Poesía,

El carácter filosófico de Las Cartas a Chepita, de Jaime Sabines

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Leer los poemas de Jaime Sabines; para quien disfruta de concentrarse y apreciar en cada línea su visión acerca del amor, el tedio y otras emociones, resulta algo estimulante y, hasta cierto punto, inefable. Esto anterior, debido a las ocasiones en las que podemos identificarnos con él, al momento de encontrar las expresiones acompañadas de las palabras precisas, metafóricas, místicas, pero sobretodo, bastante directas que hacen hacernos pensar: “yo no lo habría podido decir mejor”.

Los primeros pasos del talento de Jaime Sabines surgieron en virtud de que su padre le enseñó la filosofía, religión y literatura oriental. Mismas que había aprendido en Líbano, su lugar de origen.  Y junto con Luz Gutiérrez, su madre, quien fue un pilar también muy fundamental en la formación educativa y vivencial del poeta: de ella, según Pilar Jiménez Trejo, «heredó el orgullo de ser un humano. Y del mayor Sabines, fortaleza y sensibilidad para vivir».

Después de haberse adentrado en literatura, y en textos filosóficos por influencia familiar durante su adolescencia y juventud, para Sabines enamorarse era un elemento, al menos en esta etapa de su vida, un pasatiempo. En la secundaria ocurrió un primer amor que resultó fatal por los celos; luego, en aquel tiempo, Josefa Rodríguez tenía una amiga que estaba fuertemente enamorada de aquel joven escritor, pero éste la rechazaba porque estaba decidido a hacer todo lo posible por cortejar a Chepita, en tanto que ella, poco a poco, comenzó a formar parte importantísima de su vida.

Su mudanza y estancia personal en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, fue lo que forjó a Jaime como una persona, debido al contacto con el sufrimiento psicológico y físico que implica estudiar Medicina. Eso y la soledad que sentía debido a la pérdida de su mejor amigo y la ausencia del amor de su vida. Pero Sabines, buscando consuelo leyó la Biblia, más tanto Ezequiel como Salomón, y la filosofía, fueron su refugio. Después con aquel conocimiento que había adquirido, él dedujo pronto que la poesía es la filosofía de la vida. Empero, lo destacable es esta necesidad intrínseca del ser humano por tender a aquello que quiere cerca, para así apreciarle mucho mejor, para disfrutar y hacer perenne su agradable compañía, en la medida de aquel deseo. Y, en relación al sentimiento del amor que en Sabines encontramos, al develar su más profundo sufrimiento a causa de la distancia; su mayor anhelo por la cercanía y reclamo a la Verdad por Chepita, su Chepita, se identifica con su máximo esplendor con la descripción filosófica, que no profana de ningún modo, todo lo que se ha dicho acerca de tan sublime acto humano. Por eso, en filosofía suele decirse: el amante se alegra por encontrar en lo amado lo que no tiene; por hallar lo que le conviene. Pero Sabines, tal vez, diría que el amor es un karma, es decir, recibir lo que uno ha ofrecido; es como un pedazo del cielo; es un rastro indeleble en la mente; parafraseándole, por ello lúgubre a veces, es tratar con total indiferencia a aquellas quienes no son Chepita, con un toque sutil de actos de vehemencia. El amor tiene un principio y un origen, y culmina con conceder el acto más excelso de todos: ir de milagro a milagro. De la nada no se puede generar algo, ni mucho menos ese algo disiparse ahí. El amor pulula en los vivientes; en quienes han de depositar su esperanza en la paciencia por sentirse el uno al otro de nuevo, después de cierto tiempo. Todo sucede por algo, por alguien. Los amorosos viven por quererse, porque se aman, se hacen falta. Por ello sienten que lentamente mueren; ¿cuántos no han pasado tantas veces por aquella afección de vacío o esa necesidad vital tan así: espantosa e insoportablemente?

Finalmente, Sabines aconseja que debemos mandar a importunar al suicidio con su progenitora cuando pervierte en lo más profundo a nuestra conciencia. Entonces nos dice que podemos hacerlo amando, sintiendo, agradeciendo, incluso soportando, escribiendo, cantando o llorando, a la hermosa vida.  O pulir el corazón en la plenitud de una caricia y muchos besos de quien se ha ganado nuestro aprecio, aunque también es opcional pagar por ello, ¿verdad Betty, Lola, Margot?

Por lo anterior, así es leer y revivir en clave filosófica a Jaime Sabines en cada uno de sus poemas y en sus Cartas a Chepita. ¿Alegrarse o deprimirse? Resulta peor, en Yuria, reprimirse.


Jehudiel Manoa Briano Gómez. Es Licenciado en Filosofía, egresado del Instituto de Estudios Superiores Tomás de Aquino; Maestro en Ciencias de la Educación, egresado de la Universidad Católica de Chiapas, con diplomado en Bioética por parte del mismo instituto. Es entusiasta de la literatura, conversatorios cafés filosóficos y actividades culturales. No escribe porque, como a Sócrates, le da flojera. Pero de vez en cuando, le fascina adentrarse a redactar Ensayos, aprende sobre poesía, y le encanta la pragmática.
Desde su desprofesionalización, participaba en la gestión de eventos relacionados al teatro, música, canto y arte, así también como presentaciones de libros a través de publicidad en redes en el centro cultural de Chiapas Jaime Sabines. Actualmente estudia la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana.