un día

los contuvieron y hoy son filos

que carcomen territorios

sin llorar ante un serio panorama

sin creer en las viejas virtudes del presente

sin tararear un ritornelo

esos días exponen sus crespones

y el negro aumenta en tus pupilas

y engendra polvo resistido polvo

que no quiere más adiós

erosiones

erosiones áridas presiones

una estrategia para salir

de la imagen

repentina difícil infinita

qué hacer con esta imagen aquí sobre mis palmas

yo tenía tengo un caudal de sonido para ofrecerte

cartas largas en sobres agudos

que sobrevuelan un destino infernal si lo deseas

pero es un fin y no puedes vivir sin fin ante la nada

alas aristas la imagen se complica y tú caminas

y te salvas y el oro brilla pero no te pertenece

raudales caudas en el siseo del verbo

que se arrastra hacia tus labios

pero tú no quieres ya morir

en este encierro de rebeliones

y traqueteos

chocan las piedras

y tú quieres salir saldrías

pero siempre es tarde aquí para los roces

allá van los muros los abalorios fusilamientos

con el color de flores en esquinas tranquilas

y los murmullos te distraen y te hipnotizan

y tú quieres seguir a otros instantes

llegas a un instante de luz


Víctor Ortiz Partida (Veracruz, 1970). Radica en Guadalajara desde 1983. Es autor de siete libros de poesía: Escrúpulo del minutero (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994), La sal de los lucientes (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997), Contraventura (filodecaballos/CONACULTA-Fonca, 2003), Arrayán (Bonobos, 2009), Las bellas destrucciones (Mano Santa Editores, 2011), Cerdos tatuados (inédito) y Hacia días felices simples rastros (Mano Santa Editores, 2020). Poemas suyos han sido incluidos en las antologías El manantial latente (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002), Árbol de variada luz (Universidad de Colima, 2003), Anuario de poesía mexicana 2004 / 2008 (Fondo de Cultura Económica 2005 / 2009), Los mejores poemas mexicanos (edición 2004) (Joaquín Mortiz / Fundaciónpara las Letras Mexicanas, 2005), País de sombra y fuego (Maná/SelvaNegra – Universidad de Guadalajara, 2010), entre otras. Poemas, traducciones, artículos, entrevistas, reseñas y otros textos suyos han aparecido en diarios jaliscienses y nacionales, y en revistas como La Tempestad, Sibila y Letras Libres. Obtuvo la beca CONACULTA – FONCA para Jóvenes Creadores en el periodo 1999-2000. Se ha desempeñado como periodista cultural en diversos diarios y publicaciones. Fue director del Museo del Periodismo y las Artes Gráficas de Guadalajara. Actualmente es coeditor de Luvina, revista literaria de la Universidad de Guadalajara. Estudió la licenciatura en Letras en la Universidad de Guadalajara y la maestría en Filosofía y Ciencias Sociales en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Es profesor de literatura en el ITESO, asesor en la Universidad Pedagógica Nacional y coordinador del club de lectura de la librería Carlos Fuentes de la Universidad de Guadalajara.