Poesía,

El pulso neoplatónico en Villaurrutia

Villaurrutia

No hay duda del influjo de los Contemporáneos en las generaciones posteriores. Creo recordar vagamente que Paz dijo algo muy parecido a lo que Gorostiza escribió en sus Notas sobre poesía: el poeta debe saberse portador de una verdad única, que sólo él sabe. También fueron sus maestros Villaurrutia y, claro, Pellicer (este último más que los otros, según ciertos chismes). Sin embargo, como el propio Gorostiza escribió, los Contemporáneos se reconocían entre ellos como individualmente distintos entre sí, unidos por ese sentimiento de antipatía por la generación que los precedía. Nervo, González Martínez y Velarde, bajo el hechizo imantado de Rubén Darío, dieron «una verdadera orgía de musicalidad» con la que ya no podían continuar en los mismos términos del Modernismo. El grupo sin grupo, a razón de Villaurrutia.

Además de Velarde, otro personaje atormentado en la literatura mexicana fue Xavier. En un texto recuperado por Miguel Capistrán, Villaurrutia escribió, en una de las páginas vacías del libro Cantata a la muerte, de Lorca, que «la vida es un constante volver a lo que no es la vida. […] Sentía la posibilidad de que este dolor, esta angustia presente en la vida, bien pudiera ser una nostalgia, una nostalgia de la muerte». No he podido comprobar la veracidad de todo esto. Pero una cosa es cierta: en esa nostalgia hay algo de pulso neoplatónico, un regreso al Uno primordial añorado. Teorizo que aquí estriba, esencialmente, el carácter melancólico de Villaurrutia. Basta atender a cualquiera de sus fotografías para ver el parentesco con esta descripción medieval.  Y el que canta es el de mayor consciencia con el Uno, la Muerte.

Villaurrutia está lleno de grandes versos: «porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse» (así cierra el gran poema de los Contemporáneos). Lleva lo onírico, el surrealismo, a un punto extremo y maravilloso: tensa el arco. La lectura de sus nocturnos sume al alma en un recorrido donde los límites se pierden «y mi voz que madura» leyéndolo altamente también es su voz. Ahora que pienso en Xavier, me pregunto sobre una posible influencia de él sobre Pizarnik: sus trabajos me parecen profundamente similares. Ambos suscriben al surrealismo; uno es más musical que la otra. Es sabido que Paz y Alejandra fueron buenos amigos, además de aquel haber comenzado sus colaboraciones en la revista Sur con un comentario sobre Nostalgia de la muerte. La línea me parece clara: ella configura una poesía del no ser, atormentada, intranquila, hasta ajena de sí misma (en muchos pasajes habla de sí como si fuera otra); él escribe, y al hecho literario me remito: «¿Qué voz, qué sombra, qué sueño / despierto que no he soñado, / serán la voz y la sombra / y el sueño que me han robado? […] // Mi pecho estará vacío / y yo descorazonado / y serán mis manos duros / pulsos de mármol helado».

La plástica también fue una de sus preocupaciones: dibujar con palabras, hacer visible lo invisible, como dijo Paul Klee del arte. Ese es el sentido, al menos, que da en «Nocturna rosa». Esa rosa inmaterial, que no es tantas cosas, pero sí ceniza, sombra, silencio, inencontrable en el espacio. El psicoanálisis, que se introdujo en México a partir de los Contemporáneos, prueba que el sueño se nos presenta, precisamente, en puras imágenes inconscientes. El sentido, o discurso, por hablar en términos más formales, es una suma que le damos al despertar; su verdadero motivo, aquello que habla, no lo conocemos sino, con suerte, a través del analista. Pero en el caso de Villaurrutia, recorremos sus poemas con el «tacto en las tinieblas», prevemos su significado, pero, al menos en mi caso, no he podido evitar sentir que algo se me escapa. Y es probable que él también sintiera lo mismo.

El episodio que relata Elías Nandino así me lo sugiere. Antes de ir con otros miembros del grupo sin grupo a pasar la navidad en Veracruz, Villaurrutia lo visitó en su consultorio. Mostró un ánimo en exceso intranquilo, arrebatado, como de niño desamparado. Es muy probable que los desaires con un hombre le turbaran el ánimo; unos pasajes de Novo me invitan a pensar que se trata de Agustín Lazo. Hasta antes de este episodio en que queda claro que «hay asuntos que no puede uno explicar», Villaurrutia confirmó su asistencia al viaje de amigos. En lugar de eso, en la madrugada del 25 de diciembre, prefirió regresar a la muerte. Su personalidad y su deceso son tan intrigantes como su poesía.


MAR
 
Te acariciaba, mar, en mi desvelo;
te soñaba en mi sueño, inesperado;
te aspiraba en la sombra recatado;
te oía en el silencio de mi duelo.
 
Eras, para mi cuerpo, cielo y suelo;
símbolo de mi sueño, inexplicado;
olor para mi sombra, iluminado;
rumor en el silencio de mi cielo.
 
Te tuve ayer hirviendo entre mis manos,
caí despierto en tu profundo río,
sentí el roce de tus muslos cercanos.
 
Y aunque fui tuyo, entre tus brazos frío,
tu calor y tu aliento fueron vanos:
cada vez más te siento menos mío.

.
NOCTURNO SOLO
 
Soledad, aburrimiento,
vano silencio profundo,
líquida sombra en que me hundo,
vacío del pensamiento.
Y ni siquiera el acento
de una voz indefinible
que llegue hasta el imposible
rincón de un mar infinito
a iluminar con su grito
este naufragio invisible.


SONETO DE LA ESPERANZA
 
Amar es prolongar el breve instante
de angustia, de ansiedad y de tormento
en que, mientras espero, te presiento
en la sombra suspenso y delirante.
 
¡Yo quisiera anular de tu cambiante
y fugitivo ser el movimiento,
y cautivarte con el pensamiento
y por él sólo ser tu solo amante!
 
Pues si no quiero ver, mientras avanza
el tiempo indiferente, a quien más quiero,
para soñar despierto en su tardanza
 
la sola posesión de lo que espero,
es porque cuando llega mi esperanza
es cuando ya sin esperanza muero.

 .
AMOR CONDUSSE NOI AD UNA MORTE
 
Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.
 
Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.
 
Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.
 
Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.
 
Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.
 
Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.
Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.
 
Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.
 
Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.
 
Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.
 
Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.


VOLVER
 
Volver a una patria lejana,
volver a una patria olvidada,
oscuramente deformada
por el destierro en esta tierra.
¡Salir del aire que me encierra!
Y anclar otra vez en la nada.
La noche es mi madre y mi hermana,
la nada es mi patria lejana,
la nada llena de silencio,
la nada llena de vacío,
la nada sin tiempo ni frío,
la nada en que no pasa nada.  

Izhar León. (Chiapas, 2004). Textos suyos se encuentran en diversas revistas digitales del país. Es estudiante en la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Quiere ser poeta. Le gusta pasar su tiempo leyendo, conversando sobre libros y rodeado de gatos bonitos. Piensa que la literatura es placer y deseo, pero también la posibilidad de redimirse.

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