I
Leo en un ensayo de Jean Robert que el concepto de espacio nació con la modernidad. No es un concepto a priori como dijo Kant, ni el espacio está teorizado en la geometría de Euclides. El concepto de espacio es histórico. Nace de la mano de la consciencia moderna, del afán de moldear el vacío y sus posibilidades. Incluso, este concepto aparentemente neutral tiene una expresión política. Así, la expansión territorial iniciada por Inglaterra, a finales del siglo XIX, el colonialismo moderno, involucró la concepción de un “espacio” sometido a dominio imperialista. Cómo idea el espacio puede ser problemático, ya que como apunta Jean Robert, al pensar en ello, dejamos de habitar los lugares nuestros. La casa, el rumbo, esos lugares no pensados para ocupar un espacio, sino para ser vivenciados. Nuestros lugares en donde las relaciones humanas pueden ser vividas sin la urgencia por tensar el espacio al grado de someternos al vacío que representa en el fondo. Es posible, pensar otra manera de entender incluso la física de los lugares domésticos, a nivel conceptual, valdría la pena despojarse de los conceptos pretendidamente a priori, someterlos a una revisión histórica. Tal vez, sea la opción para recuperar una vivencia del mundo más nuestra.

II
[Recuperar el lugar]
El diccionario académico define “lugar”, como porción de espacio. Esa definición es moderna. Entendido así, un lugar es un no-lugar, es una porción de vacío. El mismo diccionario, nombra al “lugar”, como un sitio o paraje. Esa, es una orientación premoderna. Ahí, sí hay lugar ontológicamente hablando. Hay posibilidad de existencia. Recuperar el lugar, significa habitar lo que existe, lo que puede ser con nosotros. El lugar nos envuelve y estamos en relación al propio lugar. Habitar en el lugar, es habitarnos. Recuperar la casa, el barrio, el territorio, es pensar todo eso desde otra manera, negándose a entenderlos como mero vacío.




